Melancolía de la resistencia

Josefina Reyes Quintanar
En un pueblo húngaro, durante un sombrío invierno, el transcurrir tranquilo y rutinario se ve invadido por la llegada de un misterioso circo cuya principal atracción es la presentación del cadáver de una gigantesca ballena; dicho espectáculo despierta la curiosidad de los habitantes. Sobre todo, de Valuska, el personaje principal, un joven divergente que platica la mayoría del tiempo temas sobre la vía láctea. Pero el circo y la ballena sólo detonan un caos que ya se vislumbraba entre los pobladores, son símbolos de un desorden creciente que empieza a invadir el pueblo.
Un texto que invita a la reflexión profunda, un desafío literario escrito en 1989, cuya traducción nos llegó hasta 2001: Melancolía de la resistencia, una novela sin párrafos cuyos capítulos presentan en su mayoría un monólogo de cada uno de los complejos personajes, construidos desde un perfil psicológico más que físico, y que nos permiten obtener un retrato moral y social de cada uno de ellos. No sólo es una historia, sino que la narrativa alcanza a realizar un ensayo de tipo filosófico. Su lectura va más allá de la historia y nos invita a reflexionar sobre la condición humana.
La intervención de cada uno de los personajes es un juicio que explora diversos temas como la fraternidad, la existencia de Dios, la justicia, el miedo, la soledad y la familia. En el clímax de la historia se desarrolla un violento motín en el pueblo, donde la resistencia de cada individuo ante el caos muestra su esencia más pura. Al estallar la violencia, el autor construye una atmósfera entre la tragedia y la comedia, subyace un humor negro y absurdo en todo el salvajismo sin razón. Racionalmente no se explica nada, simplemente el pueblo es un universo dominado por fuerzas ciegas e impersonales, la violencia bruta aniquila la inteligencia y lo único claro es el caos que impera. Finalmente, los personajes, atrapados en este remolino de miedo y fascinación, se esfuerzan por crear un nuevo orden menos cruel y que da sentido a cada uno en particular según sus aspiraciones en la vida. No se ofrecen soluciones claras, el objetivo es dejarnos en un estado de melancólica reflexión sobre la resistencia, es esa falta de resolución lo que refuerza el tono de la novela y resalta la complejidad de los temas que aborda.
Sobre el autor no conozco muchos datos, Lázló Krasznahorkai nació en 1954 en Gyula, Hungría. Sus obras son etiquetadas como postmodernas cuyos temas llegan a ser distópicos. Alcanzó la notoriedad mundial al recibir el premio Nobel de Literatura el año pasado. Dos de sus novelas han sido llevadas a la pantalla grande, Krasznahorkai adaptó el libro que nos compete a un guión para la película del 2000: Werckmeister Harmonies y Tango satánico, ambos largometrajes del director de cine húngaro Béla Tarr. Aunque inició sus estudios en Derecho, los abandonó para dedicarse a la literatura y la filología húngara. Su literatura se caracteriza por frases extremadamente largas ya que utiliza pocos o ningún signo de puntuación (de ahí su complejidad, es fácil perderse en la lectura si no estás concentrado). No solo es considerado un escritor húngaro galardonado, sino una de las conciencias más agudas de nuestro tiempo.
Al leer esta novela, es imposible no pensar en la metáfora que el autor está haciendo de la Hungría de 1989. En ese año se llevó a cabo el Rendszerváltás, la transición en que dicho país pasó de régimen comunista a un sistema democrático parlamentario adoptando el capitalismo; fue la caída de la República Popular de Hungría que había gobernado desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Fue uno de los preámbulos para la caída del muro de Berlín en 1989. Pareciera que el personaje principal en Melancolía de la resistencia, Valuska, es el alter ego de Karsznahorkai.