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Los simbolismos de la visita de López Obrador a Estados Unidos

Los simbolismos de la visita de López Obrador a Estados Unidos

La visita de López Obrador vino a romper de golpe el cúmulo de críticas y calificativos que la oposición ha venido construyendo sobre la persona y el  desempeño del presidente de México.

Para la oposición, el jefe del Ejecutivo federal nos está llevando al abismo económico porque su discurso incendiario contra los empresarios ahuyenta la inversión y disminuye el empleo. Para ellos, el presidente tiene un discurso obsoleto, anclado en el pasado priista de los 60. Además, lo tachan de populista y autoritario, porque diariamente golpea la libertad de expresión en México y con ello pone en peligro la democracia. Algunos calificativos que usa la oposición son: “demente”, “senil”, “loco”, “anciano comunista” y que, además, su manejo de la crisis económica y ahora sanitaria está provocando que México sea el hazmerreír en el mundo.

Los críticos del presidente ya se habrán dado cuenta que es un necio sin remedio, que a pesar del miedo que quisieron infundirle después del atentado contra el jefe de la policía de la Ciudad de México, refrendó su compromiso de viajar en avión comercial en lo que fue su primera visita a otro país. Esto es muy significativo, ya que es la primera vez en la historia que un presidente de México hace una visita de Estado sin derrochar con frivolidad los recursos del erario, tal como lo hicieron el PRI y el PAN.

Igualmente echa por tierra el discurso, a veces rabioso de la oposición, de que López Obrador es enemigo de los empresarios; 11 altos empresarios de México acompañaron al mandatario federal en su visita a Donald Trump para evaluar proyectos de inversión con el inicio del nuevo Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. De paso, la firma del acuerdo tripartita abre la puerta para que se retome el urgente proceso de recuperación económica postpandemia.

La visita también fue un triunfo de la diplomacia. Marcelo Ebrard hizo su trabajo, ya que hizo lucir al presidente en cada uno de sus pasos por Estados Unidos. México y su presidente no fueron humillados, como pronosticaba la oposición: los protocolos se siguieron de manera precisa y sin los sobresaltos que llevaran a empañar el fondo de la visita.

Otra vez López Obrador utilizó las referencias históricas para refrendar la soberanía de México y su exigencia de respeto a sus decisiones políticas, además de remarcar lo que todo mundo sabe: que el crecimiento económico de Estados Unidos se debe en gran parte al aporte de los migrantes, incluidos los mexicanos.

No fue tema la construcción del muro. Tampoco Venezuela, Bolivia, Cuba. Además, Trump se tuvo que guardar sus insultos a los migrantes mexicanos como causantes de todo tipo de delitos dentro de Estados Unidos. López Obrador se ha curtido en la política y ahora demostró su pragmatismo para usarla en su beneficio.

Tanto Trump, como candidato del Partido Republicano, como Joe Biden, puntero candidato del Partido Demócrata, empezaron a manejar en sus discursos la importancia estratégica de México en el liderazgo de Estados Unidos en la geopolítica mundial. Más adelante, en pocos meses se refrendará el éxito de la visita, si los principales candidatos a la presidencia de Estados Unidos incorporan en sus discursos de campaña a México como socio estratégico, en lugar de fuente de drogas, violencia y migrantes indeseables.

Igualmente, la firma del nuevo tratado comercial muestra que López Obrador no es el trasnochado que no sabe nada de economía y de política; al contrario, mostró que sabe usar el pragmatismo político para sacar provecho de una visita en la que todos veían sólo ventajas para Trump en época electoral. Además, la firma del nuevo tratado comercial con Estados Unidos y Canadá, mostró que puede ser un crítico del modelo neoliberal, sin que esto implique darse un balazo en el pie.

Falso quienes argumentan que el presidente se contradice porque invitó a 11 grandes empresarios (la otrora mafia del poder) en su visita a Donald Trump. Las acciones del SAT y la Unidad de Inteligencia Financiera han puesto de rodillas a la cúpula empresarial: observemos cómo ha disminuido el activismo de Carlos Salazar Lomelín (CCE) y Gustavo de Hoyos (Coparmex), como representantes de una cúpula empresarial que ahora está preocupada y ocupada en enfrentar acusaciones de fraudes fiscales de todo tipo.

Los grandes empresarios de México no gozan de derecho de picaporte en las principales oficinas del poder público en México, como antes, ahora están subordinados a la política que ha marcado, con mucho trabajo, López Obrador; por eso también están enojados.

Así que este primer viaje al extranjero del presidente de México estuvo lleno de simbolismos porque refrenda su postura de austeridad, independencia y exigencia de que México sea respetado en el plano mundial. La tesis de que la mejor política exterior es la fortaleza interna de una nación se comprueba, ya que si México se orientara al abismo, como grita la oposición, el gobierno del país más poderoso del mundo hubiera sacado provecho en esta visita.

El tiempo nos permitirá poner en una mejor perspectiva los costos y beneficios que obtiene México con esta primer visita de su presidente a Estados Unidos. Por lo pronto la oposición se quedó sin argumentos, y más allá de la crítica pueril, el fondo es que López Obrador convirtió en triunfo una visita que se presagiaba como fracaso.

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Bernardo Jaén Jiménez

Economista, profesor e investigador del CUCEA, Universidad de Guadalajara.

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