Hay muertes que duelen.
Pero hay muertes que también revelan quiénes somos como sociedad.
En Honduras, hablar de muerte es también hablar de impunidad.
De expedientes que no avanzan.
De vidas que no importan lo suficiente para el Estado.
De violencias que se repiten hasta volverse paisaje.
Desde el año 2009 hasta hoy, 165 personas trans han sido asesinadas en el país.
De esos casos, solo 20 han obtenido sentencia condenatoria.
Eso no es justicia.
Eso es impunidad.
Apenas un 12% de los casos llega a una condena.
El resto —casi el 88%— queda en el abandono, en el silencio, en el olvido institucional.
El 13 de marzo de 2026, el cuerpo de Sandy Giseel Guzmán fue encontrado sin vida en Tegucigalpa.
La muerte de Sandy Giseel Guzmán no solo expuso una violencia letal; también dejó al descubierto algo aún más incómodo: el morbo con el que muchos medios decidieron contar su historia.
No hablaron primero de su vida.
No hablaron primero de la violencia sistemática que enfrentan las personas trans en nuestro país.
No hablaron de un Estado ausente.
No hablaron de una sociedad que normaliza el odio.
Hablaron de su cuerpo.
Hablaron de lo “bonita que era”.
De lo “atractiva”.
De lo “difícil de creer que era una mujer trans”.
Como si su humanidad necesitara ser validada por su apariencia.
Como si su valor dependiera de qué tan “aceptable” resultaba para los ojos de quienes la observaban.
Ese es el morbo.
Un morbo que en Honduras no es inocente.
Es parte de la violencia.
Es parte de la deshumanización.
Es parte de una cultura que nos expone, nos cuestiona y luego nos abandona.
Un morbo que convierte nuestras vidas en consumo público.
Un morbo que reduce a las mujeres trans a espectáculo.
Un morbo que insiste en preguntar, con violencia disfrazada de curiosidad:
¿pero de verdad era trans?
Y en esa pregunta hay una herida profunda.
Porque detrás de esa incredulidad vive una idea peligrosa:
que las mujeres trans no deberían existir,
o que solo pueden existir si encajan en una fantasía de belleza que tranquilice a quienes las miran.
Pero Sandy Giseel Guzmán no era una curiosidad.
No era un titular morboso.
No era una historia para alimentar el sensacionalismo.
Era una mujer.
Una mujer con nombre.
Con historia.
Con sueños.
Con una vida que importaba.
Y también era profundamente amada.
Giseel era querida por su familia, en un país donde muchas veces a las personas trans se les niega incluso algo tan esencial: el reconocimiento.
En su hogar, su identidad no fue motivo de rechazo, sino de amor.
Su hermana la recuerda con una ternura que duele y abraza al mismo tiempo.
La nombra con orgullo.
La recuerda con cariño.
Habla de ella no desde el morbo, sino desde el amor profundo que sobrevive incluso a la violencia.
Y eso también es importante decirlo.
Porque Giseel no solo fue víctima.
Fue hija.
Fue hermana.
Fue familia.
Fue amor.
Y sí, era hermosa.
Pero su belleza nunca debió ser la noticia.
La noticia —la verdadera— en Honduras es que las mujeres trans siguen siendo asesinadas en contextos de violencia, odio e impunidad.
La noticia es que nuestras muertes rara vez encuentran justicia.
La noticia es que nuestras vidas siguen siendo tratadas como prescindibles.
La noticia es que la vida de Giseel también importa.
Por eso hoy la nombro como merece ser nombrada:
Sandy Giseel Guzmán.
Porque en un país que intenta borrarnos, nombrarnos es resistir.
Porque nosotras y nosotros no vamos a repetir el morbo.
Vamos a repetir su nombre.
Porque nuestras vidas no son espectáculo.
No son curiosidad.
No son excepción.
Nuestras vidas importan.
Y también importan nuestras muertes, nuestras historias, nuestras memorias.
Que este país la recuerde con dignidad.
Que la justicia deje de ser una promesa vacía.
Que la impunidad deje de ser la regla.
Y que algún día, en Honduras, cuando una mujer trans sea noticia,
no sea por la violencia que la arrancó de este mundo…
sino por la vida que pudo vivir plenamente.
Por la vida que merecía.
Por la vida que le fue negada.
Alex Izán Hernández
Coordinador del Observatorio de Violencia Social y de Género
Red Lésbica Cattrachas
alexizanhn@gmail.com
www.cattrachas.org




