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Nuestro terruño descompuesto

Nuestro terruño descompuesto

Impactó a la comunidad jalisciense hace mes y medio el crimen cometido en la persona de nuestro exgobernador, Aristóteles Sandoval. Ocurrió en el destino turístico de Puerto Vallarta, al que podríamos imaginar bien vigilado, por aquello de que el turismo es una fuente generosa de divisas. Aparte, por ser quien era, traía adscritos quince guaruras en custodia. En sus propias barbas se lo ejecutaron.

No dejó de provocar cierta conmoción colectiva. Los detalles filtrados del homicidio dan cuenta de que fue un evento planeado, orquestado tal vez por quienes se dedican a los negocios ilícitos. Hay varios detenidos ya, involucrados en el hecho, aunque hayan tomado el cuidado de limpiar de inmediato la escena del crimen. Aunque pareciera la investigación de todos modos estar en el limbo, como muchas otras tareas del gobierno local.

Ayer, para no remontarnos en el tiempo, se supo que en el mero centro de la ciudad de Lagos de Moreno fue cometido un crimen artero en la persona de una maestra de nombre Eva Ramos. Según la versión oficial, iba abriendo ella el negocio de su florería cuando la abordó un sujeto, con claras intenciones de atraco. Ella ofreció ya no digamos resistencia sino inconformidad. Terminó en víctima. El infractor le disparó y le provocó la muerte. La comunidad de Lagos está conmocionada.

Se trata de una ya muy larga fila de cruces. Y si nos vamos a los crudos números de las víctimas, no podemos enorgullecernos de que en Jalisco se registren cuatro de cada diez víctimas fatales del país. Ya podríamos tener liderazgo en otros rubros. Levantar el dedo en el listado de hechos de sangre no nos hace merecedores de insignias al pecho. Encabezamos listas de homicidios dolosos, anda muy alto el número de feminicidios, con el descubrimiento de fosas clandestinas también paramos el dedo. En cuanto respeto a la vida de nuestros semejantes estamos reprobados.

El panorama social está completamente descompuesto. Se nos vino de sopetón una pandemia, cuyos efectos imprevistos nos provocaban risas al principio. En marzo, antes de que hubiera disposiciones desde el plano federal, salió a la palestra nuestro ya impresentable gobernador Alfaro, con la puntada de que íbamos a cancelar todo tipo de actividades por quince días, dizque para ponerle un freno o presentarle un valladar efectivo a la propagación de ese virus chistoso, que Trump calificó de ‘gripita china’ y no permitirle que viniera a hacer sus gracias entre nosotros. ¡Qué previsores sonábamos los jalisquillos con esta propuesta, que luego resultó bien jalada de los pelos!

Nos hablaron de una mera cuarentena. De los quince días iniciales propuestos para arrancar con el aislamiento, la sana distancia y el uso extensivo de cubrebocas, entre otras medidas, se seguía luego otra quincena, la de las vacaciones de la semana santa y pascua de resurrección. No contábamos con que a nivel federal también se estaban tomando medidas de contención, para aplicarse en todo el territorio nacional.

Las medidas federales vinculan a todo el país, no sólo a los estados en los que gobierna el partido mayoritario. Pero como por esas fechas andaba Alfaro desatado en su campaña de mostrarle cuerpo de negación a cuanta iniciativa proviniera del ejecutivo federal, hasta traía en boca diaria el sonsonete de que nos convertiríamos en la hermana república tapatía. Su intención primaria de secesión embonaba muy bien con sus llamados a la desobediencia. Puras invenciones caricaturescas. Nos adelantó entonces por quince días el arranque de la famosa cuarentena. Y ya no hemos parado. Vamos que volamos para alcanzar el año completo de este atípico paro, al que no se le ve fecha real y objetiva de término, ni le hallamos cuadratura.

Se dirá que todas las medidas que se toman, se dictan a partir de las variables objetivas que va dictando la pandemia. Tendrán razón quienes defiendan el punto. Lo que no está clara es la justificación ‘política’ de tanto disparate, como les va ocurriendo a los titulares de los poderes en el estado. Los ciudadanos de a pie ya no sentimos lo duro, sino lo tupido. Nos cierran los negocios; nos cierran los espacios públicos; el poder judicial tiene un año completo de inanición; de por sí impera en tal esfera el tortuguismo. Así que la aplicación de pausas ha venido a darle el tiro de gracia a todos los procesos abiertos, que nomás no caminan.

¿Qué decir de las repercusiones en la vida económica? Los números de nuestra descompuesta crematística son apabullantes. Se han perdido empleos formales en vastedad; es más que complicado buscar formas sustitutas de ingreso, ante el declive de los flujos tradicionales. Hasta los bancos hablan y refieren números rojos, o descenso en sus niveles de ingreso acostumbrados, que siempre han sido proditorios. En fin, tenemos cuadros simplemente infumables y los traemos cargando a cuestas. No se ve en el horizonte un remedio, ya no digamos amable, que reacomode nuestro actuar. La vieja ilusión de retornar a la normalidad se nos ha esfumado.

Para cerrar este mini recuento, mencionemos la renuncia de la secretaria de cultura, Giovana Jaspersen. En los dos años de su ejercicio fue una completa nulidad. Lo hecho en tal período, o sea nada, habla por ella. Está al nivel de indefendible. O sea, habría que aplaudir su separación de un cargo que le quedó muy grande. Pero sería triste constatar que la muevan de dicho espacio para incrustarla luego en la lista de suspirantes a puestos de elección popular. Y no habrá que descartar tal posibilidad. Así de mostrenco e infame se muestra el actual grupo gobernante, encabezado por Alfaro. Lo veremos.

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