Me permito en esta ocasión invitar a los amables lectores a considerar el viacrucis en octubre. Ciertamente, estamos acostumbrados a vivir o celebrar el viacrucis en Cuaresma cada año; algunos más devotos lo rezan cada viernes, mientras que otros simplemente lo viven. Hay pueblos y personas que lo podemos experimentar todos los días, sea en sentido simbólico o real.
LA CRUZ DE SANTA ROSA
Les platico que, al inicio de este año 2026, en la comunidad de Santa Rosa, Zacatecas (municipio de Moyahua de Estrada), se fraguó la iniciativa popular de elaborar una cruz nueva en un cerrito cercano a la comunidad. Ya para estas fechas, después de un gran esfuerzo de cooperación, la cruz está esperando las maniobras técnicas para ser colocada como testimonio de fe y en conmemoración de los 800 años de la muerte de San Francisco de Asís, los 100 años de los mártires de Cristo Rey y Santa María de Guadalupe, y como reconocimiento a la señora Emilia Flores, quien marcó el corazón de las familias con la devoción a la Santa Cruz y su ferviente oración para pedir la lluvia para las buenas cosechas de los campesinos.
TENAMAXTLI
En este sentido, traigo a la memoria al gran señor de Nochistlán, quien fue llevado prisionero a Valladolid, España, para ser juzgado y donde murió, según los historiadores, el 5 de octubre de 1556; ayer, precisamente, se cumplieron 470 años de su partida. Quien no conoce la historia de la Guerra del Mixtón, tiene hoy la oportunidad de adentrarse en este capítulo del viacrucis de los pueblos originarios que resistieron con dignidad durante el siglo XVI. Todavía hoy se libran nuevas luchas para mantener el patrimonio tecuexe y caxcán en territorios de Jalisco y Zacatecas.
TRANQUILINO
El mismo día de ayer, Tepatitlán de Morelos conmemoró 98 años del martirio de San Tranquilino Ubiarco. Había nacido en Zapotlán el Grande, Jalisco (diócesis de Ciudad Guzmán), el 8 de julio de 1899, y su obispo lo nombró vicario con funciones de párroco en Tepatitlán.
Fue uno de los infatigables y abnegados misioneros en los tiempos difíciles de la persecución cristera. Nada le detenía para ir, lleno de caridad, a administrar los sacramentos y a sostener la vida cristiana de los fieles celebrando la Eucaristía en casas particulares.
A principios del mes de octubre de 1928 fue a Guadalajara a comprar lo necesario para el Sagrado Sacrificio Eucarístico. Alguien le hizo ver que su campo pastoral estaba enclavado en la zona de mayor peligro, a lo que respondió: «Ya me voy a mi parroquia; a ver qué puedo hacer y si me toca morir por Dios, ¡bendito sea!».
Cuando una noche preparaba la celebración de la Eucaristía y la bendición de un matrimonio, fue hecho prisionero y condenado a morir ahorcado en un árbol de la alameda, a las afueras de la ciudad. Con entereza cristiana bendijo la soga, instrumento de su martirio, y a un soldado que se negó a participar en el crimen le dijo, repitiendo las palabras del Maestro: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». Era la madrugada del 5 de octubre de 1928.
LAS MUJERES EN EL VIACRUCIS
En el camino de la cruz de octubre, Sor María Faustina, apóstol de la Divina Misericordia, forma parte del círculo de santos más conocidos de la Iglesia. A través de ella, el Señor Jesús transmite al mundo el gran mensaje de la Divina Misericordia y presenta el modelo de la perfección cristiana basada en la confianza en Dios y la actitud de caridad hacia el prójimo.
Extenuada físicamente por la enfermedad y los sufrimientos que ofrecía como sacrificio voluntario por los pecadores, pero plenamente adulta de espíritu y unida místicamente con Dios, murió en Cracovia el 5 de octubre de 1938, con apenas 33 años. La fama de santidad de su vida fue creciendo junto con la propagación de la devoción a la Divina Misericordia. No olvidamos que también en octubre recordamos a Santa Teresa del Niño Jesús y a Santa Teresa de Ávila.
EL VIACRUCIS DE GUADALAJARA, MÉXICO Y LATINOAMÉRICA
Quiero finalizar mi participación de esta semana mirando el escenario del viacrucis del agua en Guadalajara. Más allá de los personajes religiosos y sociales que mencioné antes, desde hace años se denunciaron las anomalías del vertedero de Picachos en Zapopan; ahora el problema parece nuevo, pero ¡cuánta contaminación y lágrimas ha dejado! Es como el viacrucis del Río Santiago y todo tipo de enfermedades asociadas. Parece que el agua está condenada a muerte y carga con una cruz indecible.
Tampoco podemos olvidar a los desaparecidos y a sus familias, ni a los 43 estudiantes de Ayotzinapa, ni la matanza de Tlatelolco del 2 de octubre de 1968, ni a las familias campesinas que no han recibido justicia de las administraciones presentes.
Por su parte, los pueblos latinoamericanos llevan su propio viacrucis social, económico, político y hasta religioso, porque parece que el poder se disputa entre evangélicos y católicos, entre izquierda y derecha, en los nuevos escenarios electorales.
Así las cosas, que Dios nos dé fuerza para llevar nuestra cruz de cada día.
