Diez años buscó Conchita a su hijo, Juan Antonio Olmedo, por doquier. En 2016 desapareció en Jocotán (cerca del Akron). Muchas veces lo buscó en el Semefo y siempre le negaron que estuviera ahí. ¿Andaría de viaje en uno de los tráileres que paseaban, por saturación en el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, 322 cadáveres? ¿Nadie en la Fiscalía quería averiguar su caso ni el de tantos otros? ¿Miedos, complicidades, amenazas? ¿Alguien quería cobrar por ayudar?
Guerreros Buscadores dice que el viernes 8 supieron “la verdad que duele e indigna profundamente: J. A. fue localizado sin vida hace años. Nadie tuvo la humanidad de decirle dónde estaba”.
Peor aún: el dictamen genético salió en 2025. La Fiscalía estatal guardó silencio. ¿Cuántos están ahí desaparecidos?
