Se acabó hasta el agua

Con el afán de entregar un oficio con exigencias del plan de Justicia para Temacapulín, Acasico y Palmarejo, acudimos al Palacio de Gobierno del Estado de Jalisco. De paso llegamos al Sagrario Metropolitano, «La primera parroquia de Guadalajara», y… cuál fue nuestra sorpresa: la concha donde se coloca el agua bendita para los peregrinos y visitantes estaba totalmente seca. Claro que honestamente eso pasa en muchos templos; por motivo de higiene se retira el agua o, si hay una buena organización, se está continuamente cambiando y rellenando.

Pero traemos esta anécdota a esta columna para dar seguimiento al tema de la crisis del agua en Guadalajara. No faltan los memes y los chistes. Pero para que no se apure por la pila vacía, del otro lado de Catedral se ofrece agua bendita embotellada. No sé si se pida una ofrenda voluntaria por el agua, pero entiendo que es parte de la cultura generalizada en México de comprar, vender u ofrecer agua embotellada en todo momento en escuelas, iglesias, hospitales, oficinas, restaurantes y múltiples establecimientos.

Se cree ciegamente que el agua embotellada está limpia y adecuada para hidratar nuestro organismo. El vidrio y otros recipientes han caído en desuso para dar paso al unicel —cuyo nombre técnico es poliestireno expandido (EPS), un plástico espumado compuesto por 95 % de aire y 5 % de materia prima derivada del petróleo que se usa mucho para vasos desechables, empaques y aislamiento por ser muy ligero y conservar bien el calor o el frío— y al PET (tereftalato de polietileno), un tipo de plástico muy usado en botellas de agua, refrescos y envases de comida que es ligero, duro, transparente y se puede reciclar por completo.

Agua embotella. Autor: Felipe Fuentes.
Agua embotella. Autor: Felipe Fuentes.

En este momento no vamos a entrar en detalles, pero sabemos que de entrada el agua embotellada es una forma de privatización y desde luego nos hace creer inconscientemente que no tenemos derecho a que a nuestra casa llegue agua potable. Nos acostumbramos a que las autoridades nos engañen pensando que invirtiendo dinero en megaproyectos todo se va a solucionar por arte de magia.

Por eso reconocemos el esfuerzo de colectivos y población en general que acudió a la marcha del pasado domingo 23 de agosto del Parque Rojo al Zócalo tapatío y a quienes organizaron el festival del AGUA KAKA. Sin embargo, lo que se llamó megamarcha aglutinó muy pocas personas comparando la población afectada con el agua podrida que llega a miles de hogares.

Y mientras los microplásticos se incrustan en nuestros organismos y las industrias contaminan los cuerpos de agua de manera homicida, las soluciones no llegan porque las autoridades de Jalisco hacen oídos sordos. Y si GUADALAJARA NO DESPIERTA de su indiferencia cómplice, podrá haber agua bendita, pero nunca agua potable. Purifiquemos a Guadalajara de la OBESIDAD, volvamos a la raíz, regresemos a nuestra «agua» de origen y disfrutemos la vida.

FOROS, MARCHAS, ENCUENTROS, CARAVANAS, PLANTONES, MESAS DE DIÁLOGO, SEMINARIOS, TALLERES, ESCRITOS, CONFERENCIAS, ETC…

Todo eso ayuda, pero no basta. Se necesitan decisiones radicales que transformen la manera de concebir el agua y su gestión, donde participen niños, jóvenes, adultos, personas de todos los niveles socioeconómicos, políticos, empresarios, investigadores, campesinos, profesionistas… y desde otra perspectiva, la flora y la fauna, todo el universo de seres que necesitan del agua para existir, o ¿quién no necesita del agua? Si la Tierra es nuestra madre, el agua es el fluido en el vientre en el que nos gestamos para trascender.

¡Ánimo, es momento de que el agua nos haga trascender!

Gabriel Espinoza
Gabriel Espinoza Íñiguez nació en Cosolapa, Oaxaca, el 30 de agosto de 1968. Es hijo de padres campesinos y comerciantes, Cesario Espinoza y Librada Íñiguez, ambos originarios de Temacapulín, Jalisco. Estudió Filosofía y Teología en el Seminario Conciliar del Señor San José, en Guadalajara. Ejerció como sacerdote de 1995 a 2015. A partir de 2015 solicitó dispensa a la Santa Sede y realizó un intenso trabajo social en rechazo a la presa El Zapotillo y a la privatización del agua. Diseñó la campaña permanente Volvamos a la Raíz y cursó la maestría en Desarrollo Rural en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco. Actualmente trabaja en proyectos de soberanía alimentaria y medio ambiente, y colabora en iniciativas con la Universidad de Guadalajara, en el Centro Universitario de los Altos (CUAltos).