Similitudes y divergencias entre Alfaro y “ya sabes quien”

Partidiario

Criterios

Guardada toda distancia y proporción, Enrique Alfaro Ramírez se enfrentará en Jalisco a problemas muy semejantes a los que tiene enfrente el presidente Andrés Manuel López Obrador, heredados, en ambos casos, por el destrozado PRI.

A nivel nacional, Enrique Peña Nieto dejó un país, y sus habitantes, sumidos en la  inseguridad,  la violencia, la corrupción, la impunidad, la desesperanza y la fe perdidas en las autoridades.

En Jalisco pasa casi exactamente lo mismo, e igual que a nivel federal también, con obras inconclusas o simplemente prometidas.

Aquí, en todo el sexenio no se concluyó la construcción de la tercera línea del Sistema Tren Eléctrico Urbano (Siteur) en la que intervino la muy cuestionada Secretaría de Comunicaciones y Transportes de Gerardo Ruiz Esparza. Será, tal vez, hasta dentro de ocho, diez o doce meses que se termine y entre en servicio. Igual pasa con otras obras públicas, vialidades, agua potable y alcantarillado, etcétera.

En materia de violencia e inseguridad no se diga. El crimen organizado en sus diferentes manifestaciones que van desde el narcotráfico, el huachicoleo hasta el robo de autos y casas habitación, hasta la desaparición forzada de personas, ejecuciones y masacres aún de policías.

Lo peor: Jorge Aristóteles Sandoval sabiendo lo que ocurriría –lo dijo en marzo pasado que vendría una ola de violencia- hizo nada o muy poco. Sus “volantas de seguridad” fueron más propaganda que actividad y menos efectividad.

En su sexenio  de cinco años y nueve meses -se adelantó la toma de posesión del primero de marzo de 2019 a este 6 de diciembre de 2018 para acortar la distancia de las elecciones empatadas con las federales-, se registraron, hasta el día de ayer, 7mil 11 homicidios dolosos, o sea casi 2mil 300 más que en el gobierno anterior, de acuerdo con los número manejados en partidero.com por Gloria Reza.

Ahora Alfaro promete enfrentar la inseguridad “con determinación” y dice que si lo que buscan es amedrentar, no lo lograrán.

Dentro de su plan, ese es el primer reto y para eso promete una Fiscalía General autónoma y una limpieza general del Poder Judicial, muchas veces evidenciado de corrupto.

Además se compromete a terminar obras inconclusas como el Sistema Purgatorio para dar agua a la zona metropolitana, construir la cuarta línea de Siteur, un tranvía y el Peribús, sanea el río Santiago, cuyas plantas de tratamiento funcionan a medias o no operan; revisará los malos manejos en el Instituto de Pensiones y Jubilaciones y que desaparecerá con el reparto de cuotas partidistas, entre otras acciones.

Sin embargo, muchas de sus promesas podrían no cumplirse, o quedarían a medias, si antes no establece una vía expedita y franca con AMLO antes que chocar con él como ya ha ocurrido en los preámbulos de la asunción al poder. Entre éstos tendrá que resolverse, para bien del estado, su confrontación por la designación del delegado plenipotenciario quien tendría, o tendrá, todos los recursos de la federación.

Hace cinco meses escribí aquí (4 de julio), que López Obrador y Alfaro “son tan parecidos pero divergen y están peleados. Ambos, al principio, caminaron juntos por la misma senda de la política y hasta parecían bien avenidos. Desde antes de las campañas políticas se distanciaron, se contrapusieron.

“El particular carácter de cada uno, tan

contrarios a la autocrítica y tan susceptibles a la crítica de la opinión pública; autoritarios en el fondo; apasionados de la política, persistentes, tercos u obstinados hasta el fin, lo que tan puede ser una cualidad como un defecto –todo depende del manejo de su consciente o de su inconsciente; megalómanos con aquello de la Cuarta Transformación y lo de la refundación de Jalisco”.

Esos serían los problemas a eliminar entre el presidente y el gobernador para que las cosas caminen bien y los problemas se resuelvan.

¿Lo harán? ¿Antepondrán los intereses de todos sobre sus respectivos egocentrismos y autoritarismos?

Estamos para constatarlo.