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Mi experiencia para recibir la vacuna Covid-19 en Guadalajara

Mi experiencia para recibir la vacuna Covid-19 en Guadalajara

Guadalajara, Jalisco.-Lucía Villaseñor, quien hace parte de la población mayor de 60 años de Guadalajara, relata su experiencia para recibir la vacuna contra el SARS-CoV-2, el pasado fin de semana, teniendo que esperar de sábado a domingo.

Fui a formarme al Agua Azul el sábado a las 6:00 horas porque en las noticias dijeron que durante la mañana el ayuntamiento repartiría fichas. Sabía que había gente formada desde días anteriores, pero podría obtener vacuna o al menos una ficha, ya que en Tlaquepaque y Tonalá se dieron fichas.

El domicilio publicado del Agua Azul fue calzada Independencia 973. Me acerco al parque y veo que la fila da vuelta por calzada Las Palmas y empieza mi odisea frente al número 60 de esa calle, jamás imaginé que la fila ya circundaba todo el Parque Agua Azul. La entrada a la vacunación fue, en realidad, por Las Palmas 89.

Y no, el ayuntamiento no repartió ninguna ficha, ni a las 6:00, ni a las 7:00, ni a ninguna hora

La fila empezó a caminar muy lentamente a las 10:00 horas.

A las 11.30 horas llegué a la esquina de calzada Independencia y Las Palmas. A las 15:30 horas estaba ya frente a la Casa de las Artesanías, por González Gallo. Empezaron los rumores de que ya no había vacunas, pero la fila seguía avanzado.

Los rumores continuaban: “van a repartir fichas, el ayuntamiento está haciendo una lista”. La puerta de Las Palmas 89 permanecía cerrada y nadie daba información.

Esperé y a hacia las 19:00 horas una persona sin gafete, camisa corporativa o identificación comenzó a hacer una lista de los formados. Lo vi en la esquina de Las Palmas y Dr. R. Michel. Nos aseguró a quienes esperábamos que el ayuntamiento estba apenado, que nadie debería quedarse formado. Observé que ya llevaba anotadas a 170 personas.

Yo permanecía formada a unos 50 metros del puente peatonal de González Gallo.

Cuento las personas formadas desde la entrada hasta mi lugar: cerca de 800, decidimos, mi esposo y yo, pasar la noche ahí. Nunca habíamos pernoctado en la calle.

Ya obscurecía y me entregaron dos señoritas unas ficha con los números 1883 y 1884, pregunté quienes era: “ciudadanos, como usted”. Me indicaron que la ficha era sólo para que entre todos cuidáramos nuestro lugar.

El número me llampo la atención, ya que yo había contado menos personas. Quizás no todos estaban en formación.

A pesar de eso continuamos esperando sobre banquetas levantadas por las ramas de los árboles, sucias, no de un día, llenas de tierra y hojas. Todo muy peligroso para caminar sobre ellas.

Las autoridades colocaron 10 baños públicos, insuficientes para la gran cantidad de personas que esperábamos, sobre Dr. R. Michel. En poco tiempo la capacidad de los sanitarios fue rebasada y no recibieron mantenimiento.

Durante toda la espera la policía pasó una sola vez. Quienes sí permanecieron alerta y realizaron varios rondines a pie fueron los bomberos.

Hacia las 21:00 horas del sábado una familia pasó en una camioneta pick up regalando botellas de agua y fruta picada en bolsitas. También pasó una camioneta vendiendo tamales y Tránsito no le permitió continuar. La solidaridad entre los formados fue mayúscula y el malestar hacia las autoridades también.

Así transcurrió la noche.

A las 8:00 horas del domingo la fila comenzó a moverse  muy rápido a las 8:30 ya estábamos en la esquina de Dr. R. Michel.

Corrió el rumor de que sólo llegaron 900 vacunas, aunque no lo creímos pues la fila avanzaba muy rápido. A las 9:00 horas llegamos ala esquina de Las Palmas. Otro rumor: que el número de ficha que nos dieron debíamos considerar mil lugares menos, lo cual no me pareció tan descabellado, pues coincidiría casi con las 800 personas que en inicio conté.

Hacia las 11:00 horas la fila comenzó a alentarse,  aunque 100 personas me separaban de la entrada. La fila se detuvo. Quienes aguardábamos no lo podíamos creer… Entonces sí, sólo habían llegado 900 vacunas.

No obstante nadie se movió.

Mis hermanos se ofrecieron a cuidarnos el lugar para descansar. Estábamos ya pidiendo un uber para que mi marido, con tres operaciones del corazón encima, pudiera retirarse, cuando a través de un megáfono alguien anunció la llegada de 480 vacunas más. Ya a las 12:30 horas.

De nuevo la fila comenzó a avanzar rápido con la voz del megáfono, en tono frío, dando indicaciones: sin acompañantes, con papeles listos.

Ya en la puerta uno de los llamados servidores de la Nación nos recibió de manera amable. Más adentro del recinto jóvenes sin alguna credencial o identificación de dependencia alguna nos condujeron por un largo trecho para después darnos papeles de trámite y, con tono de amonestación, prevenirnos para no perderlos.

Después, sin preguntarnos, a mí marido ─que llevaba andadera─, y a mí nos separaron del grueso del grupo y nos llevaron con un grupo de personas en silla de ruedas. Eso sirvió para que nos dieron atención preferente. Tomaron nota de nuestra información clínica y nos adelantaron que la segunda dosis contra el SARS-CoV-2 la recibiríamos entre 4 y 8 semanas después.

Las enfermeras fueron muy atentas y muy cálidas. Nos dieron indicaciones, nos colocaron la vacuna y posteriormente nos pidieron que esperamos un momento antes de retirarnos.

Finalmente, a las 14:00 horas, más de un día después de nuestra llegada, salimos con la vacuna puesta. Muy mal el papel de las autoridades, con falta de información, calidez, amabilidad, previsión y demás. Mucho se tiene que mejorar.

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