Sandeces veraces de Trump

Sandeces veraces de Trump

Juan M. Negrete

Este día sábado, 26 de septiembre, se cumplen doce años de la desaparición alevosa de los 43 muchachos normalistas de Ayotzinapa. Hasta la fecha no se les ha dado ni a sus familiares, ni a los paisanos, que somos todos los mexicanos, una explicación satisfactoria de lo acontecido. Mucho menos se da el hecho de que los dolientes familiares hayan recibido ya sus cuerpos, si es que acaso la rueda de la fortuna haya dictaminado de que tales víctimas del desastre hayan perdido la vida.

Se impondría entonces que le dediquemos en este espacio al menos un memorandum a hecho tan ignominioso. Pero como el gobierno de la presidenta Claudia anunció que se ocupará del asunto en los primeros dos días de la semana que entra y como se nos previene que habrá novedades, nos esperaremos entonces a  que venga lo que viniere y le metemos escalpelo a lo que nos ofrezcan tales informes. Es la rutina de nuestro oficio periodístico y esperemos que haya tela de dónde cortar. Así que estamos entrados.

Pero en tanto nos llegan tales novedades, habrá que detener la lupa en los acontecimientos más sonados y relevantes que vivimos en la presente semana. Es obvio que lo que se estuvo llevando las candilejas y acaparando la atención de todo mundo vino a ser lo de las comparecencias de los muchos jefes de estado que pululan por el planeta. La famosa ONU, que agrupa a casi doscientas naciones, programa para cada año estas sesiones, donde les pone los micrófonos a los capos más destacados de los gobiernos en el mundo. Y estos señorones no se hacen del rogar. Acuden y sermonean de lo lindo a los presentes, que son, como auditorio, los demás jefes de estado y sus funcionarios aledaños.

Habrá que aclarar que no siempre acuden todos los jefes, presidentes o monarcas. Es costumbre que varios de ellos envíen a sus representantes, quienes hablan a nombre de quien encabeza su gobierno. El mensaje que se envía posee por tanto el mismo valor que si lo recitara el titular. Son valores entendidos por los presentes y también por el auditorio virtual que da seguimiento a sus peroratas.

En el caso concreto de nuestro país, la señora Claudia no asistió en persona. Pero nuestro secretario de Relaciones Exteriores lo hizo por ella y fincó la postura oficial de nuestro país. Dio el pronunciamiento en torno a los temas más sentidos que fueron manejados por estos días en tan encumbradas asambleas y el agua sigue corriendo por abajo de los puentes. Mañana retorna la calma y zapatero a tus zapatos.

Los que se llevan siempre las palmas, así sean aplausos o abucheos, son los capos de los países más poderosos. Tiene que serlo, no en balde ocupan tales escaños. Y como en el caso actual tenemos líos tan candentes, como la riña por el estrecho de Ormuz, la guerra en Ucrania a la que no se le ve fin, el bloqueo a Cuba por parte de los gringos, que no entienden razones andando en la borrachera, y algunas ampollas dolorosas de más, escucharles a los mandatarios chinos, rusos y gringos su postura en torno a tales líos siempre nos tiene con el jesús en la boca. Tal vez no se aparezcan con la panacea en las manos, pero de lo que digan podemos entrelazar planes y esperanzas.

Metidos en tales dinámicas, al que escuchamos como primer orador destacado fue al güero desabrido que gobierna a los gringos. Donald Trump salió a palestra como ya nos tiene a todos acostumbrados y soltó su indigesta perorata, cuyo contenido discurre siempre por los mismos cauces: paranoia, soberbia, egoísmo y desprecio. Los ramalazos en uno y otro sentido también nos son de sobra conocidos.

En su discurso ante la Asamblea General de la ONU se soltó el pelo y nos endilgó cuanta mafufada se le puso enfrente. Pero nos interesa revisarle con cierto cuidado lo que nos recetó a los mexicanos, al referirse a nuestras cosas, vecindad y buenas maneras, que no son nuestro fuerte. Nos volvió a culpar de los problemas de adicción que padecen sus conciudadanos. Aseguró que nuestro país es “el epicentro” de la violencia de los cárteles del narcotráfico en América Latina. Dijo más leperadas y afirmaciones gratuitas a las que los medios le dieron difusión como les vino en gana. Pero no las vamos a repetir, porque como cantaba José José: hasta la belleza cansa, que no nos fatigue oir tanta basura.

Mas donde no se midió, a nuestro parecer, fue en el párrafo en donde afirmó que nuestro gobierno le tiene cedido el control del territorio a “los enemigos de la humanidad”. Suena a una afirmación descabellada y fuera de tono. Pero si nos detenemos a revisarla con cuidado, esta vez habría que concederle razón. Y no se necesita manejar muchos elementos para hacerlo. Tal vez le traicionó el subconsciente y por fin soltó una verdad como una catedral.

Si nos ponemos a revisar los mapas originales, desde cuando todavía no éramos una república independiente, de cuando se nos llamaba Nueva España, el territorio mexicano se expandía hasta la península de la Florida hacia el oriente y hacia el norte comprendía casi la totalidad de los actuales estados sureños de la unión americana. Pero primero con la guerra por la independencia de Texas y luego con la invasión de todo lo demás en 1847, los gringos se nos metieron hasta la cocina y viven posesionados de todos estos espacios, de los que todo mundo aceptaba que eran de nuestra propiedad y posesión.

Ahora ya no están bajo dominio y control nuestro. Ahora están en manos de “enemigos de la humanidad”. Lo revelador viene a ser pues que quienes tienen en su mano el control de estos espacios son ellos, los gringos. Y es la primera vez que leemos (o por lo menos lo hace este redactor), que su propio vocero oficial declame que son ellos mismos esos tales enemigos de la humanidad. Aquí no se desmiente a nadie.

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