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¿Qué hacemos con los intelectuales en México?

¿Qué hacemos con los intelectuales en México?

El miércoles 15 de julio, 30 intelectuales publicaron un desplegado en un diario de la Ciudad de México en el que llaman a realizar una amplia alianza ciudadana que restablezca el verdadero rostro de la pluralidad en las elecciones intermedias de 2021.

Llama mucho la atención el diagnóstico que hacen los firmantes, porque pintan un país al borde del colapso económico y político, donde el presidente López Obrador lleva al autoritarismo y a la destrucción de las instituciones democráticas, “que tanto trabajo nos costó construir”.

Sus reclamos: López Obrador está asfixiando el pluralismo y concentrando el poder, está golpeando las instituciones autónomas, está usando el Covid-19 para acelerar la demolición del Estado.

Este lapidario diagnóstico lo hacen desde una visión corta de la historia, sin hacer un balance más amplio de nuestra política y economía, al menos de los últimos cuarenta años.

En el pasado inmediato al Ejecutivo no le era indispensable tener la mayoría en el Congreso de la Unión, dado que los partidos mayoritarios (PRI y PAN), casi siempre votaban las iniciativas que enviaba el presidente. Ahí está el ejemplo de la aprobación de las reformas estructurales en el sexenio de Peña Nieto, y que tras la detención de Emilio Lozoya sale a flote que muchos legisladores dieron su aprobación gracias a que recibieron dádivas de la Presidencia. Así que, ¿cuál pluralismo añoran los intelectuales que firman la carta?

La aprobación del los presupuesto de egresos en 2019 y, sobre todo, 2020, trajo una fuerte discusión en las cámaras, ya que se recortó presupuesto a organismos autónomos como el INE.

Durante su campaña, López Obrador repitió en muchas plazas públicas que si ganaba iba a impulsar una agresiva política de austeridad: eso es justamente lo que está haciendo. Los intelectuales nunca van aceptar que los ciudadanos votaron por esa política.

Este grupo no se hizo presente con desplegados durante los últimos gobiernos, en los que el derroche, la frivolidad y de plano el abuso del dinero público eran normales en el ambiente que se vivía en las dependencias federales. Resulta contradictorio que argumenten que López Obrador está usando la pandemia para impulsar una austeridad suicida, al mismo tiempo que alegan que el presidente está concentrando más poder. Con esto reconocen de forma implícita que ahora se tiene un Estado más fuerte, pero también más austero.

Alegan que López Obrador está gobernando con autoritarismo, cuando el presidente ni siquiera pudo lograr su propósito de que los consejeros del INE y demás organismos autónomos se bajaran el sueldo, tal como ahora lo establece la Constitución.

¿Los historiadores como Krauze o Aguilar Camín no son capaces de recordar lo que era realmente un gobierno autoritario en la época del PRI?

Resulta increíble la pobreza argumentativa de la treintena de intelectuales cuando dicen que se está concentrando más poder, puesto que eso es obvio. Todos los presidentes buscan concentrar más poder político,el problema es cómo y a través de qué medios lo hacen. Los mandatarios de antes lo hacían a través de personeros de Gobernación o de una Secretaría de estado: así doblegaban a gobernadores, senadores, diputados o periodistas.

Ejemplos de lo anterior abundan. Recordemos cómo Salinas sometió al sindicato petrolero cuando le sembró armas a Joaquín Hernández, alias la Quina, y con ello lo llevó a la cárcel, o cómo Peña Nieto sometió a Elba Esther Gordillo cuando ésta ya no le era útil a su proyecto de reforma educativa.

¿Por qué los intelectuales como Aguilar Camín no gritaron que estos presidentes nos estaban llevando al autoritarismo? Durante el largo período de gobiernos del PRI, ¿acaso no era costumbre que muchos gobernadores, “legal y democráticamente elegidos” eran “invitados” por el presidente a abandonar su cargo? Esta práctica casi siempre se hacía en lo “oscurito” y fuera de los medios de comunicación. ¿Los historiadores que firman el desplegado acaso no recuerdan esto?

Los intelectuales terminan su desplegado con un llamado a formar una amplia alianza ciudadana para que juntos con los partidos de oposición se forme un bloque que permita recobrar el “verdadero rostro de la pluralidad”. Es innecesario esa proclama, es evidente desde ahora que los grupos conservadores van hacer una alianza en contra del proyecto presidencial, por ello les urge que el nuevo partido de Felipe Calderón obtenga su registro, pero igual con el PAN se sentirán muy cómodos.

Varios de esos personajes que firman estaban en la nómina de los anteriores gobiernos, recibían raudales de dinero por la “compra de publicidad”. El actual gobierno cerró esa llave, por eso están muy enojados con el gobierno de López Obrador.

El problema de esos intelectuales es que no escriben desde el cerebro, sino desde el  hígado, no gozan de autoridad moral como para andar llamando a la unificación de la oposición. Muestran una enorme mezquindad y miseria, porque realmente no les interesa la democracia, la pluralidad o la defensa de las instituciones, lo que realmente los mueve es la restauración de los privilegios de los que gozaron antes. Aí no lograrán seducir a la población a unirse a su causa para la elección de 2021.

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Acerca del autor

Bernardo Jaén Jiménez

Economista, profesor e investigador del CUCEA, Universidad de Guadalajara.

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