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¿MÁS AGUACATE? MAYOR DEFORESTACIÓN

¿MÁS AGUACATE? MAYOR DEFORESTACIÓN

 Felipe Cobián Rosales

Gobernantes y productores del ramo agropecuario en Jalisco, entre quienes por cierto no faltan políticos y, al menos, un exgobernador, el panista Alberto Cárdenas Jiménez, se jactan de que esta entidad exportará aguacate a los Estados Unidos -¡y en grandes cantidades!-, sin importar los altísimos costos que pagaremos todos.

Corrijo: esos enormes réditos ya se han empezado a pagar, y muy caro, con la deforestación desalmada de grandes zonas boscosas, la consecuente erosión del suelo y la acelerada disminución de la fertilidad y escasez de agua para el consumo humano, al irse secando los mantos freáticos, pues el aguacate es un enorme consumidor del vital líquido.

Basta con echar un vistazo a lo ocurrido en San Gabriel hace dos y medio años cuando la primera gran tormenta de la temporada en la parte alta del municipio -Apango y sus alrededores, para ser precisos-, ocasionó una gran avenida de agua, lodo y, sobre todo, palizada quemada, resultado de los desmontes efectuados por los voraces cultivadores de aguacate que arrasaron con pinares enteros y otras especies sin importar consecuencias.

La gran crecida del arroyo Salsipuedes, inundó medio pueblo, ocasionó incuantificables daños en calles, vehículos, casas, muebles y todo tipo de enseres domésticos y, lo peor, la muerte de varias personas que fueron arrastradas por la corriente.

Aun así, en distintas montañas del estado sigue la tala inmisericorde de árboles de todo tipo, en especial pinos y encinos, para plantar grandes aguacateras sin importarles la preservación de la naturaleza. Ahí están los ejemplos muy claros de Gómez Farías en donde hace años alguien aplicó una especie de herbicida que ocasionó la muerte de miles de coníferas en decenas de hectáreas para luego sustituirlas por aguacates; entre Sayula, San Gabriel, Tapalpa y Chiquilistrlán pelaron lomas y cerros con el mismo propósito. Igual en Ciudad Guzmán, donde hasta las faldas altas del Nevado han sido taladas a un ritmo mayor del plan de reforestación federal del presidente López Obrador.

A este ritmo, la situación puede extenderse, más temprano que tarde, a reservas y áreas naturales protegidas si antes no hay conciencia de lo que pasa y las autoridades no ponen el ejemplo y un hasta aquí.

De nada servirá entonces que unos cuantos bolsillos se llenen de millones de dólares, si la población padecerá escasez de bosques, agua y otros satisfactores comunes que tienen que ver con el daño a la naturaleza. 

En tanto, el consumidor empobrecido, no puede comprar un kilogramo de esta fruta-verdura de la especie persea porque para él, aún en los centros de producción, le resulta de elevado, muy elevado precio… Creo que llega el tiempo de consumir menos aguacates, en protesta por el daño al medio ambiente. Y no se diga con tan dañinos fumigantes que se emplean indiscriminadamente.

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