Un día de fiesta

Un día de fiesta

Juan M. Negrete

No coincide exactamente la fecha. Tendría que haberse acoplado el séptimo aniversario con el día primero de diciembre, día en que se cumplieron siete años del inicio de la 4T. Aplica tolerancia cronológica que a nadie ofende. Se corresponde al formato de nuestros hábitos. Fue convocada para transcurrir en el centro de la ciudad de México una concentración masiva para festejar este aniversario y, a unas cuantas horas de que ésta se realice, se espera que sea multitudinaria. Ya veremos si este pronóstico no falla porque, de ser acertado, no cabrá un alfiler más en las calles y plazas a las que se convocó dicha concentración.

Independientemente de los números, habrá que decir que hay motivos más que notorios para que quienes se ponen de lado del gobierno actual den la cara y se pongan en movimiento. En fechas pasadas, los  detractores han movilizado a sus paniaguados y han salido a las calles a poner el grito en el cielo. Vale decir que se han desgañitado, pronunciando embelecos y embustes en torno al perfil del gobierno que encabeza doña Claudia. No se cansan de gritarle a ella y a su gobierno los estigmas de autoritarismo, de dictadura, de antidemocracia y, lo que es peor, de ligas con el narco, el terrorismo y el fascismo.

Estos gritos destemplados de nuestra oposición de huarache realmente dan pena. Se contradicen a cada paso. Y parece que ni cuenta se dan de sus inconsistencias. Si califican al gobierno de fascista ¿por qué le anexan lo de comunista? No caben ambos calificativos en un mismo saco. Deberían saberlo y corregirlo. Pero parece que no buscan respetar la lógica, sino ser estridentes. Pero vayamos a algo más sustancial, alejándonos de mentiras e inconsistencias tan burdas.

Vayamos a valorar, antes de dar más palos de ciego, las denominaciones con que les identificamos. Decimos, o al menos nos lo creemos, los que le proporcionamos la venia a la 4T, que nos heredaron las estructuras públicas de corte neoliberal y es lo que ésta se ha propuesto desmontar. Tiene que hacerlo, antes de armar un nuevo edificio. O tal vez se vayan haciendo los dos procesos a la vez: desmontando lo viejo y armando lo nuevo. Eso que nos lo aclaren los especialistas de estas estramancias, aunque todos andemos de jornaleros de tales faenas.

El neoliberalismo se nos empezó a forjar ya en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado. De los años de 1982 a 1988, se empezaron a escarbar los cimientos para derribar lo que había y levantar la nueva estructura. No se habla mucho de ello ya, tal vez porque ya no tenga tanta relevancia de lo hecho por aquellos días. Pero sí habría que señalar que en dicho sexenio vivimos un golpeteo infernal en contra de nuestra moneda. A su arribo al poder, ocupábamos apenas 45 pesos para cambiarlos por un dólar. Cuando el angelito dejó la silla, desembolsábamos como 2,500 pesos para comprar un dólar. Si esto no es un desastre y si no refleja que atrás suyo hay una economía agonizante, no sabríamos cómo pintar dicho averno, al que nos iban empujando.

Casi todo mundo, en referencia a los analistas sobre todo, acuña la fecha de 1988, con el fraude electoral mediante el que se nos impuso a Carlos Salinas de Gortari, como el dato cronológico para señalar el arranque del estropicio que le significó a nuestra economía imponerle el formato neoliberal. Hay que precisar que tal fecha vino a ser ya la imposición descarada y cínica de lo que significó que nuestras autoridades se pusieran de pechito para cumplirle hasta los más mínimos antojos y caprichos a las instancias de control de la economía mundial. Las referimos como instituciones del primer mundo y las conocemos como Banca Mundial (BM) y Fondo Monetario Internacional (FMI), sobre todo. Hay otras menores, como el BID y la OCDE. Pero ya con eso las identificamos a todas.

La medida prima básica, mediante la cual nos pondrían en serio de rodillas, fue la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC). Se signó a finales del año de 1993 y arrancó el primero de enero del 94. Es dato sabido y archiconocido. Pero habría que decir algunas cositas más, que tenían que cubrirse para echarlo a andar. Como los ladrones norteños venían a saquearnos haste el aire que respiramos, obligaron a anticipar varias medidas previas indispensables.

Había que modificar legalmente el formato de la propiedad de nuestras tierras. La mitad de ellas era propiedad social y no podía ser enajenada. Tenían que volverlas pues mercancía de propiedad privada. El congreso modificó tales estructuras legales mediante mayoría calificada y puso fin a nuestra histórica reforma agraria. Ahora sí podría pasar ya todo el territorio nacional a manos extranjeras.

Pero no sólo se pusieron las bases para dicha enajenación de nuestro sacro suelo, por el que se habían sacrificado tantas vidas de patriotas abuelos nuestros. Lo mismo pasó con el subsuelo. Pusieron la mira en nuestra riqueza minera, en nuestro petróleo y en los renglones energéticos. También la aplicron al agua. De ser un bien nacional protegido como recurso energético,se la llevaron al baile y la privatizaron.

Vemos pues toda la inquina legal que nos tenía inficionados hasta los huesos. Gracias a las sacudidas que le está dando la 4T a estos adefesios , nos vamos enterando de tanta infamia a la que nos habían hundido. Falta mucho por hacer. En siete años, apenas se van acomodando los andamios para revertir el desastre. Ya se le metió la mano a lo del petróleo, la electricidad, el agua. Falta mucho por hacer. Empero, sí hay motivo para celebrar la andancia en la que andamos metidos, para volver al país nuestro otra vez. A eso se debe lo de armar como día de fiesta este aniversario particular, aunque no sea el mero día de su fecha. Es una mera pausa para respirar y seguir adelante. Felicidades 4T.