Verdad y mentira / I

Verdad y Mentira / I

Alfonszo Rubio Delgado

Primera parte:

Se dice en ocasiones de forma reiterada y si es posible hasta el cansancio que, la verdad es preferible a la mentira. Que la verdad, por el hecho de serlo, es sinónimo de pureza. Contraria la mentira emparentada con lo sucio, lo impuro y el mal.  Que hombres y mujeres buenos son aquellos que dicen la verdad. Mientras que los malos son los mentirosos. Obvio, ser bueno es de todas preferencias a ser malo. Decir la verdad siempre enaltecerá al ser humano hasta llevarlo al cielo, mientras que decir mentiras lo degradará tan bajo que finalmente esa actitud tan viciada le llevará al infierno. Ciertamente, el cielo es arriba, como apuntando al cosmos. Mientras que el infierno es abajo, señalando al núcleo incandescente de hierro del planeta. Su mínima expresión, el suelo, con-suelo de los feos, mismos que al ser malqueridos o no queridos por alguien, se lanzan sobre él, para que el diablo los bese, o de perdida les dé una lamidita.

Se esgrimen muchos mitos en torno a este asunto, y en ocasiones parecen indiscutibles. Al grado que el solo hecho de mencionarlos, se torna muy difícil, enrareciendo los climas en que participan filósofos, sociólogos, historiadores, religiosos y demás. Al parecer muchos profesionistas junto con el resto de la sociedad están convencidos de las bondades de la “verdad” que el asunto no tiene vuelta de hoja. Ello por tradición, mito y finalmente por democracia. La verdad, afirman los moralistas debe prevalecer sobre la mentira. Es más, esta última, debe desaparecer. Solo la luz de verdad debe brillar y la oscura mentira desaparecer.  A estas alturas parece evidente e indiscutible la primacía e importancia de la verdad sobre la mentira. Luego, para agregarnos a la horda de los defensores de la verdad o ser sus detractores, debemos de exponer de que se trata cada uno de los conceptos asumidos.

De acuerdo a lo establecido por la filosofía occidental desde la edad media,” la verdad es la adecuación entre el intelecto y la realidad”.  Esto es que cuando una idea se adecúa al objeto, no existe objeción válida. Por ejemplo, si yo veo una mesa, mi afirmación al señalarla con el índice será de forma tajante: “esto es una mesa” con ello la distingo de todos los objetos parecidos cuya utilidad sea relativa. Así, si me refiero a la mesa del comedor, estoy afirmando cuando digo señalando, que aquel objeto es una mesa de comedor. Diferente a una mesa de villar, escritorio o quirófano. Luego, ¿podemos utilizar el quirófano como comedor? Probablemente, aunque solo pensar en el menú, hace que se nos escape el apetito. Luego son las precisiones o imprecisiones o si se quiere las verdades y las mentiras al respecto las que nos ayudan a entender la realidad de los tipos de mesa existentes. Así la “realidad” no será verdadera o falsa, o será verdadera o falsa, ello con el objeto de hacernos entender, las diferencias existentes en torno a los objetos señalados.

Ahora bien, ¿Qué es la mentira? Se dice de aquello que no es la verdad. De lo falso según el diccionario “Mentira f Expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, cree o piensa”. (Océano pág. 610) Son la verdad y la mentira los elementos catalizadores del conocimiento mismos que nos ayudan a entender la realidad con precisión.  Esto habremos de entenderlo desde un contexto determinado. Y no necesariamente para querer asimilar una supuesta verdad absoluta. Aunque esta se nos escaparía de las manos. Pues al cambiar de una época a otra, cambian las verdades y las mentiras y todo el conocimiento se relativiza. Verdad y mentira son dos elementos que nos sirven para precisar el conocimiento.

Así señalando y especulando al respecto, diremos que Aristóteles afirma que la verdad apunta aquello que es. Dice Aristóteles en su metafísica que “Decir de lo que es que no es, o decir de lo que no es que es, es lo falso; decir de lo que es que es y de lo que no es que no es, es lo verdadero. (met 1,7 1011 b 26-8) pero este atrincheramiento de la verdad y la falsedad con la primera como lo deseable y la segunda como lo indeseable es parte de la ilusión humana. Esta, a través de los años y a fuerza de repetir extremismos a ultranza ha preferido uno de los extremos y rechazado el otro. Así hay una marcada preferencia entre los buenos en relación con los malos. Aunque nadie puede precisar en sí, quienes son unos y quienes los otros. Por ejemplo, Obama y Osama. Ambos unidos por el mismo nombre. En cuya única letra se establece la diferencia. En nuestra actualidad se nos ha hecho saber que uno es el bueno y el otro es el malo. El malo Osama encarna el antiimperialismo voraz. Pues el imperialismo en su afán de multiplicar su riqueza hasta el extremo deja sin oportunidad, comida o bienes a muchos seres humanos. Evita la redistribución de la riqueza a nivel planeta y propicia que la misma se quede en unas pocas manos.

[Continuará…]

Salir de la versión móvil