A partir de esta semana, Partidero publica los jueves la columna invitada de Alex Izán Hernández, desarrollador tecnológico y coordinador del Observatorio de Violencia Social y de Género de la Red Lésbica Cattrachas. En este primer espacio, Hernández propone una lectura crítica sobre la inteligencia artificial desde una perspectiva feminista y de diversidad, analizando cómo la tecnología, lejos de ser neutral, puede reproducir o desafiar las desigualdades estructurales de nuestras sociedades.
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Hablar de inteligencia artificial suele venir acompañado de palabras como innovación, eficiencia y futuro. Yo mismo trabajo con tecnología: escribo código, pruebo sistemas y entiendo su potencia. Pero también soy feminista, y desde ahí no puedo evitar hacerme una pregunta incómoda: ¿qué tipo de mundo estamos programando cuando diseñamos inteligencia artificial sin mirar las desigualdades que ya existen?
Desde lo técnico, la IA no es magia. Son datos, modelos y decisiones humanas. Y ahí está el punto clave: los algoritmos aprenden de lo que les damos. Si los datos provienen de una sociedad machista, cisheteronormada, racista y excluyente, la tecnología no solo reflejará esos sesgos, sino que puede amplificarlos bajo una apariencia de objetividad peligrosa. El código parece neutral, pero no lo es.
Como desarrollador diverso, sé lo que significa no encajar del todo en los espacios tecnológicos tradicionales. La industria tech sigue estando dominada por hombres blancos, cisgénero, del norte global. Esta falta de diversidad no es solo un problema de representación; es un problema de diseño. Cuando siempre programan los mismos, los sistemas terminan pensados para los mismos cuerpos, las mismas experiencias y las mismas vidas, dejando fuera a mujeres y personas LGBTTI.
Desde una mirada feminista, la inteligencia artificial plantea alertas urgentes y concretas. Algoritmos de discriminación que afectan de manera directa a mujeres y personas LGBTTI en procesos de contratación, acceso a crédito, educación y servicios públicos. Sistemas de vigilancia que criminalizan identidades disidentes, que controlan y castigan con mayor severidad los cuerpos feminizados y no normativos. Tecnologías de reconocimiento facial que fallan con personas trans y personas no binarias. Asistentes virtuales diseñadas con voces femeninas, dóciles y sumisas, que reproducen la expectativa histórica de servicio y obediencia impuesta por el patriarcado, incluso en el mundo digital. Nada de esto es casual. Es patriarcado y cisheteronorma con infraestructura tecnológica.
Pero también escribo desde la esperanza. La IA no es el enemigo. El problema no es la tecnología, sino cómo y para quién se construye. Desde el feminismo y la diversidad, podemos disputar ese espacio. Podemos exigir ética en los algoritmos, participación real de mujeres y personas LGBTTI en el desarrollo tecnológico, datos responsables, enfoques interseccionales y decisiones transparentes. También podemos usar la inteligencia artificial para detectar violencias, reducir brechas y ampliar el acceso a derechos, información y justicia para quienes históricamente han sido excluides.
Como persona técnica, feminista y diversa, creo que el verdadero avance no está solo en crear sistemas más rápidos o más inteligentes, sino en crear sistemas más justos. Humanizar la tecnología implica entender que cada línea de código tiene un impacto real en la vida de las personas. Y si la IA va a moldear el futuro, ese futuro no puede seguir replicando las exclusiones del pasado.
El feminismo en tiempos de inteligencia artificial no es una moda ni una exageración. Es una postura política, técnica y ética. Es decir con claridad que no queremos un progreso que siga dejando atrás a mujeres y personas LGBTTI. Porque una inteligencia artificial sin perspectiva de género y diversidad no es neutral: es cómplice.
Y como desarrollador diverso, no puedo ni quiero separar lo que programo de lo que soy. Me niego a construir tecnologías que reproduzcan exclusiones o silencios. El código crea realidades, no solo sistemas. Y si el futuro se está programando ahora, yo elijo hacerlo desde la justicia, la diversidad, el feminismo y la dignidad humana.
Alex Izán Hernández
Coordinador del Observatorio de Violencia Social y de Género
Red Lésbica Cattrachas
alexizanhn@gmail.com
www.cattrachas.org
