Un Mundial turbulento

Carlos Delgadillo Macías
Las justas deportivas están inevitablemente impregnadas del contexto político en el que se desarrollan. Eventos como los Juegos Olímpicos y las Copas del Mundo de la FIFA suelen ser escenarios que proyectan problemas de todo tipo. Pueden citarse casos muy conocidos, como el secuestro de deportistas israelíes durante las Olimpiadas de Múnich 1972, que terminó con la muerte de once atletas, cinco terroristas y un policía muertos. También se puede recordar el boicot de Estados Unidos a los Juegos Olímpicos de 1980, que fue contestado con el boicot soviético a los Juegos de Los Ángeles 1984.
Una Norteamérica dividida
Este año lo que tenemos es un campeonato mundial de futbol, en los tres países de Norteamérica, es decir, Canadá, Estados Unidos y México, que además conforman una enorme zona de libre comercio, regida por el T-MEC.
La relación entre los tres socios no es la mejor, sobre todo por el perfil del gobierno de Donald Trump, quien, así como ha hablado de incorporar a Canadá como el estado número 51 de la Unión Americana, también ha expresado su intención de intervenir directamente en México para combatir los carteles del narcotráfico, sin cuidarse mucho de las formas y muy a su estilo.
Pero más allá de las declaraciones, los actos de Trump han provocado fisuras en las relaciones con sus vecinos, tanto del norte como del sur. Ha aplicado aranceles a ambos y ha recibido sendas respuestas, si bien muy diferentes: Canadá ha aplicado sus propias tasas a productos norteamericanos, mientras que México ha logrado negociar que los aranceles no sean tan amplios ni tan agresivos para sus productos.
La nueva Doctrina Monroe
Ahora bien, la Casa Blanca, además de sus amagos de anexarse Groenlandia, se ha enfocado más decididamente en la frontera sur. A principios de este año intervino militarmente en Venezuela, para capturar al ya expresidente Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores. Ambos están presos de Nueva York y enfrentan varios cargos, entre ellos el de narcotráfico y narcoterrorismo.
Es imposible desconectar esa agresión de la iniciativa de Trump por agrupar a los gobiernos latinoamericanos que le son afines, en el llamado “Escudo de las Américas”, cuyo fin declarado es, precisamente, el combate al narcotráfico. Nadie puede negar, sin embargo, que se trata de un bloque que no sólo persigue objetivos de seguridad, sino que también es parte de una agenda política. Los derechistas Javier Milei de Argentina, Rodrigo Paz de Bolivia, Daniel Noboa de Ecuador, Nayib Bukele de El Salvador, Santiago Peña de Paraguay y José Antonio Kast de Chile, entre otros, comparten una postura favorable el liderazgo estadounidense en la región. Por supuesto, los gobiernos de izquierda de Brasil, Colombia y México no forman parte de esta iniciativa.
Washington ha mostrado con Trump una tendencia mucho más agresiva que en el pasado reciente a intervenir en los procesos democráticos de América Latina. Así lo hizo en Argentina, al prometer ayuda financiera al gobierno de Milei, pero condicionándola a que la derecha obtuviera la victoria en las elecciones legislativas de 2025. El oficialismo de La Libertad Avanza, el partido libertario de Milei, logró finalmente el triunfo. Cuando José Antonio Kast logró la victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales chilenas, Trump llegó a declarar que le encantaba cuando un candidato le pedía el apoyo y no perdía. Ahora que se avecina la segunda vuelta en las elecciones presidenciales de Colombia, Trump ha felicitado y respaldado al candidato derechista Alberto de la Espriella, que enfrentará el 21 de junio al izquierdista Iván Cepeda.
En este contexto hay que encuadrar también el bloqueo y las renovadas agresiones contra el gobierno de Cuba. Además de las amenazas contra los que vendan o entreguen combustible a la Isla, ya hay acusaciones formales contra el expresidente Raúl Castro y una serie de sanciones contra el presidente Miguel Díaz-Canel y otros funcionarios de alto nivel. Abiertamente, el gobierno de Estados Unidos busca un cambio de régimen y una modificación del sistema económico cubano, según sus directrices, como está sucediendo en Venezuela.
Con todo esto en mente, la solicitud de captura con fines de extradición que el Departamento de Justicia entregó a las autoridades mexicanas en contra del ahora gobernador de Sinaloa con licencia Rubén Rocha Moya, el alcalde de Culiacán y otros personajes, como el general de división Gerardo Mérida, se nos revela como parte de una estrategia de alcance hemisférico por parte de la administración Trump.
No se trata de negar las acusaciones contra Rocha y los demás o de escudarse en el nacionalismo para evadir el tema de la penetración del crimen organizado en el Estado mexicano, sino de encuadrar los sucesos en las coordenadas coyunturales. Resulta difícil no sospechar que la cruzada estadounidense no sólo contra los carteles mexicanos sino también contra funcionarios públicos y políticos de Morena, el partido oficialista, sea la táctica que permita impulsar los objetivos estadounidenses no en el renglón de la seguridad trasnacional solamente, sino también los estrictamente políticos, al golpetear a un bloque de partidos no alineado y beneficiar así a la oposición derechista, donde la Casa Blanca podría hallar aliados potenciales.
La rebeldía de la CNTE
Pero si el gobierno de Sheinbaum está lidiando con la amenaza norteamericana, en el corazón de la Ciudad de México también tiene que vérselas con las protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Miles de profesores de Oaxaca y de Guerrero, sobre todo, mantienen un plantón en las inmediaciones del Zócalo, lo que implica un estado de sitio en Palacio Nacional. Exigen plazas, recursos y la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, es decir, la reconstrucción del modelo solidario y estatal de las pensiones y jubilaciones, para sustituir el modelo de las Afores, individual y privatizado.
Los maestros han marchado, han intentado irrumpir en el Zócalo, se han enfrentado con la policía (uno de ellos ya perdió la vista por una bala de goma), han hecho algunos destrozos, han derribado estatuas de futbolistas, han entrado por la fuerza a las instalaciones de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y han advertido que organizarán protestas en el estadio Azteca durante la inauguración del Mundial, el jueves 11 de junio, en el partido entre las selecciones de México y Sudáfrica.
Ni Mario Delgado, titular de la SEP, ni Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobernación, ni Martí Batres, director del ISSSTE, han logrado cerrar acuerdos con la CNTE. La presidenta ha propuesta la creación de una aseguradora pública especializada en el pago de pensiones, así como el fortalecimiento del Fondo Nacional de Pensiones del ISSSTE, pero hasta ahora no ha sido suficiente para la dirigencia magisterial.
Cuando ruede la pelota el jueves 11 en el Estadio Azteca, nuevamente estaremos viviendo un evento deportivo de alcance global en medio de serias turbulencias de todo tipo. La política en todos sus niveles nunca se detiene y siempre influye en sucesos de este tipo. México, con todas las fragilidades y retos que enfrenta, será una sede particularmente interesante para el análisis.




