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Un año apocalíptico

Un año apocalíptico

Román Munguía Huato

 

Al personal  médico  por su valentía y sacrificio por la salud de la población.

 El modo más cómodo de conocer una ciudad

es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se muere…

 

Imagínese entonces al que está en trance de morir

como atrapado en una trampa…

 

La Peste. Albert Camus

 

Es más o menos fácil conocer cómo se trabaja en una ciudad o en un país, es muy difícil saber como se ama; pero en los tiempos actuales es muy fácil conocer como se muere la gente. Dejemos de lado nuestras ideas bíblicas del imaginario de lo apocalíptico, pero podemos estar de acuerdo en que la etimología de este vocablo es lo relativo a la acción de descubrir, y de revelar, quitar o retirar el velo. En este sentido sabemos que estamos viviendo tiempos apocalípticos por que develamos nuestra condición humana de fragilidad absoluta. Uno de sus significados más conocidos por todos es aquello representativo de lo espantoso o tremendo o que de alguna manera implica devastación; y aquí entran en escena cabalgando los famosos jinetes apocalípticos sembrando el terror y la muerte. Vivimos tiempos de incertidumbre en muchos aspectos, pero también sabemos con certeza absoluta que nos acecha la muerte y el contagio por Covid-19 o Síndrome Respiratorio Agudo Severo relacionado con coronavirus 2 (SARS-CoV-2).

Nadie puede negar que en los tiempos modernos las pandemias han dejado millones de muertos como fue la influenza de 1918. Fue la pandemia más grave de la historia reciente causada por el virus H1N1 con genes de origen aviar y se propagó mundialmente durante 1918-1919.  En Estados Unidos se detectó por primera vez durante la primavera de 1918, entre el personal militar. Se calcula que alrededor de 500 millones de personas o un tercio de la población mundial se infectó con este virus. La cantidad de muertes estimada fue de al menos 50 millones a nivel mundial. Posteriormente surgió la terrible enfermedad por el contagio del virus del Ébola en 1976  y a principios de los años ochenta el virus del sida. En 2014 aproximadamente 37 millones de personas vivían con VIH y causó 1.2 millones de muertes.

La geografía de estos virus letales se ha dado en países desarrollados (Estados Unidos) o en países subdesarrollados (africanos). El virus del Covid-19 se localizó en Wuhan, China ¿Este país es desarrollado o subdesarrollado? Esto se presta para el debate; sin embargo, sabemos, desde cierta perspectiva, que todo país y el mundo tienen un proceso de desarrollo desigual y combinado. China es un país subdesarrollado con un feroz capitalismo de Estado, pero al tiempo es una potencia económica, la segunda del mundo. Años luz es la distancia de la mortandad por la influenza de hace poco mas de cien años, pero hay una diferencia notable y es la profunda crisis económica que acompaña a la actual pandemia dentro de una profunda crisis civilizatoria.

Recientemente se superó la cifra de dos millones de fallecimientos por Covid en el mundo. México ocupa el cuarto lugar. En lo que va de 2021 en el mundo las muertes han promediado más de 11 mil 900 por día, o el equivalente a una cada ocho segundos.  Estado Unidos es el primero en mortandad, Brasil el segundo y la India el tercero.  Para el 1 de abril, el número de muertes en todo el mundo podría acercarse a los 2.9 millones, según un pronóstico del Instituto de Evaluación y Métrica de la Salud.

También dejemos de lado el contagio de Covid de tres representantes conspicuos del poder en México; el político, el económico y el religioso: Andrés Manuel López Obrador; Carlos Slim y Norberto Rivera. El virus no respeta clases sociales ni estatus, aunque la pandemia, como siempre, ha golpeado más a los de abajo, o sea, a la clase trabajadora en condiciones de vida muy precarias y además laborando y transportándose en condiciones insalubres.

La pandemia de Covid-19 cumple 11 meses desde que se detectó el primer caso en el país y continua devastando a la población. Del 28 de febrero a la fecha acumula casi 160 mil muertes por covid-19 y cerca de dos millones de contagiados. Estas cifras advierten de la magnitud del problema y de que el sistema de salud está desbordado por mucho. Hasta el propio Hugo López-Gatell reconoce que el problema está lejos de ser superado y prueba de ellos es la saturación hospitalaria en diversas entidades del país. En México, la curva de crecimiento de contagios y muertes nunca se ha aplanado.

En Estados Unidos la negligencia e ineptitud del gobierno de Donald Trump explica el porqué de esta tragedia en ese país; en Brasil, el gobierno semifascista de Bolsonaro también es una causa de la terrible mortandad por covid. Pero ¿Porqué México ocupa el cuarto lugar en el mundo en cantidad de muertos por la pandemia bajo un gobierno que se autoproclama progresista y antineoliberal? “La pandemia nos viene a la Cuarta Transformación como anillo al dedo”, esta desafortunada declaración (entre otras más) del presidente Andrés Manuel López Obrador en los lejanos primeros días del inicio de la pandemia del coronavirus, parece del todo olvidada a principios del nuevo año 2021, en el cual su gobierno cumple sus dos primeros años.

El 18 de marzo del año pasado murió la primera persona en México por covid-19. Desde esa fecha han fallecido decenas de miles de personas y no se ve a corto plazo la atenuación pandémica. Si bien es cierto que el sistema de salud nacional desde hace años se encuentra en profunda crisis a dos años del actual gobierno federal no aparece como prioridad política ninguna estrategia para enfrentar la grave situación. Desde hace décadas tenemos un sistema hospitalario débil, fragmentado e improvisado por un abandono y nula inversión en infraestructura hospitalaria debido a un proceso gradual de privatización del sistema de salud pública, además de que se priorizó la atención médico-hospitalaria en lugar de la medicina preventiva, asegura Claudia Agostini, especialista en historia social de la salud y la enfermedad en México, quien afirma que desde los años setenta los gobiernos carecieron de verdaderos programas de salud integrales. El acabose de esta tendencia a la precarización de la salud pública fue la década de los 90.

Pero uno de los estudio más crítico de la política de salud de AMLO es el realizado por la doctora Laurie Ann Ximénez Fyvie, con Doctorado en Ciencias Médicas por la Universidad de Harvard, en su libro Un daño irreparable: La criminal gestión de la pandemia en México, donde hace un juicio severo al doctor Hugo López-Gatell. El libro es una crítica al manejo de la pandemia de COVID-19 por parte del gobierno mexicano, pero sobre todo del papel que ha jugado López Gatell Ramírez quien, según Ann Ximénez, no ha tomado las decisiones más adecuadas, aunque no es el único análisis crítico sobre la política de salud gubernamental si es un demoledor análisis de lo que hace la 4T.

El libro es muy polémico y podemos estar de acuerdo o no con algunas de las afirmaciones de  la autora. Por supuesto, es descabellado comparar a López-Gatell con el nazi Josef Mengele; ella opina que el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud buscaba un contagio masivo de la covid-19 para alcanzar la llamada inmunidad de rebaño. La especialista afirma que el Estado ha llevado “la política por encima de la vida y la salud de los mexicanos”. En abril pasado, la doctora Ximénez Fyvie señaló que el ritmo de los contagios en nuestro país no estaba bajo control y la curva de crecimiento no descendería rápidamente, por lo que las decisiones que ha tomado el gobierno no han sido las mejores, además de que pudieron haberse modificado en el camino para evitar la situación que se vive actualmente.

El actual gobierno de la llamada 4T no es el único responsable de la magnitud pandémica pues mucha gente es totalmente negligente de cuidados de prevención de la salud y eso forma parte de una (in)cultura social de la educación sanitaria. Desde luego, mucha gente se ha enfermado y muerto porque tiene que sobrevivir trabajando en la calle o en la fábrica. Pero cuando el gobierno federal actual tiene megaproyectos desarrollistas prioritarios en infraestructura turística, aeroportuaria, petrolera, energética, aparecen los graves problemas concomitantes de una carencia de política de salud pública en aras de una austeridad republicana con rasgos neoliberales. “La 4T mantuvo el presupuesto para salud pública en el mismo nivel en que lo habían mantenido los gobiernos anteriores, muy por debajo de lo recomendado por la Organización Panamericana de la Salud.”

Esta pandemia es de naturaleza mundial bajo un capitalismo salvaje donde la salud de la población no es prioridad sino las ganancias monetarias. La falta de planificación integral para el bienestar social de la población, de su salud, nos hace vivir tiempos nublados amenazantes para la humanidad junto con el cambio climático de peores consecuencias a corto plazo.

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