Las reglas sociales

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Los primeros grupos sociales que aparecieron en este mundo partieron de un principio fundamental para su existencia: el agrupamiento, su formación y su funcionamiento. Ningún individuo habría sobrevivido sin el apoyo de sus congéneres para alimentarse, defenderse y, ya no digamos, para reproducirse. Cualquier grupo, por lo tanto, debió establecer reglas para funcionar correctamente. Originalmente eran normas convencionales, no escritas y teóricamente aceptadas por todos; sin embargo, es seguro que algunos individuos, aun conociéndolas, por múltiples razones actuaban como si las ignoraran, lastimando a los demás miembros del grupo.

Conforme fue avanzando la civilización y las relaciones entre los integrantes de las sociedades se volvieron más complejas, surgió la necesidad de establecer reglas nuevas, más elaboradas y de carácter universal. Hubo que redactarlas y nombrar responsables de vigilar su cumplimiento, creando cuerpos policiacos y jueces encargados de aplicar penas a quienes las violen. Así pues, junto a las leyes, van escritas las sanciones. Si los que infringen las normas lastiman a la sociedad, de manera proporcional los malos juzgadores y los malos encargados de aplicar los castigos también la lastiman y la degradan.

Toda la complejidad de códigos, leyes y reglamentos no tiene otra finalidad —y esto es lo esencial de su existencia— que propiciar la convivencia de los individuos con un objetivo supremo: la justicia. La justicia es fruto de la inteligencia, el sentido común y la bondad ejercida sin restricciones. La creación de leyes y la obligación de guardarlas y hacer que se cumplan es una tarea inútil cuando los responsables carecen del sentido de la justicia. Este debe entenderse como otros sentidos que no todos los individuos poseen: el sentido de Dios, el del equilibrio, el de orientación, el de universalidad y el de ubicación, entre otros.

En la búsqueda de una sociedad justa y en el deseo de ser mejores, está la obligación de todos los miembros de la comunidad de llevar al gobierno solo a individuos bondadosos, con mentes luminosas y que gocen de un pleno sentido de la justicia; ni ingenuos, ni monstruos que se imponen por la fuerza y la bestialidad.


Escribe Mtro. Javier Jiménez Pérez, comunicador, egresado del ITESO. Autor de los libros La cama del latón y El Sefardita. Creador de la cerveza artesanal TEMACA, volvamos a la raíz. Salvemos Temaca A.C