Rigoberta Menchú llama a niñas y adolescentes indígenas a mantener lucha

Lunes 1 de noviembre.- Como parte del programa FIL Pensamiento de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) 2025, se llevó a cabo la mesa “El poder de las voces indígenas: niñas y adolescentes indígenas como agentes de cambio”, un espacio dedicado a reflexionar sobre los retos, aportes y liderazgo de las niñas indígenas en la preservación cultural y en la lucha por la justicia social en sus comunidades.

Organizada por el Centro de Estudios Estratégicos para el Desarrollo (CEED) del CUCSH, la mesa contó con la participación de la Premio Nobel de la Paz 1992, Rigoberta Menchú; el representante de UNICEF en México, Fernando Carrera; la joven promotora cultural mazahua, Natalia Velázquez Ramírez; la artesana wixarika, Anahí Carrillo Reza, y el director del CEED, Omar Avilés, quien fungió como moderador. La charla fue inaugurada por la Rectora General de la UdeG, maestra Karla Planter Pérez, quien destacó la riqueza cultural del país e invitó a la sociedad a acercarse a realidades que suelen percibirse como ajenas.

Rigoberta Menchú abrió el diálogo con un mensaje de aliento para las nuevas generaciones, llamándolas a continuar la lucha por la dignidad de los pueblos originarios y a no permitir condiciones indignas. También señaló la necesidad de derribar estructuras coloniales que dificultan el acceso a la educación y la representación en espacios artísticos, educativos y de toma de decisión.

Por su parte, Fernando Carrera insistió en escuchar con respeto y en reconocer la fuerza de las voces indígenas sin caer en prácticas paternalistas. En su intervención, Natalia Velázquez, de 16 años, reflexionó sobre la discriminación que enfrentan las juventudes indígenas y aseguró que no abandonará sus raíces ni su lengua pese a los obstáculos. A su vez, Anahí Carrillo, de 13 años, compartió su experiencia de desplazamiento y su deseo de convertirse en abogada para defender a su comunidad.

La sesión concluyó con un llamado de Menchú a las juventudes para involucrarse activamente en la vida política, cultural y comunitaria, subrayando que las decisiones del presente marcarán el futuro de los pueblos originarios.

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