En el contexto de las campañas electorales de este año, vivimos un encono y enfrentamiento entre las diversas posturas y sus huestes matraqueras que solicitaban la preferencia de los sufragios.

La candidata y los candidatos de manera cotidiana azuzaban a sus bases a subir el tono de enfrentamiento. No fueron pocos quienes explicaron esas profundas diferencias como resultado del escenario electoral, e incluso afirmaron que una vez pasada la elección, y con los aspirantes debajo del tinglado, las aguas regresarían a su nivel. No fue así.

Todo lo contrario, las diferencias entre los ciudadanos continúan manifestándose. La marejada comienza a desbordarse. No se mira la reconciliación por ninguna parte.

Debemos dejar en claro que las expresiones de rechazo hacia los gobiernos han formado parte de nuestra historia; por lo tanto, suponer que hoy por el hecho de llegar al poder un proyecto de centro-izquierda las muestras de repudio iban a desaparecer es un error. Suponerlo así, sería tanto como reducir los problemas de México a la existencia de un partido político o a una figura en el poder o a un determinado proyecto de nación.

Por supuesto, habrá rechazo y opiniones contrarias al proyecto lopezobradorista, sin que ello demerite el respaldo popular recibido en las urnas. Pero también debemos entender que no todos votaron por él, no todos miran con entusiasmo su proyecto de nación. No todos identifican el origen de los problemas donde lo asienta el presidente electo.

Ni Andrés Manuel López Obrador, ni sus millones de votantes pueden descalificar las diversas posturas que habrá frente a lo que será su gobierno. Los mismos que hoy se encuentran en la antesala del poder y rechazan las críticas recibidas, las ejercieron durante años contra gobiernos priistas y panistas.

Nada más errado que suponerse con el monopolio de las demandas y señalamientos hacia el gobierno. Al final del día, lo que debe terminar con los cuestionamientos es el buen ejercicio de gobierno y la debilidad de argumentos para sostener dichos señalamientos. Nunca la descalificación a priori, sea de la población hacia un gobierno entrante, como de las futuras autoridades hacia la sociedad civil.

Estoy cierto, que en el fondo del encono social subyace una profunda y ofensiva desigualdad en el reparto de los recursos y las oportunidades. La ignominia del acceso desequilibrado a todo aquello que generamos como sociedad. Las diferencias manifiestas con respecto al ejercicio de gobierno tienen que ver más con las desigualdades sociales que con las filias o fobias hacia los gobernantes.

En tanto no exista una verdadera recomposición del tejido social que potencie las condiciones necesarias para acceder a una vida digna en comunidad, y logremos cambiar las estructuras políticas que producen y mantienen las desigualdades económicas, sociales y culturales; las manifestaciones de descontento de la población continuarán visibilizando a una sociedad desigual y dividida.

 

@contodoytriques

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