Zapata vive y Temaca en el alma

Antes de seguir escribiendo cada martes, debo reconocer que es una experiencia muy grande, con una fuerte dosis de responsabilidad. Agradezco al equipo de “Partidero” por seguirme invitando, y a quienes son solidarios con Laberintos Imborrables y nos dan sus sugerencias para mejorar los temas que aquí se comparten: a veces muy profundos, otras muy sencillos, pero siempre con la visión de construir redes para una sociedad más justa y equilibrada, valga la redundancia.

El caso de hoy es traer a la memoria al general Emiliano Zapata, quien el pasado 10 de abril cumplió 107 años de haber muerto en Chinameca, Morelos, tras la infame traición de Jesús Guajardo, Pablo González y Venustiano Carranza, respectivamente, con aquella emboscada que cobró la vida de otros revolucionarios.

Sin embargo, al grito de “Zapata vive”, el Plan de Ayala y muchas otras propuestas de la Revolución han sido puestas en práctica. A más de un centenario de su martirio, mujeres y hombres de México y de otros países luchan por los principios zapatistas. El mismo Ejército Zapatista de Liberación Nacional nació hace ya más de 30 años para favorecer la búsqueda de la justicia para el pueblo, particularmente en el sur del país, y se ha extendido a diversas latitudes, de tal modo que Jalisco también tiene zapatismo.

Precisamente, con estos paralelismos, Temacapulín, en la lucha contra la presa El Zapotillo, revivió el grito de “Temaca vive”, “la lucha sigue”, dando a entender que el espíritu de Zapata está presente para animar a seguir defendiendo el derecho de los pueblos indígenas y campesinos. “Tierra y libertad” es el otro grito que impulsa la reforma agraria y la defensa de los derechos humanos de los más vulnerables.

Y la lucha sigue, también a nivel familiar, porque el 10 de abril, en distintos años, han muerto familiares y amigos: Lucía Covarrubias Gómez, Celestino Íñiguez López, Juan Francisco Barba Gómez, Santiago Martínez y Enedina Espinoza Íñiguez. Por enfermedades diversas, pero cada uno ofreciendo lo mejor de sí.

De hecho, este pasado 10 de abril, de forma inesperada, nos llegó la noticia del fallecimiento de don Martín Rodríguez García, originario de Temacapulín y Palmarejo. Créanme que, así como Alfonso Íñiguez Pérez está difundiendo su libro El espíritu de Tenamaxtli a sus ya casi 90 años y sigue contando…, Martín, a sus casi 82 años, entregó su alma al Creador y nos dejó varios escritos, como Temaca en el alma. Como migrante, junto con toda su familia, y habiendo radicado en Watsonville, California, fue incansable en la lucha por la tierra donde quedó su ombligo.

En varias ocasiones me tocó visitarlo y organizar desde momentos de oración hasta asambleas informativas y, en 2018, la presentación del libro Temacapulín, una historia desde dentro. Su apoyo moral, económico y fraterno fue siempre una energía que nos impulsó a un trabajo sostenido. Amigo de las abejas, promovió el amor por un medio ambiente sano, la restauración del Río Verde y las ideas creativas. Con gran sacrificio dio seguimiento al libro dedicado a los migrantes y a los pueblos de donde es originaria su esposa, Edelmira Juárez: Santa Gertrudis y La Escondida, Michoacán.

Nuestra solidaridad con la familia Rodríguez Juárez y un reconocimiento para todos aquellos que se mantienen arraigados a su territorio desde distintos ángulos y hacen que los Laberintos Imborrables sean redes de vida que generan frutos de paz.

Y sigue la mata dando. Los mártires de la Revolución no se acaban. Apenas el 18 de marzo, más de 30 vecinos de Dinamita, Durango, fueron privados de su libertad y, sin respeto a sus derechos humanos, acaba de fallecer —antier, 12 de abril— Javier Mendoza Martínez, por quien exigimos justicia para su familia. A la vez, no olvidamos que en el sur de Guanajuato se levantan las banderas de la “revolución del agua” para exigir claridad en su gestión, sin discriminar a las familias campesinas de Acámbaro, Coroneo, Uriangato y Tarandacuao, entre otros, ante la amenaza del acueducto de la presa Solís a León.

Y finalizo con el controvertido tema del fracking. Definitivamente, este método es dañino para el planeta, para los ecosistemas y pone en riesgo la disponibilidad de agua limpia para el consumo humano.

Por eso el grito no se apaga: ZAPATA VIVE Y LA LUCHA SIGUE.

Gabriel Espinoza Íñiguez nació en Cosolapa, Oaxaca, el 30 de agosto de 1968. Es hijo de padres campesinos y comerciantes, Cesario Espinoza y Librada Íñiguez, ambos originarios de Temacapulín, Jalisco. Estudió Filosofía y Teología en el Seminario Conciliar del Señor San José, en Guadalajara. Ejerció como sacerdote de 1995 a 2015. A partir de 2015 solicitó dispensa a la Santa Sede y realizó un intenso trabajo social en rechazo a la presa El Zapotillo y a la privatización del agua. Diseñó la campaña permanente Volvamos a la Raíz y cursó la maestría en Desarrollo Rural en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco. Actualmente trabaja en proyectos de soberanía alimentaria y medio ambiente, y colabora en iniciativas con la Universidad de Guadalajara, en el Centro Universitario de los Altos (CUAltos).
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