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Partidiario: Revocación, ¿Regreso de dinosaurios?

Partidiario: Revocación, ¿Regreso de dinosaurios?

Felipe Cobián Rosales

08 de abril de 2022.- Soy de los que siempre acuden a las urnas a emitir mi voto, con lo que afirmo que estoy en contra del abstencionismo cuando de elegir a nuestros gobernantes o representantes se trata.

Ahora, más que escéptico, estoy en contra de acudir a sufragar por la “revocación de mandato” porque la creo inútil para todos. Soy un convencido de que no existe razón de peso para pensar siquiera que Andrés Manuel deba de irse antes de lo constitucionalmente estipulado. Él lo sabe.

Como ha sido hasta la fecha, el presidente de la República se elige para un período de seis años.

Se le debe reconocer a AMLO el haber logrado que en la Constitución Política se incluyera la revocación para que la sociedad disponga de un instrumento para remover al mandatario cuando no cumpla a cabalidad con su deber o cometa una falta grave. Pero de ahí, a realizar el acto únicamente como un egómetro o una fórmula para saber el grado de aceptación que se tiene, de medirle el agua a los camotes y pulsar la popularidad, para eso son las encuestas.

Andrés Manuel sabe perfectamente que goza de un elevado porcentaje de aceptación. Nada menos esta semana, una encuesta de El Financiero determinó que su popularidad es del 67%. Entonces, ¿para qué sirve o le servirá la revocación de mandato?

En realidad, no hay razón lógica alguna para ese plebiscito que directamente el mandatario ha impuesto al pueblo mexicano, pues aparte de que se trata de un gasto inútil como lo han dicho entre otros Cuauhtémoc Cárdenas, es una contradicción en esta austera administración, es una pérdida de tiempo para todo mundo.

No obstante, el mandatario tiene, sin duda, sus propósitos, pero para muchísima gente no quedan claros, pero se intuyen cuando la autoproclamada “Cuarta Transformación” ya está más allá de la mitad de su camino.

Parece inexplicable que López Obrador esté echando buena parte de la carne en el asador y así es como ha enviado por todos los rumbos a sus allegados a hacer propaganda sin importar que se violen leyes y reglas, como él lo ha hecho frecuentemente. Así fue que el titular de Gobernación, Adán Augusto López voló en avión oficial (de la Guardia Nacional) por distintas ciudades del país para promover la revocación, en tanto la consentida presidencial, Claudia Sheinbaum la más apegada al libreto lopezobradorista, hace otro tanto.

Hay la sospecha también de que, quien les ordena hacer esta campaña hace en realidad un ensayo para ver cuál de estos dos, por ejemplo, tiene más temple para la candidatura, pues de hecho y aunque lo niegue AM, tiene en Adán Augusto, a su candidato in péctore, a su “caballo negro” -como ya lo escribí en esta misma columna el 2 de noviembre de 2021-.

Se habla, incluso, de un ensayo para una posible reelección, así haya dicho López Obrador que al terminar su mandato se irá a su rancho que todo mundo ya sabe cómo se llama allá en Palenque, Chiapas.

Sin embargo, fuera de especulaciones, lo que sí es un hecho que pase lo que pase el próximo domingo en la revocación, el perdedor será el Instituto Nacional Electoral (INE) al que desde hace mucho el presidente trae entre ceja y ceja e irá por su desaparición para controlar, desde la Presidencia, a la entidad electora. Al estilo de antes, cuando el invencible PRI, organismo del que fue su mandamás nada menos que Manuel Bartlett, cuando fue secretario de Gobernación y hundió al presunto ganador Cuauhtémoc Cárdenas con aquella “caída del sistema” en 1988.

Frente a este panorama nada halagüeño, tenemos una oposición totalmente desdibujada, menguada y apática cuyos dirigentes, sin preparación, sin principios, sin carácter, sin ideología ni principios, están muy, pero muy lejos de ser líderes.

Con eso y todo el poder del Estado, estamos en riesgo del regreso de los dinosaurios.

AMLO se saldrá con la suya, pues considera la revocación de mandato como el parteaguas de su 4T.  Y hasta pudiera haber radicalizaciones, más polarización en lugar de buscar una reconciliación nacional, sean pocos o muchos los votos y así no se alcance una participación del 40% del padrón para que el resultado sea vinculante u obligado constitucionalmente.

Por todo eso, yo no acudiré a las urnas este 10 de abril, así se me tilde de ignorante, enemigo del presidente, conservador o fifí. Cada quién es libre de votar o no, sin temor a que se acaben los apoyos oficiales.

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