Trump asfixia a Cuba

Trump asfixia a Cuba

Carlos Delgadillo Macías

Este 8 de febrero de 2026 los cubanos padecen una de las peores crisis energéticas que se recuerden y que quizá sólo puede compararse con los peores días del “periodo especial” a principios de los noventa, luego del colapso de la Unión Soviética, el gran socio comercial de la Isla durante décadas.

Los números

Cuba necesita alrededor de 120 mil barriles de petróleo al día (bpd) para que su sistema eléctrico funcione con normalidad y abastezca a toda la población. La gran mayoría se destina a centrales termoeléctricas, que deben generar entre 3,000 y 3,200 MW en horas pico para mantener el servicio. Hoy, el déficit es de hasta 2,000 MW y sigue aumentando. Es decir, Cuba se mantiene con un tercio de la energía que requiere.

El problema crónico es el petróleo. La Isla apenas produce el 40% del petróleo que necesita, unos 45,000 barriles diarios de crudo muy denso y azufrado que se usa en las termoeléctricas soviéticas ya muy viejas y en mal estado de mantenimiento. El 60% del petróleo tiene que ser importado.

Aún en medio de la crisis económica venezolana, Caracas enviaba a Cuba todavía en 2025 alrededor de 30 mil bpd. Sin embargo, luego de la intervención militar de Estados Unidos que culminó con la captura de Maduro el 3 de enero de este 2026, esos envíos prácticamente se han detenido.

La otra fuente de petróleo era México. Durante el sexenio de López Obrador, se estuvieron enviando entre 17,000 y 20,000 bpd, que llegaron hasta 30, 000 en el inicio del periodo de Claudia Sheinbaum. Sin embargo, el último buque mexicano llegó a Cuba el 9 de enero, en medio de las tensiones en El Caribe.

La asfixia

El 29 de enero, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que impone aranceles punitivos desde el 25% y hasta el 100% a cualquier país que suministre hidrocarburos a Cuba, bajo la “Ley de Comercio con el Enemigo” y como parte de la nueva situación impuesta en Venezuela. El gobierno mexicano decidió suspender los envíos de petróleo, manifestando, no obstante, su intención de seguir ayudando a la Isla con perspectiva humanitaria y sin afectar los intereses de México.

El resultado es catastrófico. Hay apagones en prácticamente la totalidad de los hogares del país de hasta 20 horas al día. Se reporta el cierre de hoteles y la reubicación de turistas por la falta de energía y suministros. Esto afecta la principal fuente de divisas.

Sin energía eléctrica, no sirven las bombas de agua y eso ha dejado a millones de cubanos sin líquido, que tampoco está fluyendo para las labores agrícolas. La falta de combustible afecta también el traslado y el procesamiento de alimentos. Se está recurriendo a la tracción animal y al uso del carbón.

Desde el lunes 2 de febrero, la Universidad de La Habana, junto con las principales instituciones de educación superior del país, cerraron sus actividades presenciales, lo que significa en la práctica el cierre técnico de la enseñanza superior, pues no hay condiciones tampoco para las actividades a distancia o en línea. La educación básica también está semiparalizada, sólo se opera en turno matutino acortado, de 08:00 a 11:00 a. m., pero hay ausentismo generalizado que alcanza el 60%.

Las estimaciones más recientes cifran en 4 millones el número de personas que no ha contado con suministro de agua potable desde hace por lo menos quince días. A la falta de bombeo se ha sumado la parálisis de los camiones cisterna por falta de diésel. Hay indicios de que el consumo de agua no potable está provocando ya brotes de enfermedades diarreicas.

En el sector salud se opera como en una economía de guerra. La poca electricidad se reserva para las salas de emergencia y de cuidados intensivos. Hay reportes muy delicados de muertes neonatales y de terapia intensiva por falta de energía. Todos los servicios que no sean urgentes, incluyendo las cirugías, están suspendidos. Los insumos médicos, como vacunas, insulina y material diverso de laboratorio que requiere continua refrigeración, están comprometidos.

El transporte público no está funcionando. En La Habana, los autobuses operando no llegan al 5%. Tampoco hay salidas interprovinciales. Los viajes se han encarecido increíblemente y proliferan los vehículos de tracción animal.

Los empleados del sector público están en paro indefinido. El teletrabajo no es opción y muchos están cobrando un sueldo base o fraccionado, que es insuficiente con la hiperinflación.

No hay posibilidades de almacenar alimentos perecederos. La comida debe consumirse al día. No se puede conservar la carne y se dificulta la cocción de granos, que requieren tiempos más largos. La demanda de leña y carbón se ha disparado.

¿Un crimen?

Desde que Eisenhower decretó la prohibición de importaciones de azúcar desde Cuba y la exportación desde Estados Unidos, con excepción de alimentos y medicinas, que se amplió con John F. Kennedy a un embargo total en 1962, la Isla ha padecido las consecuencias del bloqueo comercial más largo del que se tenga noticia. Todavía en 1992 con la Ley Torricelli, en pleno período de crisis por la caída de la URSS, se prohibió también a las empresas subsidiarias de matrices estadounidenses ubicadas en terceros países comerciar con Cuba. Y en 1996 la Ley Helms-Burton le quitó al presidente la facultad de levantar el embargo.

Aunque con Obama se reiniciaron las relaciones diplomáticas y se flexibilizó el tema de las divisas, Trump ha acabado con la esperanza de una mejora de las condiciones económicas en Cuba. No se pueden comprar medicamentos en la práctica a Estados Unidos, pues se exige el pago en efectivo, por adelantado y sin posibilidad de crédito alguno. Tampoco se puede comprar ninguna tecnología que tenga más de 10% de componentes estadounidenses. Ni se puede comprar con dólares en el mercado internacional. Además, al estar en la lista de países que apoyan el terrorismo, muchos bancos deciden no tener cuentas del gobierno cubano, lo que dificulta el pago incluso para empresas o países que estén dispuestos a vender.

Bajo el artículo 7 del estatuto de Roma, lo que pasa en Cuba podría calificarse como un crimen de lesa humanidad, pues se les está privando deliberadamente a los cubanos de los medios elementales para su subsistencia y con fines políticos, además. La figura sería el exterminio: «Por “exterminio” se entenderá la imposición intencional de condiciones de vida, entre otras, la privación del acceso a alimentos o medicinas, encaminadas a causar la destrucción de parte de una población».

La administración Trump está imponiendo intencionalmente condiciones de vida imposibles en Cuba al cortar el suministro de combustible por medio de amenazas directas a terceros países. En las sociedades contemporáneas y en las condiciones concretas de Cuba, ese corte de suministro de combustible implica la detención de la generación de energía eléctrica, que a su vez implica la detención del suministro de agua potable, la conservación de alimentos y medicinas.

El entorno creado por Estados Unidos en la Isla puede degradarse hasta uno en el que la vida de miles de personas pueda ser insostenible, por enfermedades relacionadas con la falta de agua potable, desnutrición o privación de acceso a servicios médicos.

Lo más alarmante es que el mundo parece estar ignorando lo que pasa en Cuba. No se habla del asunto en las capitales europeas, a los norteamericanos de a pie pareciera no interesarles e incluso en América Latina el tema es secundario. Y hay voces de derecha y ultraderecha que, con su entreguismo patológico, lo justifican o lo aplauden.

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