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Trotsky asilado por Cárdenas (I)

Trotsky asilado por Cárdenas (I)

Román Munguía Huato     trotsky

 

 

Está usted en su casa

Lázaro Cárdenas a León Trotsky

 

Cárdenas me ha dado asilo no porque esté de acuerdo con mis ideas,

sino porque está de acuerdo con las suyas.

León Trotsky

 

 

La conmemoración de los 50 años de la muerte de Lázaro Cárdenas nos permite recordarlo como un dirigente nacionalista revolucionario que tuvo una visión y una política exterior loable y trascendental. Se le puede rememorar por muchos motivos, pero aquí lo haremos por el hecho muy significativo de haberle abierto generosamente las puertas de una nación a un marxista revolucionario protagónico de la primera revolución socialista triunfante del mundo, exiliado desde 1929 y perseguido por el terror estalinista.

Lázaro Cárdenas del Río (Jiquilpan, Michoacán, 21 de mayo de 1895–Ciudad de México,19 de octubre de 1970) fue un general y estadista mexicano, presidente de México del 1 de diciembre de 1934 al 30 de noviembre de 1940.  “Para muchos mexicanos –escribe Mario Morales Mora–  este fue el presidente constitucional más destacado del siglo XX; el recuerdo de su vida pública y privada, hoy cuando abundan los signos de interrogación, cobra especial relevancia. Lázaro Cárdenas, el liberal revolucionario convertido en soldado de la nación para luego ser electo presidente de la República legó una vida ejemplar, plena de trabajo por los más débiles, en ella la búsqueda incesante de caminos y modos para abatir la pobreza ancestral de México, sólo se detuvo con su muerte, acaecida en 1970.”

Como todo político, Cárdenas fue un hombre de su época, especialmente de una época posrevolucionaria y, por ende, de una lucha de clases que marcaría su impronta política como presidente y sus acciones políticas relevantes. La figura histórica de Lázaro Cárdenas se agranda mucho más con el tiempo, sobre todo cuando hemos visto pasar en las últimas décadas a presidentes quienes son signo de la degradación política y de una profunda corrupción gubernamental, y de quienes algunos han fungido además como criminales y genocidas, tal es el caso ominoso de Gustavo Díaz Ordaz. La lista de este tipo de presidentes del país es larga y abarca muchos sexenios funestos.

Cárdenas reúne por sí mismo los méritos suficientes para pasar a la historia como uno de los estadistas más importantes de su época. Se ha escrito extensamente sobre el reparto de tierras a los campesinos con base a la Reforma Agraria, la nacionalización petrolera, la educación socialista, etcétera. Se podría añadir su simpatía hacia la Revolución Cubana. De Cárdenas se ha escrito y se puede escribir mucho, pero aquí se trata de hacer relevante el papel histórico de quien al Derecho de Asilo lo convierte en verdadera manifestación del Estado de Derecho y su legitimidad civilizatoria, humanitaria y democrática. Al igual que el asilo concedido a Trotsky es el asilo a cientos de españoles, niños y adultos, huyendo del terrorismo fascista franquista de la Guerra Civil; además de la donación de armas para la defensa de la República Española. A través de su gobierno, México lo hizo como un gesto modesto y solidario con la lucha democrática y revolucionaria de los peninsulares ibéricos, a diferencia de la URSS estalinista que perseguía intereses aviesos tratando de impedir el triunfo republicano y revolucionario.

 

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Lev Davídovich Bronstein (Yánovka, Ucrania, 26 de octubre–Ciudad de México, 21 de agosto de 1940), más conocido como León Trotsky fue un político y revolucionario ruso. Junto con Lenin fue uno de los organizadores clave de la Revolución de Octubre, que permitió a los bolcheviques y a los soviets tomar el poder derrocando a la dictadura zarista entre febrero y octubre de 1917. Tuvo a su cargo la creación del Ejército Rojo para combatir a los ejércitos blancos (zaristas) y extranjeros. Posteriormente, a partir de 1924, con la muerte de Lenin, se enfrentó política e ideológicamente a Iósif Stalin, liderando la Oposición de Izquierda, lo que le causó el exilio y posterior asesinato. Tras su destierro de la Unión Soviética por la contrarrevolución burocrática–estalinista, fue el líder de un movimiento internacional de izquierda revolucionaria identificado con el nombre de trotskismo y caracterizado por la idea de la revolución permanente. En 1938, fundó la Cuarta Internacional. Murió asesinado en México el 21 de agosto de 1940 por Ramón Mercader, un agente español de la NKVD soviética, por orden de Stalin.

 

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Ambos políticos emergen de profundas revoluciones sociales de naturaleza y magnitud distinta, y tendrán algunas semejanzas ideológicas, pero, sin duda, el respeto político y la simpatía manifiesta es digno de considerarse. Uno en el poder gubernamental y otro desterrado y viviendo en un país que le dio cobijo hospitalario y reconfortante en los últimos años de su vida. México fue el único país que dio asilo a León Trotsky en su huida trashumante de la furia criminal del estalinismo. Todas las naciones habían negado la entrada al revolucionario ruso, en un “planeta sin visa” durante meses.

“El mundo es un planeta sin visado para León Trotsky” dijo André Breton, pero, finalmente una pequeña parte del planeta abrió sus brazos solidarios al revolucionario soviético. El único asilo tan anhelado durante años por el revolucionario bolchevique se lo concedió este país con la autorización del presidente Lázaro Cárdenas a petición de Diego Rivera y Octavio Fernández Vilchis, quienes para lograr tal propósito tenían todo el apoyo del general Francisco Múgica, titular de la secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas. Trotsky y Natalia Sedova arribaron a Tampico el 9 de enero de 1937. El creador del Ejército Rojo fue expulsado de la URSS en enero de 1929 por Stalin, quien lo persiguió implacablemente hasta asesinarlo brutalmente. La casa en la calle de Viena 45 en Coyoacán se convirtió en una pequeña fortaleza que no fue suficiente para protegerlo de la amenaza mortal de Stalin y sus gangsters. Ni los muros protectores, ni los guardias extranjeros pudieron impedir el fatal desenlace de una cacería obsesiva. Pese a todo los hostigamientos, amenazas y atentados de los estalinistas mexicanos y extranjeros, el propio Trotsky escribió que desde su llegada a este país estuvieron “rodeados de atención y hospitalidad”.

La historia de cómo se obtuvo el asilo para Trotsky es una historia interesante llena de vicisitudes y adversidades furibundas de los estalinistas y sus asociados y representantes políticos ominosos, los Amigos de Moscú, como el gánster Vicente Lombardo Toledano. Obtener la visa para Trotsky no fue nada sencilla, participaron notablemente Diego rivera y Octavio Fernández, la Sección Mexicana de la Liga Comunista Internacionalista (LCI), Anita Brenner, representantes sindicales y dirigentes de organizaciones obreras como los del sindicato de la construcción, la influencia decisiva del general Francisco J. Múgica y, de manera principalísima el general Lázaro Cárdenas. Aquí, solamente queremos dejar los testimonios propios de Cárdenas y Trotsky en torno al asilo, la percepción de este último sobre el caudillo revolucionario mexicano y de algunos acontecimientos posteriores.

Lázaro Cárdenas sabía que su decisión de asilo podría desatar fuertes conflictos políticos, especialmente aquellos provocados por las huestes estalinistas del Partido Comunista Mexicano. El Partido Comunista Mexicano (PCM) envió al Presidente Cárdenas un mensaje pidiéndole reconsiderar el asilo. La Sociedad de Amigos de la URSS también dio a conocer un mensaje, advirtiendo de los riesgos de permitir la entrada a México a un personaje al que calificaban de “enormemente peligroso”, traidor, contrarrevolucionario, fascista y agente del imperialismo, entre otras acusaciones.

Entonces, el Presidente emitió un mensaje explicando por qué había autorizado el asilo: “México, de conformidad con su política tradicional, reivindica una de las conquistas del Derecho de Gentes: la prerrogativa de asilo para los exiliados políticos”.  Además, subrayaba, “El asilo no supone, por sí mismo, la afinidad de pensamientos, de propósitos o tendencias entre el país que lo concede y el sujeto que se beneficia”. El presidente Lázaro Cárdenas había escrito en su diario: “Encontrándome en Torreón, Coahuila, autoricé se dé asilo en nuestro país al señor León D. Trotsky, expulsado por el gobierno de Rusia, radicado provisionalmente en Noruega. México debe mantener el derecho de asilo a toda persona de cualquier país y sea cual fuere la doctrina política que sustente. Diego Rivera me entrevistó en La Laguna solicitando el asilo de Trotsky”.

Ante la petición personal de Diego Rivera y Octavio Fernández de asilo, Cárdenas manifestó: “El señor Trotsky puede venir a México. El gobierno que represento le concederá asilo como refugiado político… en vista de las circunstancias que hacen que su vida esté en inminente peligro, según me aseguran ustedes. Se le concederán todas las garantías necesarias… no será un prisionero”.

 

Texto I de II.

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