Viaje desangelado (cuento) / I
Mel Toro
Primera parte:
Tras tirar el último penal para el desempate del partido, el que habían empatado al último minuto del tiempo de compensación, el Greg va a tirarse al pie del fresno del patio. Estira y encoge las piernas, para desentumirse de los calambres que le produjo la larga tensión. Tenían que ganarle la clasificación al equipo de los de la prepa, para pasar a la final de la competencia. La lograron. Les costó buenos raspones y caídas. Los del equipo de prepas son más jóvenes y aguantan más el ajetreo; pero los contadores lograron el empate al final del tiempo agregado. La tanda de los penales les vino a favorecer. Aquí sí que les valió el colmillo.
El resto de su equipo se dejó ir a los abrazos y felicitaciones con la flota que los apoyó en medio de una ruidosa algarabía. Unos y otros corrieron a surtirse de vasos de agua fresca, ya preparada, fueran ganadores o perdedores. La tensión los agotó a todos y el resultado lo proclaman justo. Ambos equipos son rivales tan sólo en la cancha, porque fuera del tinglado apuran los mismos intereses y juegan las mismas partidas.
El internado de fray Jorge abriga a dos centenares de estudiantes universitarios. Llegan de todos los rincones del estado y hasta de fuera. La mayoría estudia apenas la preparatoria. Por eso son los más numerosos. Los que transitan al nivel profesional, aparte de ambientarse ya en la ciudad, que han terminado de conocer como a la palma de su mano, se han ido ganando amistades más en firme, sean por gente ligada a la profesión elegida o porque provengan de capas de las familias, con las que han entrado en tratos.
Una buena parte de los muchachos de estudios avanzados sigue viviendo tan pobre como una rata. Bajo las precarias condiciones económicas, que no les mejora ni su familia ni algún modesto empleo aunque sea temporal, prefieren seguir asistidos en el internado que ingresar a la dinámica de la vida citadina, tan dura para todos ellos. No cumplen con el requisito fundatorio que es traer quichos suficientes en la cartera, que es lo que hace que se abran al paso de todo viandante cuanta puerta se toque.
De los entretenimientos internos, los que más procuran son las competencias futboleras. Se ve que es una de las que mejor cubren sus expectativas. Arman ligas interescuadras y se sortean los juegos, sobre todo en los días libres de los fines de semana. Son los días más disponibles, para salir a explorar la ciudad e internarse en sus vericuetos. Pero sin dinero en el bolsillo, se echan el volado de andar abriendo la boca en los barrios o disputarse un trofeo simulado, compitiendo en juegos de patadas.
El Greg sostiene vivo siempre al equipo de los contadores. Desde que componían cuadro a nivel de la prepa, lograban colarse casi siempre a las finales de estas competencias caseras. Más ahora que ya tienen varios años de conocerse y saberse hasta los trucos más secretos de las jugadas entre ellos. Han cogido fama de invencibles, aunque hayan conocido algunos sonados fracasos, que es lo más natural. Ganar y perder es la lógica en los resultados de los juegos y ellos la tienen bien interiorizada.
Esta vez, acercándose las fechas de la semana santa, prefirieron apretar las fechas de la competencia para tener libres los días de las vacaciones de primavera e irse de paseo al mar, o por lo menos a su pueblo. Son las fórmulas de viaje que les resultan más baratas. La rutina de la competencia se fue cerrando con juegos cada vez más competidos. Pero finalmente, el equipo tradicional de los contadores, aunque en serie de penales, logró imponerse a los aguerridos preparatorianos y disputará la final contra el de los ingenieros. Éstos son también de armas tomar. No la van a tener fácil.
Llegan al corro los de las bebidas refrescantes y les alegran la vista a todos los presentes. La chorcha se vuelve interminable. Los pronósticos de la batalla final, que algunos califican ya como de guerra civil, por ser casi siempre los mismos quienes la disputan, se dispara a favor de los contadores. Pero también los ingenieros tienen favoritismo amplio. Las apuestas se cruzan. Se oyen a voz alzada los elogios para uno y otro cuadro. Saben bien que el día de mañana, domingo, será el día del juicio final. O bien, no hay mañana. Y se cierran las rifas.
[Continuará…]




