Zurdos… descalificados
Juan M. Negrete
La semana que concluye estuvo intensa en descalificaciones. Como dicen los vagos sobre la cerveza: le faltó un grado para ser leche. Lo más ruidoso y con morbosidad desatada fue el asunto del tal tío Richi. La referencia es clara al señor Ricardo Salinas Pliego, dueño de muchos negocios. Los más conocidos son Elektra, TV azteca, Banco Azteca, Totalplay y algunos más. La difusión del adeudo que mantiene con el SAT ahora nos es de sobra conocido.
Una suma de 74 mil millones de pesos se pronuncia rápido, pero resulta una fortuna. El jueves le metió las manos por fin la nueva corte suprema. No se ventiló todo, sino solo lo relativo a un monto de 48 mil millones. El resultado de la sesión dio la espalda al deudor y es inapelable. Así que pagará o pagará. No hay de otra.
El señor droguero, conocido también como el de los abonos chiquitos, reaccionó perorando como sabe hacerlo siempre. Dijo ser una sentencia amañada porque la corte no fue al fondo del asunto. De inmediato los enterados aclararon al público que la sentencia no tenía para qué ir al fondo. La corte fue bien clara y explícita. El adeudo que combatían los amparos interpuestos por el deudor siguió en firme. Así lo habían determinado dos tribunales colegiados, que revisaron a detalle la demanda interpuesta.
Por lo pronto, el demandado por el SAT tiene que cumplir con esta obligación. Luego se revisarán más documentos referentes al resto de sus adeudos. Pero por lo pronto, a este santito ya se le llegó su función. Así que a don Richi le tocará bailar con la más fea. Y peor será su situación si decide hacerle al loco y no acude a las ventanillas a ponerse amarillo. Es lo que sigue en su sainete financiero.
Esto nada más con relación a tan sonado adeudo. Pero también se ha desatado excesivo ruido y boruca que pone en la mira la descalificación de nuestro gobierno federal presente. Casi, cas, a la que pusieron como monito para todos los tiros, es a doña Claudia, nuestra presidenta, como le gusta autonombrarse a ella misma. Ya es más que notorio que nuestros conservadores eligieron el día de hoy (sábado 15 de noviembre) para arrancar en todo el país su movimiento para hacerla abdicar. Será por eso que no nos la acabamos con discursos de tirria en todos los tonos.
No hay sino meterse un poco a las redes sociales para empaparse de la inundación inmisericorde de estiércol. La derecha que sufrimos sacó a la luz el más amplio repertorio de sus deseos reprimidos y lo tradujo a sus discursos, abotagados de sandeces.
Resulta curioso constatar que entre los que más ruido han hecho, con esto de la invitación a salir a marchar, ha sido precisamente el arriba mencionado tío Richi. No tiene discurso propio, ni se espera que lo tenga, aunque se diga ser empresario de la comunicación. Le robó las líneas generales de discurso al presidente argentino, Javier Milei, y nos los receta aquí, como si los mexicanos fuéramos argentinos. Se imponen algunas precisiones a sus improperios.
Una de las imágenes favoritas del porteño es la descalificación que le propina a sus opositores, calificándoles de Zurdos de mierda. Es una ofensa popular por allá en aquellas tierras. Con nosotros se utilizan, para los mismos fines, otras alegorías, otras figuras, tanto o más sucias, pero nuestras y distintas. Entonces, eso de sacar frases ajenas para pintar realidades domésticas, como que no siempre resulta tan efectivo.
Normalmente solemos calificar a los bandos políticos más destacados con las figuraciones de izquierda y derecha. Esto está integrado en el discurso político internacional y es de sobra conocida su aplicación. Con derecha buscamos identificar a quienes defienden los principios del individualismo, del solipsismo, de la acumulación de bienes totalmente desenfrenada a favor del botín particular. Los que militan en las izquierdas defienden la predominancia del interés colectivo, los beneficios horizontales generalizados y la participación estatal para conseguir estos fines. Vienen estas caracterizaciones de la historia de la revolución francesa y se siguen utilizando sin muchas variantes de nota.
En castellano utilizamos la palabra zurdo como sinónimo de lo que es lo izquierdo; lo mismo pasa para lo que tiene que ver con lo derecho; también le decimos diestro, por ejemplo. Esta riqueza del uso de sinonimias da versatilidad al lenguaje, aunque no dejen de arrastrar confusiones. Entre los chicos solemos escuchar frases rudas, como aquello de zurdo-mal hecho, por ejemplo. Deriva de la constancia generalizada de descalificar a los niños que no realizan sus tareas iniciales con la mano derecha, sino con la izquierda. Todo mundo se empeña en corregirle esta tendencia e impedir que desarrolle habilidades con la zurda, pues. Aunque poco a poco van desapareciendo muchos de los prejuicios de los que deriva esta visión.
Pero de ahí a descalificar a alguien como zurdo de mierda, como lo hace Milei con la oposición argentina, aparte de resultar demasiado fuera de tono, está prolongando proyecciones suyas que bien podría buscar controlarlas. Peor está el cuadro entonces en esta materia para con sus imitadores foráneos. Es el caso concreto con lo que nos hace aquí el taimado tío Richi. Ha dado en referirse a nuestro gobierno actual, que se declara de izquierda, con la descalificación mileiana: zurdos de mierda…
Si el de los abonos chiquitos interpela con groserías al gobierno actual nos lleva a deducir que el gobierno de su gusto está a la derecha. ¿Le gustaría que el público, que simpatiza con el actual, tildara a sus prianistas con una descalificación del mismo tipo y les gritara un epíteto como decirles Diestros… de Cagada? Creo que hay límites.
