El columnista Catón (Armando Fuentes Aguirre) se preguntaba “dónde quedaron los millones de pies cúbicos de maderas preciosas, caoba y cedro rojo, que resultaron de la tremenda devastación forestal”. Muchos nos interrogábamos lo mismo desde el inicio de la construcción del Tren Maya, abriéndose paso con una brecha que rompió el verde de la selva yucateca, sin importar el ecosistema, incluidos los cenotes.
Yo agregaría otras maderas de gran valor: nacaxtle (parota), rosamorada, primavera y frutales, entre 7 y 10 millones de árboles derribados; riqueza de la que nunca informaron.
¿Otro negocio de Boby y Andy, como el del balasto, concedido a su prestanombre Amílcar Olán, perdido y hallado en Lugano, huyendo y cuidando sus millonarios ahorros?
