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Mafias universitarias (I)

Mafias universitarias (I)

Román Munguía Huato  mafias

 

Hay que criticar “el estrangulamiento de la vida intelectual de nuestras aulas por jerarquías académicas que no se legitiman por su actividad científica sino por su astucia burocrática…” 

Eduardo Subirats

 

 

I. El concepto de mafia significa, en primer lugar, una organización delictiva de naturaleza muy violenta para obtener, esencialmente, sus intereses económicos; es la manifestación del crimen organizado. También implica una organización ilegal, criminal y hoy día semiclandestina. El historiador italiano Salvatore Lupo, en su libro Historia de la Mafia. Desde sus orígenes hasta nuestros días, afirma que la mafia “lo mismo detenta un monopolio de violencia que ejerce un control absoluto del territorio.” Añade: “En sí no tiene mucho interés saber de dónde deriva el término mafia, y en qué acepción fue utilizada por alguien antes de 1860; en cambio, es esencial el hecho de que a partir de esa fecha es empleado por todos para definir aunque sea confusamente una relación patológica entre política, sociedad y criminalidad…” Lupo aclara: “La derivación más acreditada sería del árabe marfud, del cual proviene el siciliano marpiuni (tramposo, estafador) marpiusu-mafiusu…

Es claro que la mafia constituye una forma de poder, de un poder muy violento, criminal. La mafia es política malévola, violenta, corrupta, y a veces terrorista. Cierto que el crimen organizado no solamente es una “industria de protección” y extorsión; además, es una verdadera empresa capitalista del narcotráfico; por otro lado, su entrelazamiento con la política –es decir, con el poder del Estado, sus niveles de gobierno y la corrupción de sus funcionarios– “no se puede reducir a ninguna lógica “económica”, afirma Lupo, por lo que también juega en muchas ocasiones un papel político dentro de las estructuras del poder y del dinero… “florece bajo la piel de la mafia la fuerza de la política, y bajo la piel de la política la fuerza de la mafia”. Catanzaro, citado por Lupo, “observaba que el reciclaje  de los beneficios del narcotráfico conlleva una intensificación, no una atenuación, de los vínculos con la política.

Entonces, por supuesto que la mafia es producto de un proceso histórico–social del desarrollo del capital con su violencia intrínseca, proceso que también engendra diversas formas del imaginario social sobre la violencia mafiosa en la literatura y en el cine. En tal sentido Ernest Mandel escribe en su libro Crimen  delicioso. Historia  social  del  relato  policiaco: “La  historia  de  la  literatura  policíaca  es  una  historia  social,  ya  que  aparece entrelazada con la historia de la propia sociedad burguesa. Si se preguntara porqué se refleja en la historia de un género literario en particular, la respuesta sería: porque la historia de la sociedad burguesa es, asimismo, la de la propiedad y de la negación de la propiedad, es decir, la del crimen; porque la historia de la sociedad burguesa es también la creciente y explosiva contradicción entre las necesidades individuales o las pasiones, y los patrones mecánicamente impuestos de conformismo social; porque la sociedad burguesa en y por sí misma engendra el crimen, se origina en el crimen y lleva al crimen; ¿quizá porque la sociedad burguesa es, cuando se ha dicho y hecho todo, una sociedad criminal?”

También es cierto que, como bien dice Lupo: “La historia de la mafia no se reduce a un solo esquema, válido para todas las situaciones y todos los tiempos”, pues ha habido mutaciones formales de la mafia, pero su naturaleza esencial la sigue preservando: ser una organización criminal.  Históricamente ha tenido vinculación con grandes empresarios y grandes políticos en todos los países donde opera; en suma, es parte orgánica del establishment. “La Cosa nostra –afirma Lupo–  se ha vinculado en forma absolutamente nueva con la gran política y los grandes negocios”. Es parte de los grandes poderes fácticos, pues existen empresarios y políticos mafiosos o mafiosos empresarios y mafiosos políticos.

II. Hace largo tiempo que el concepto de mafia o mafioso se ha extendido más allá de la propia definición de la organización criminal, por lo que el concepto se usa para caracterizar a personas y camarillas u organizaciones, clandestinas o visibles, las cuales adoptan ciertos rasgos formales mafiosos en su modus vivendi (modo de vivir o regla de conducta) o en su modus operandi (modo de obrar o manera de trabajar). Entonces, el concepto en su forma laxa o amplia se también se utiliza para quienes se parecen a los gángsters por sus formas nada escrupulosas para vivir o enriquecerse. Cierto que ha habido y hay gángsters sindicales que operan como criminales para sofocar o asesinar a los opositores sindicales democráticos; hay muchos ejemplos al respecto en el caso mexicano en su historia del sindicalismo charro. De la misma manera que hay ciertos políticos que son verdaderos gángsters asesinando o tratando de asesinar a sus enemigos políticos–ideológicos. Sicarios, pandilleros y hampones hay por todos lados y en todas las esferas sociales, tanto en el lumpenproletariado como en la lumpenburguesía.

En México desde hace muchas décadas ha habido mafias del crimen organizado, hoy poderosos cárteles del narco que azotan al país con su hiperviolencia, pero también existen aquellas mafias políticas, partidistas, eclesiásticas, deportivas, empresariales, sindicales, universitarias, etcétera. El viejo corporativismo–autoritario de un Estado bonapartista sui generis engendró formas de organización institucional semimafiosas; es decir, camarillas o agrupaciones de poder nacional o local que operan de manera corrupta y a veces violenta cometiendo fraudes, estafas, malversando fondos públicos. El interés público lo convierten en interés privado. Los grupos de poder, de interés, de presión, muchas veces realizan sus propósitos aviesos cometiendo acciones al margen de la ley. Son acciones delictivas que en muchas ocasiones quedan impunes. El proceso de privatización de las empresas públicas con la política neoliberal a la mexicana permitió bajo complicidades soterradas una profunda corrupción en instituciones públicas cuyos funcionarios se enriquecieron ilegal y extraordinariamente. El neoliberalismo salvaje engendró una descomposición económica y política dando lugar a un proceso de lumpendesarrollo social en las últimas décadas. Ningún espacio social escapa a las formas más degradadas o descompuestas por los intereses económicos y políticos mezquinos y voraces. La corrupción penetra casi todos los poros de la sociedad.

 

I de III partes.

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