Las vacunas de Biden: chantaje a México con una cara amable

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La administración de Biden supo aprovechar y multiplicar el acaparamiento de vacunas iniciado por Donald Trump; ahora utiliza su excedente de vacunas como palanca diplomática hacia México.

 

El 18 de enero, México redujo al 50% su suministro de vacunas Pfizer para contribuir a detener el acaparamiento de vacunas, que sin duda dejará a los países más pobres del mundo sin un acceso digno. En contraste, Estados Unidos firmó contratos por un suministro opcional suficiente para vacunar a toda su población mayor de edad ─los menores de edad no serán vacunados─ casi seis veces.

De este suministro, ya se aseguró la entrega de una tercera parte, mientras que el resto de las vacunas están contratadas en la modalidad “opcional”. Este tipo de contrato implica un mayor precio por dosis, pero permite a Estados Unidos cancelar la orden en cualquier momento. En su momento, la administración Trump justificó este tipo de contratación “de cartera” o “portafolio” ─diversificando los contratos y comprando en exceso─ con que la capacidad de producción de cada farmacéutica es variable y depende de muchos factores.

El 21 de enero, recién inaugurado como presidente, Biden prometió que en sus primeros 100 días de gobierno lograría vacunar a 100 millones de estadounidenses. El 23 de enero, Biden y López Obrador sostuvieron una llamada donde el primero dejó en claro que no habría de compartir vacunas con México sino hasta que hubiera vacunado a los estadounidenses.

El 18 de marzo, una vez que el plan de vacunación estadounidense se había calificado como un éxito, las cancillerías de Estados Unidos y México anunciaron el inicio de una “amplia cooperación en vacunas”, iniciando con un préstamo a México de 2.5 millones de dosis en posesión de Estados Unidos. De manera concurrente, el 20 de marzo, México cerró la frontera sur y dio inicio a un operativo conjunto con participación del Instituto Nacional de Migración, el ejército y la Guardia Nacional.

El argumento dado por las autoridades mexicanas es que se trata de una política para frenar los contagios por covid-19, aunque resalta que estas medidas se dieran en aquel momento y no un mes antes, cuando los contagios eran mayores. El 20 de marzo comenzó un operativo de deportación del lado estadounidense de la frontera, transportando familias desde sus sitios de aprehensión hasta otros puntos para su deportación a México.

Varios medios y expertos consideran que hay suficientes elementos para relacionar estos sucesos causalmente, y no es la excepción Eduardo González, el especialista en migración que publicó una lectura similar en Partidero. Tal parece que Joe Biden ha decidido aprovechar su amplio excedente de vacunas como una palanca diplomática que podrá utilizar durante 2021 para coaccionar a otros Estados a replantear sus políticas exteriores.

Obrador mencionó que Biden no veía a México como el patio trasero de Estados Unidos después de la llamada del 23 de enero. Hoy, la coincidencia entre la transferencia de vacunas y el cierre de la frontera sur mexicana mantiene una simetría con el momento en que Donald Trump amenazó con imponer nuevos aranceles si México no cancelaba su programa de visas humanitarias para migrantes. Fue en aquel entonces que se desplegó por primera vez a la recién formada Guardia Nacional para detener a los migrantes indocumentados.

Donald Trump planeó hacer al público americano pagar (con un incremento en precios derivado del aumento en aranceles) una sanción a México para detener el flujo migratorio. Hoy, Biden hace al público americano pagar (a través de la erogación de fondos públicos en una compra excesiva, intencional, y estratégica de vacunas) una recompensa a México para detener el mismo flujo. La diplomacia sigue siendo igual de cuestionable, pero ahora presenta una cara amable y caritativa, sustituyendo sanciones con bonos y amenazas con promesas.

 

Al evaluar si esta transferencia de vacunas es realmente cooperativa, se tendría que considerar dos factores. Primero, México redujo su suministro de manera voluntaria, considerando que ya contrató el 129% de las vacunas necesarias, para evitar el acaparamiento. Esto a pesar de que sí cuenta con recursos para hacer una compra desmedida. Segundo, Estados Unidos, al acaparar vacunas, reduce el suministro global e incrementa los costos de los programas de vacunación de otros países. En este sentido, si existe una intención de compartir la vacuna de manera cooperativa, Estados Unidos podría detener el acaparamiento en lugar de redistribuir sus vacunas sobrantes.

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