Sobre lo dicho por Anaximandro

Sobre lo dicho por Anaximandro

Alfonszo Rubio Delgado

Tendencias filosóficas van y vienen a lo largo y ancho del planeta. Sin embargo, lo apuntado por los primeros filósofos, suele tornarse inamovible. Las corrientes filosóficas maduran. Muchas veces, lo que parecía verdadero, se torna oscuro. No cubre las expectativas. Los métodos propuestos por los grandes filósofos, no alcanzan a abarcar el universo cognitivo. Lo cual se entiende por la propia evolución del conocimiento. Se quedan, por lo general, alimentando mentes empequeñecidas. Éstas, con algunos arreglos teóricos, logran montar sus sistemas filosóficos. Los cuales difícilmente llevan a conocer algún conocimiento trascendente.

Lo dicho en su momento y su tiempo por el gran Anaximandro, es destacable. Pues muchos afirman, ex cátedra, que a él, no le conocieron Darwin ni Lamarck. Cosa que podemos considerar ficticia. Al contar con una cultura tan amplia, desconocer a Anaximandro, significaba ser un ignorante cuasi total.

Luego, tenemos los estudios hechos por los grandes naturalistas. En ellos nos sugieren la evolución de las especies, incluida la del ser humano. Aunque, con ello no estuviese en total acuerdo el gran Anaximandro. Este proponía otra posibilidad. “El hombre surgió de un pez “. El Ambulocetus (ballena andante que nada) fue un animal antepasado de las ballenas. De acuerdo con las ciencias naturales, este animal caminó sobre la tierra.

A su vez, nadaba en el mar. Supuestamente ocupaba ambos elementos para evadirse de los depredadores. Parecido físicamente al hipopótamo. Finalmente, su estructura ósea y corporal se adaptaron a la vida marítima. Quedando pocos vestigios en él, de lo que fue el animal terrestre.                   Ahora bien, el ser humano biológicamente hablando, guarda muchas coincidencias con los delfines. El genoma humano y el del delfín son muy similares. No idénticos, ciertamente, pero aquí es donde radica la controversia. Al encontrar una posibilidad, el ancestro común de los hombres y los delfines, debió salir del mar. Aunque no de forma tan “radical”. Encontrando un desarrollo diferente, la versión humana y la acuática.

En su lucha por sobrevivir, la versión humana, logró más progresos. Su corteza cerebral encontró especialización más aguda. También es probable que, como le ocurrió al Ambulocetus, homínidos se hayan adaptado a la vida marina. Ellos, por razones parecidas a aquellos, pues en las aletas, los delfines, cuentan con estructura ósea similar a la del ser humano.

Lejos de ser una mera doxa, la teoría de Anaximandro iba más allá. Hay voces que defienden una existencia mucho más evolucionada y tecnologizada que la nuestra. Existen dudas, y lo muestran textos antiguos, sobre humanidades que han tenido niveles de conocimiento muy elevados. Platón lo afirma cuando habla de la Atlántida. El libro bíblico de Ezequiel sugiere una tecnología demasiado elevada para la humanidad presente en esa época.

Los vestigios arquitectónicos de la India, Egipto y de nuestro país sugieren la intervención de una tecnología superior para realizarlos. De la misma forma, Anaximandro dispuso de un conocimiento superior, basado en una realidad que hoy, con toda nuestra sabiduría, apenas vislumbramos. Salimos del mar o nos metimos en él. He aquí un dilema que nos hermana con nuestra naturaleza y un Spinozismo eminente.

¡Saludos amig@s!

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