Alberto Osorio

03 de agosto de 2022.- A simple vista la acción parece un sacrilegio en contra de San Antonio de Padua, el santo patrono en el municipio que representa el corazón de la literatura rulfiana, en el municipio de Tuxcacuesco y al que se le atribuye el don de ayudar a encontrar pareja a las mujeres solas, visto como un milagro en una tierra donde por temporadas escasean los hombres, por los efectos de la migración a los Estados Unidos.

El sonido de un taladro encendido golpea los oídos de los presentes y el ronroneo de esa máquina rebota en los altos muros del interior de la iglesia en Tuxcacuesco. Ahí la imagen de San Antonio de Padua, es sometida al peritaje, que llevan a cabo dos expertos en restauración de arte sacro. Esos hombres llegaron a Tuxcacuesco procedentes de Guadalajara.

Uno de ellos en menos de 10 segundos saca a relucir una amarga verdad y deja al descubierto una estafa ocurrida contra los creyentes católicos, en esa parte de la región de la Sierra de Amula de Jalisco.

En unos cuantos segundos la bronca de un taladro penetra la anatomía del santo, entre la nuca y el cuello y de inmediato se descubre que el San Antonio de Padua que por décadas adoraron los feligreses en Tuxcacuesco fue reemplazado en forma criminal por una réplica de menor valor artístico, histórico y patrimonial. La imagen original salió del templo con el pretexto de ser llevada a una restauración, pero ahora se comprueba que el santo que regresó no es el mismo que salió.

La noticia se corre en forma rápida en Tuxcacuesco un municipio de menos de 4 mil habitantes, en una de las poblaciones tremendamente golpeada por la guerra cristera en la segunda mitad de la década de los años veinte del siglo pasado y en una comunidad tradicionalista y de profundas raíces católicas.

Con gran tristeza los habitantes del pueblo de Tuxcacuesco descubren que le cambiaron al santo y que el San Antonio de Padua que salió para ser restaurado no es el mismo que se les regresó.

Después de la terrible noticia que sacude a los creyentes católicos en Tuxcacuesco sólo quedan peguntas sin respuestas: ¿Quién autorizó la salida del santo?, ¿a quién se le encargó la restauración? ¿Cuánto se pagó por ese trabajo?, ¿qué pasarán con las peticiones de milagro que recibió el santo impostor?

¿Qué pensarán los paisanos que en las pasadas fiestas patronales vinieron de Estados Unidos a adorar o pedirle el milagro a un santo pirata o que se hincaron a una imagen de un San Antonio que, no es el mismo que ellos conocieron?

¿Qué pasará con el San Antonio hecho de resina de bajo costo y que carece con alma de madera para evitar que se le caiga la cabeza, tal como advierten los restauradores de arte que visitaron Tuxcacuesco?

¿Será Tuxcacuesco el único lugar en donde existe evidencia de saqueo de arte sacro en el sur de Jalisco?

¿Alguna autoridad en la iglesia católica castigará esa estafa, si se comprueba el fraude o todo quedará como una tragicomedia que podría ser interpretada como una prueba de Dios por los pecados cometidos?

Comentarios