En Honduras, hay hombres que creen que pueden escapar de la responsabilidad más básica: responder por sus hijos e hijas. Se esconden detrás de excusas, silencios y promesas vacías, mientras alguien más carga con todo el peso de la vida diaria. Y no, eso no es descuido ni mala racha. Eso es abandono. Es una decisión constante de no estar, de no responder, de no hacerse cargo de las consecuencias de sus propios actos.
La pensión alimenticia no es un favor, no es “ayudar a la mamá”, no es un gesto opcional que se da cuando sobra algo.
No es falta de dinero.
Es falta de responsabilidad.
La pensión alimenticia es un derecho de la niñez y una obligación legal y moral de quienes son padres. Consiste en garantizar todo lo necesario para que sus hijos e hijas vivan con dignidad: alimentación, educación, salud, vivienda, vestido y condiciones adecuadas para su desarrollo.
No es un “aporte” ni una ayuda ocasional.
Es cumplir con lo básico que les corresponde por derecho.
Cuando se incumple, no se le está fallando a una mujer, se le está fallando directamente a sus hijos e hijas. Se les niega lo esencial, se limitan sus oportunidades y se les deja cargar con consecuencias que no deberían asumir.
Porque la ausencia no es invisible:
se siente, pesa y deja huellas que duran toda la vida.
¿De verdad creen que no pasa nada?
¿Que no pagar no deja huella?
¿Qué desaparecerse es una opción sin consecuencias?
Se siente cuando falta comida en la mesa.
Se siente cuando no hay para útiles escolares.
Se siente cuando una madre se rompe el lomo sola tratando de cubrir lo que debería ser compartido.
Y se siente, sobre todo, en el corazón de un niño o una niña que aprende demasiado temprano que su padre eligió no estar.
Porque sí, elegir no pagar también es elegir no ser padre. Un padre no es el que aparece cuando le conviene, ni el que da “cuando puede”, ni el que se desaparece cuando hay que responder. Un padre es el que cumple, incluso cuando es difícil, incluso cuando no hay aplausos, incluso cuando implica sacrificio.
Y mientras ustedes se hacen los ausentes, hay algo que sí está ocurriendo todos los días:
las madres están sosteniendo la vida.
Son ellas quienes alimentan, cuidan, acompañan tareas, llevan a consultas médicas, contienen emocionalmente, trabajan dentro y fuera de casa, sacrifican descanso, salud mental y oportunidades. El cuidado no es solo amor: es tiempo, es energía, es desgaste físico y emocional. Es trabajo no remunerado que sostiene hogares enteros.
Y, aun así, hay quienes dicen: “pero la mamá está”.
Claro que está. Porque alguien tiene que hacerse cargo de lo que ustedes abandonaron.
Pero eso no los limpia, no los justifica, no los hace menos responsables.
La presencia de una madre no borra la ausencia de un padre.
La ausencia de un padre no se compensa, se sufre.
No pagar pensión no es un conflicto de pareja: es una forma de violencia contra la niñez. Es condenar a sus propios hijos e hijas a crecer con menos de lo que merecen. Es quitarles derechos, limitarles el futuro y enseñarles que pueden ser abandonados sin consecuencias.
A ustedes, padres que no cumplen: dejen de mentirse.
No están “complicados”, no están “viendo cómo resolver”, no están “haciendo lo que pueden”.
Están eligiendo no hacerse cargo.
Sus hijos e hijas no son una carga, no son un error, no son un problema que se puede ignorar.
Son su responsabilidad hoy, mañana y siempre.
Y cumplir no los hace héroes ni “buenos hombres”; apenas los coloca en el nivel mínimo de lo que se espera de alguien que decidió traer vida al mundo.
Porque ser padre no es biología.
Es responsabilidad.
Alex Izán Hernández
Coordinador del Observatorio de Violencia Social y de Género
Red Lésbica Cattrachas
alexizanhn@gmail.com
www.cattrachas.org
