¿Cómo llegó el Mundial a México? Seguramente no te lo dirán los jilgueros de la mediocracia de la televisión comercial. Mucho menos Emilio Azcárraga y el usurero de Salinas Pliego. Conforme a los convenios con la FIFA, Televisa tiene los derechos de transmisión a través de actos de corrupción.
Hay que recordar que Emilio Azcárraga está siendo investigado por el Departamento de Justicia de los Estados Unidos, donde está señalado por obtener los derechos de cuatro justas mundialistas: 2018, 2022, 2026 y 2030; cosa que tanto cacarean en la televisora del Tigre Jr. Sin embargo, en 2015, Jean negoció con el entonces presidente de la República, Enrique Peña Nieto, a quien habían impuesto, la firma de los precontratos con la FIFA para que les diera el Mundial de 2026.
En esos documentos, muy extensos, hay varios puntos importantes que habrá que rescatar: las exenciones fiscales amplias, que consistían en eximir del pago de impuestos, es decir ISR, a los fifos y subsidiarias, asociaciones, proveedores, contratistas y personas físicas relacionadas con la organización del evento. Es decir, nadie iba a pagar impuestos.
Estos acuerdos se extendían hasta 2028. ¡Impresionante!, si tomamos en consideración que se firmaron desde 2015. También pretendían eliminar todos los trámites; es decir, se pactó la eliminación de procesos de control y administrativos para las entidades relacionadas con la FIFA, para facilitar el libre tránsito en aduanas. O sea, entrada libre al país. Todo por debajo del agua.
De la misma forma, acordaron garantías jurídicas: establecieron que estas disposiciones eran jurídicamente vinculantes sin importar cambios de gobierno o modificaciones en las leyes mexicanas. Era una ley de 93 páginas que Peña Nieto firmó con Televisa y TV Azteca.
De la misma manera, el gobierno tenía que asumir costos. Los gobiernos federal, de la CDMX, Guadalajara y Monterrey quedaron comprometidos a absorber costos de organización que incluían seguridad y transporte público gratuito. ¡Gratuito!
Además, el gobierno se “comprometió” a renunciar al litigio: se estableció que México no tenía capacidad jurídica para reclamar a la FIFA en caso de cancelación de partidos y que los litigios se someterían a tribunales internacionales. Es decir, si los fifos decidían cancelar un encuentro en nuestro país, México no podía reclamar absolutamente nada.
Y si México cancelaba, la FIFA tenía todo el derecho de demandar en tribunales internacionales. La FIFA había establecido un Estado sobre otro Estado. Azcárraga y Salinas Pliego, el usurero, tenían planeado todo un negocio redondo para sus empresas bajo la complicidad de Enrique Peña Nieto y las huestes prianistas. Pero el tiro les salió por la culata.
De todos es conocido que las elecciones las perdieron y que ganó un presidente que, desde el primer momento de su administración, eliminó la condonación de impuestos en todos los órdenes. Incluso, de muy buena fuente del gobierno nos confirmaron que el documento era bastante leonino y que solamente beneficiaba a las televisoras y al organismo futbolístico.




