Los verdaderos héroes (¿o villanos?)

Los verdaderos héroes ¿o villanos?

Alfonszo Rubio Delgado

En los ejércitos del mundo, existen elementos o soldados ceñidos a una organización. Presentes en ella existen diferentes rangos, cadenas de mando y subdivisiones. La escuadra, el pelotón, compañía, batallón y división. Todo esto, encerrado en una mística en la que interviene una ideología propia de la nación determinada. Generalmente, las fuerzas armadas de un país tienen como máxima defender la soberanía, el interés superior de la federación a la cual representan, y, en un grado máximo, defender con la vida, los intereses propios de su entidad. Esto, ante cualquier amenaza externa o incluso interna, que ponga en riesgo los valores propios de aquella. Para eso se adoctrinan a las cadenas de mando.

Ante estas circunstancias, se da por hecho que toda orden venida de la superioridad debe ser ejecutada. Aunque pudiera parecer absurdo, la ejecución de las órdenes, son obligatorias. Una orden, viniendo de la superioridad, no se discute; se aplica. Luego, si por algún motivo o razón, la orden fuese desobedecida por algún elemento de la cadena, se tendría que atener al código propio de dicho ejército, pues las pérdidas por el desacato, al ser evaluadas, daría como resultado, la pena impuesta a quien desobedece. Hasta aquí, deben parecer normal, las rutinas propias de las organizaciones militares. Estructura jerárquica estricta, vertical y lineal etc., de mandos superiores en inferiores.

En países en donde las personas, han probado la libertad aunque sea de forma mínima, los mandos superiores e inferiores han tomado conciencia, quizás de forma mínima. Lo que, a la postre, puede no causar problemas a la máxima superioridad. La poca conciencia no impide la ejecución de grandes emprendimientos militares. Todo se ejecuta, sin novedad. Se reportan las bajas y asunto arreglado. El mando máximo determina que todo fue en bien de la nación y asunto arreglado.

Aunque llega el momento en que en una nación, a nivel gubernamental, se empiezan a instalar personajes cuya conducta se torna controversial. Luego, dichos individuos, de forma mañosa, avanzan a nivel político hasta llegar a conquistar la máxima autoridad de la nación. Estamentos superiores, en donde la supremacía de autoridad no tiene límites, ocurren lamentables sucesos.

En principio han llegado a darse distanciamientos, entre la sociedad y la autoridad. En este caso, el gobierno. Ha sucedido que los intereses del gobierno y el grupo en el poder, se fracturan cuando la situación mental del máximo gobernante está en entredicho. O bien cuando por alguna circunstancia, éste no tiene claro lo que llega a hacer a aquel espacio gubernamental. Ahí pueden ocurrir escarceos que devienen en problemas mayores. Nos referimos a la corrupción. Misma que, en su afán por resolver su vida económica y la de sus seguidores, los gobiernos inclinan la balanza a favor de algunos grupos sociales, cosa que deja desequilibrios acumulables en la conciencia social.

Aquella actitud autoritaria, alguien tiene que pagarla. Alguna fuerza social tiene que hacerlo. La corrupción o cualesquier delito realizado en perjuicio de algún grupo social, debe ser ventilada y denunciada por los miembros de la sociedad, por los ciudadanos. Obvio que para ello se debe contar con un mínimo de libertad y en una atmósfera en que la justicia se respire en forma aceptable.

Ahora bien, cuando una sociedad es asfixiada por las instituciones religiosas y se mantienen suspendidas en el tiempo, es comprensible, más no justificable, su cerrazón cultural. La opresión religiosa y política es llevada a límites inhumanos, como los ocurridos al cristianismo en la edad media. Y en los tiempos que corren a pueblos en los que se asesinan violan o expolian a personas. Ello por caprichos de presidentes o religiosos cuya condición mental es dudosa.

Luego ¿qué tiene que ver el ejército de los países en todo esto? Pues mucho, demasiado, diría yo. Sin el ejército, cualesquier individuo “se la pensaría”, para realizar cualesquier obra nefasta. En el lado gubernamental o en el civil. En México, individuos que fueron presidentes del país y después se descubrió que fueron espías que trabajaron para agencias extranjeras, se hubieran detenido a pensar, pues eso es traición. Personas que hacen negocios ilícitos, cobijados por la autoridad, también la pensarían. Pues la vigilancia social los haría vulnerables. Los ministros corruptos, si no se sintiesen protegidos en parte por las fuerzas armadas, no realizarían sus nefastas prácticas.

La forma es que todo individuo al amparo de las fuerzas armadas, en un estado de derecho sano, debe respetar la ley. Pero en un estado desequilibrado, las fuerzas castrenses, se venden al mejor postor. Se prostituyen. Impiden el estado de derecho. Se inclinan al lado del que les compra, no de la patria, no de la justicia. De quién les ofrece a los altos mandos corruptos, capitalizarse y asegurar económicamente a los suyos. Aunque consientes del sufrimiento de la gente, no les importa. No hacen caso a la conciencia, misma que se ve acallada por los estímulos económicos recibidos. Lo que también trae división entre los altos mandos y la tropa. Muchas veces está última, más consciente que aquella.

En la historia de la humanidad, se ha visto ejemplos difíciles. Desde ejércitos eliminados totalmente por no haber hecho su trabajo, como el del zar Nicolás segundo, hasta ejércitos opresores que han sostenido a dictaduras en torno a la mediocridad y el desánimo, como es el caso de Corea del norte. Pues no parece haber un propósito claro en torno a la trayectoria ni al objetivo buscado por ese país en la historia. Un país agresivo con su propia gente. Un ejército opresor de su propio pueblo. Una simulación social. Una miseria que envuelve las capas sociales. Y un proyecto de país que no encaja en ninguna perspectiva que pueda considerarse sana humanamente hablando.

Lejos de intervenir en favor de los gobiernos corruptos o las sociedades decadentes, los ejércitos del planeta, deberían de cuidar de las herencias humanas como la ciencia y la tecnología. O bien resguardar el tesoro de las naciones. Dejar ocurrir la purga social del planeta y ponerse al servicio del próximo gobierno planetario. Ellos para que toda esa gente corrompida, la que, realizando prácticas indecibles, sea borrada u obligada a pagar el daño degradante hecho a la humanidad.

¡Saludos amig@s!

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