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Lo religioso y lo político

Lo religioso y lo político

Al filo de acudir a la cita de la elección pasada, en junio, acotamos en esta mismo espacio la necesidad de deslindar los campos de lo religioso y lo político, pero bien y en los hechos; porque en lo teórico, o digamos mejor en lo jurídico, está declarado que somos un estado laico y que ambas esferas operan o deben operar separadas en la vida nacional. Hicimos referencia en aquella reflexión que no sólo los prelados y ministros de credos debían guardar la compostura normada, sino que también los personajes que trotan en las pistas públicas, como administradores o como grillos, debían atenerse a los parámetros establecidos por nuestra carta magna.

La tal reflexión salió a propósito tanto de que don Juan Sandoval Íñiguez se metió a pontificar sobre los candidatos que andaban en la lisa, dando pista a sus feligreses por dónde orientar su voto, como también y sobre todo por el hecho de que el presidente AMLO declarara, desde sus púlpitos civiles, que en sus creencias es un ‘convencido y denodado cristiano’.

En ningún momento se imaginó este redactor que la intervención del cardenal sería tomada como pretexto para anular la elección de Tlaquepaque. Como ya es del dominio público, la repetición de tal elección se celebrará dentro de dos meses. Los equiperos en disputa se están previniendo para montarse de nuevo en la brega para saber de cuál cuero van a salir más correas. Ya veremos lo que resulte de este nuevo sainete.

Pero como que a nuestro público no le resulta muy clara esta premisa de la separación conveniente de las dos esferas, metida ya en la operatividad concreta de los asuntos públicos o de los litúrgicos. Suele la mayoría de nuestros ministros religiosos cuidar las formas en sus participaciones púbicas, aunque no siempre. Si recurrimos a casos particulares de injerencia obstinada de lo grillo desde lo litúrgico, bastaría con señalar la conducta del clero de la iglesia Luz del mundo. Todos los gobiernos locales en turno le otorgan una cuota de espacios de regidurías y legislaturas, de acuerdo a las posibilidades que otorga la modalidad electorera en uso, y tan campantes.

A lo largo de décadas el estado mexicano estiló este tipo de repartos, sobre todo en los años de oro del corporativismo priísta. En el partidazo, que venía siendo una aplanadora a la hora de la emisión de los sufragios, había varios sectores. Los campesinos se acuerpaban en la CNC. Los obreros en la CTM. A las diversas agrupaciones populares las mantenían en una difusa CNOP y así por lo demás. Todo eso ya es historia. Pero lo retrotraemos a la vista para ejemplificar que cada sector tenía asignada su cuota legislativa, tanto en los estados como en el poder legislativo nacional.

El esquema se repetía en la composición de los cabildos de cada municipio. Venía siendo una especie de figura de bendición eso de aparecer incorporados, y más si era ya una cuota definida, en tales cuerpos. Lo de que se renovaran cada tres o seis años, no alteraba los esquemas. La presencia de tales corporativos mantenía el equilibrio del partido de estado en el poder, aunque los puestos individuales se rotaran.

Con el paso de los años se fue ampliando esta dinámica a otros grupos, aunque no pertenecieran nominalmente al partidazo. Aquí en Jalisco destacan dos de estas figuras que recibieron esta asignación sin que ofrecieran su aportación electoral directa al partido repartidor. Era un secreto a voces, pero así iban funcionando. Una cuota la recibió el grupo universidad y la otra el de la iglesia Luz del mundo o de la Hermosa provincia, que es lo mismo.

Se ha destilado mucha tinta para analizar los orígenes y el funcionamiento ante las instancias del poder del llamado grupo universidad. Pareciera que, con las recientes declaraciones de AMLO, los días de connivencia de este grupo con la esfera institucional del poder están contados. Pero eso lo revisamos en otro momento. Tocaría entrarle a detalle ya a las intrigas y pasos ocultos que se siguen en el trato deferente que recibe el clero de Luz del mundo. Inició tal flujo, como ya se dijo, en los años del priísmo avasallante. Pero los controles del estado pasaron al panismo y el pago de tales cuotas no desapareció. Cambió de camiseta nada más.

Lo que aparece como más extraño es que se hayan ido del escenario de tales controles el PRI y el PAN, que haya entrado el MC a ocupar este lugar, y que la cuota para dicho clero se mantenga incólume. Resulta aún más interesante constatar que los discursos de estos clérigos no violenten lo normado en las leyes correspondientes. Por el contrario, cuando se trata de tales asuntos, los posicionamientos de estos señores apuntan siempre a señalarles a los responsables del poder la exigencia del respeto a la norma explícita de la laicidad, establecida en el cartabón constitucional.

En cambio, el clero católico violenta esta normatividad un día sí y el otro también. Nunca, o muy pocas veces, se había visto que le fueran a la mano. Desde que vemos y escuchamos la perorata inacabable de AMLO con su declarada cristiandad, también corroboramos que lo de la separación para ambas esferas para él es letra muerta. No dejará entonces de sorprender que por una transgresión fuera de foco del cardenal en retiro, don Juan Sandoval, le haya caído un rayo fulminante a la elección de Tlaquepaque. ¿Será porque este señor mantiene su residencia en dicho municipio? De que hilan raro los señores de los tribunales, ni quien lo ponga en duda. Pero así andamos.

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