Saludo de fin de año

Juan M. Negrete

Suele dársele a los días de fin de año un tratamiento especial, como de recapitulación. Es ejercicio conocido. Todo mundo busca a familiares y amigos o da por hacerse encontradizo de su gente más cercana y conocida, para abrazarse con ellos y desearse un nuevo año exitoso. Bajo esa dinámica tan popular conviene entonces enviarle, a todos los que sufren el empacho de leer algunos de los textos de este redactor, un saludo cordial, parabienes y los mejores deseos para que el año próximo se les concedan sus más caros anhelos. Incluso se les desea que se les cumplan hasta los más ambiciosos. ¿Por qué no? Lo respalda el hecho de que estamos en buena vibra.

Aunque creo que este juicio de la buena vibra no puedo hacerlo extensivo. Revisando y concluyendo pases de lista, resalta por ejemplo la tragedia sufrida por la pareja política de Rafael Moreno Valle y su esposa doña Érika. Como fue noticia nacional, la primera plana en los medios por los días navideños, no obliga ocuparse de los detalles de ese accidente aéreo. Lo damos por archiconocido y pasamos adelante. Lo que sí vino a resultar novedosa fue la cascada de opiniones y comentarios. Unos, sensatos, los menos; otros, descabellados, los de la inmensa mayoría de usuarios de las redes sociales. Los hay despistados y hasta indiferentes, porque la vida ha de continuar. Así que la postura de la buena vibra no se cumple a cabalidad, o al menos no para todos los que intercambiamos saludos y parabienes por las fechas que corren.

Este helicopterazo pasará a nuestros anales como uno de los especiales, como suelen ser los accidentes trágicos de los llamados magnicidios. La esperanza de muchos apunta a que sí sea investigado a fondo y que se nos esclarezcan las causas veraces que lo provocaron. No se puede adelantar que fue una mera falla mecánica, como tampoco se le ha de dar vuelo a las pistas conspiracionistas nada más. Hay que esperar a que los peritos que se ocupan de tales menesteres hagan su trabajo y nos den a conocer el resultado de sus investigaciones.

Sea el resultado cual fuere, en su momento notaremos la diferencia entre los gobiernos que tuvimos y el que tenemos, si la hay. Si se repiten los vicios de las medias verdades, del tortuguismo en la investigación, de las tinieblas inducidas al público, de la reproducción de ‘verdades históricas’, como la del crimen en el que perdió la vida el cardenal Posadas en el aeropuerto de Guadalajara, o la que nos recetó Murillo Karam sobre la desaparición de los 43 muchachos de la normal de Ayotzinapa, sabremos si el cambio tan prometido es tangible y contaremos con él o si tendrá que ser mirado con mejores anteojos.

Muchos, que nos entretuvimos por estos días en las redes sociales revisando los avatares de tan fatal accidente, nos vinimos de espaldas por la recarga tan intensa de pólvora, los infundios y la mala leche expuesta en una gran cantidad de los intercambios. Aún los más maliciosos, como solemos perfilarnos los comunicadores, fuimos rebasados con estas exposiciones. Es fenómeno novedoso ante el que no podemos permanecer indiferentes. De ahora en adelante debe ser tomado en cuenta. Ciertamente sabemos que no hay bozales ni controles en el mundo bogante de las opiniones internautas. Cada quien habla y escribe lo que le venga en gana, lo reduce o amplifica a su mejor y real encono. La masa de opiniones fluye y se atora, sin que nos queden claros todavía sus parámetros de funcionamiento.

Esto último lo escribo a partir de un desconocimiento personal de semejantes procesos de medición. Y también hago extensiva esta ignorancia al gran público, sin cerrarme a la posibilidad de enterarnos de que sí haya equipos y gentes que se entretengan en los pliegues y repliegues de una nueva realidad comunicacional. Si hay conocedores profesionales que queman su pólvora y dedican su atención inteligente en conocer y desmenuzar estas nuevas variables, sabemos que serán generosos con los ignorantes, como ha ocurrido en otros momentos en otros espacios del saber.

Con el paso de los días los conocedores ponen a disposición del dominio universal sus avances y descubrimientos. Podemos pues abrigar la esperanza de que pronto aparezcan quienes nos retiren de los ojos las pesadas vendas que ocultan la luz sobre lo nuevo que aporta el avance tecnológico en cosa de comunicaciones. Aprenderemos sus nuevas formas de medición y tendremos respaldo para sopesar las opiniones y los juicios masivos. Nos parece que por hoy interviene todo mundo sin orden, ni concierto. Es juicio lanzado desde la más supina ignorancia, que no durará. Es deseo de año nuevo, de los muchos que ponemos en la canasta de los anhelos por encontrar pronto realizados.

Estamos a mitad del período vacacional. Los que atraviesan ríos, cuando tienen tentación de regresarse, dicen que da el mismo trabajo volverse o terminar la travesía. El buen sentido les aconseja seguir adelante. Así con nosotros. La dura realidad nos previene con la conseja aparte de que no nos queda otro remedio. Para bien o para mal, seguiremos avanzando, registrando logros y tropiezos. No tiene sentido retroceder si no se puede hacerlo. Nos seguiremos mirando entonces en los mismos senderos y vericuetos por los que transitamos todos los días. Esperamos que a todo mundo le vaya bien, aunque sepamos por vieja experiencia que no ocurre siempre así. El deseo es universal y con eso nos quedamos por ahora. Un abrazo cordial a todos nuestros lectores y feliz año venidero, 2019. A darle pues, que es mole de olla.

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