Poderoso caballero, don dinero

Poderoso caballero, don dinero

Juan M. Negrete

De niño, este redactor escuchó en muchas ocasiones a sus viejos recitar este refrán. Es de suponerse que les ocurrió lo mismo a todos los infantes coetáneos, pues se trata de un dicho muy popular. Lo que habría de buscarse es si lo entendíamos más o menos de manera similar o si lo asociábamos a un sentido semejante. Es tarea de los semiólogos y acaso también de quienes estudian las ciencias de la conducta aclararnos estas partidas. Así que no dejemos camino real por vereda.

La semana que andamos concluyendo vino a ponernos en bandeja de plata la dura verdad del contenido del apotegma mentado. Desde muchos días antes se estuvo manejando, como medida a tomar por el presidente gringo, que iba a establecer aranceles no sólo para nosotros los mexicanos sino para todo el mundo. Lo vino diciendo desde el mismo día de su toma de posesión. Pero fijó la fecha para este pasado dos de abril y nos cumplió con la expectativa despertada.

Hubo escarceos previos a los que les dimos cobertura suficiente antes. Nos amenazó con el petate del muerto de que a Canadá y a nosotros, los inditos del sur, nos iba a soltar el chirrión del 25% de impuestos, según eso que porque estábamos inundándole el país con fentanilo y que porque no deteníamos en nuestras fronteras a la horda de migrantes que los invaden. Más o menos así pinta sus cuadros, lo que nos hace estampar su figura con uno más de nuestros refranes populares: como tienes tu pecho juzgas el ajeno.

Los titulares de los poderes ejecutivos de sus vecinos entraron en charlas telefónicas y hasta visitas personales con él y la medida se pospuso, por lo menos dos veces. Pero como trae la varita en la mano, al final dijo que nos esperáramos, no sólo nosotros sus vecinos sino todo el mundo, al día dos de abril, en el que iba a establecer el nuevo rigor mercantil que debe regirnos a todos. ¿Por qué? Por sus pistolas.

Y así fue. Este dos de abril el güero jiricuento y presidente gringo, por más señas, se robó la atención de todo mundo. Como dicen que empieza la Eneida de Virgilio: Conticuere omnes, intentique ora tenebant. Oíamos decir a los que estudiaban latín que tal frase significaba que se habían callado todos y que se esforzaban por mantener la boca cerrada. Pues así nos tuvo Trompas el día señalado. Le escuchamos decir lo que traía en el libreto y, nos gustara o no su contenido, nos puso a barajar las cartas de la relación que guardamos en cuestiones mercantiles con su país.

Por ser sus buenos cuates nosotros y los canadienses, ya que tenemos signado con los gringos un tratado de comercio libre, no nos incluyó en la lista de vapuleados con el alza actual de sus impuestos. Pero fuera de nosotros, a todos los que intercambian productos mercantiles con la gringada les aplicará impuestos recíprocos. Según entendimos, les devuelve la peonada, porque a su ver en tal intercambio mercantil esos vendedores le sacan a favor de ellos un porcentaje determinado de ganancia. Entonces, para emparejar las partidas, Trompas impone de manera unilateral este nuevo impuesto para que la economía gringa recupere tal diferencia en revirada. Y todos contentos.

Mas parece que no está bien planeteada la pichada y mucho menos bien tirada. A nosotros nos eximió por lo pronto. Ya se dijo esto en muchos modos y plataformas. Pero por ejemplo a sus muy amigos europeos los metió a la danza de tal reciprocidad. Es cierto que es apenas un impuesto del 10%. Pero es medida furtiva. Y no ha de entenderse bien ya en qué consista la cuatitud con los gringos entonces. Porque los europeos tienen hasta un contrato o alianza armamentística, al que denominan OTAN. El suscrito con México y Canadá viene de 1994. Pero el de la OTAN nació unos años después de la conclusión de la segunda guerra mundial, allá por 1948, si no andan mal nuestros recuerdos. Pues ellos sí pagarán este nuevo impuesto o arancel. O sea.

A los que señaló con más furia el bulldog de la Casa Blanca fue a los países asiáticos, empezando por China. A cualquiera se le hubiera ocurrido, antes de mirar los estropicios expuestos, que a Japón, a Corea del sur, a Taiwán y a otros les hubiera aplicado también una medida suave. A la hora de concluir la conflagración armada de la segunda guerra mundial, Japón fue sometido y es filial a la fuerza de la economía occidental, o gringa para decirlo claro. Corea del sur y Taiwán siguen siendo sus cabezas de playa frente a Corea del norte y a China. Se mantienen ahí los gringos con todos sus bemoles, para infiltrar e invadir, si es que lo pudieran hacer, a tales economías. Es otro formato de cuatitud, un tanto diferente al que mantiene con la OTAN, pero pacto a final de cuentas. ¿Entonces, por qué gravarlos con tal dureza?

Por lo pronto, ya le contestó China, con la premisa dura de los jugadores del poquer: como veo, doy. Los chinos sacaron la casta y dijeron que medirán sus intercambios con la misma vara. Era una reacción lógica y hasta esperada. Vemos que nadie en el mundo se extrañó de tal reacción, salvo el propio rubio descarapelado, quien calificó de reacción como pánico de sus grandes competidores orientales.

Lo que sí aparece complicada es la abrupta caída de las bolsas de valores. Los accionistas, especuladores financieros en serio, llevan tres días con números rojos. No se ve que vaya a mejorar la plana. Los medios ya reportan a este día como Viernes Negro. Lo comparan con otras caídas espectaculares pasadas. Hablan de pérdidas fabulosas. No es fácil entender un dislate de cinco billones y medio de dólares esfumados. Pero los que entienden de tales desplomes se encargarán de explicárnoslo con manzanitas y naranjas. Al menos eso estamos esperando, para seguir con nuestras rutinas tan quitados de la pena. Gracias por adelantado.

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