Al tiempo que transcurre la presidencia de Donald Trump, el jefe de la Casa Blanca va agudizando sus prácticas y discursos contra las personas migrantes que ya residen en la Unión Americana, pero también arremete contra aquellas que intentan ingresar a Estados Unidos en busca de un lugar para vivir.

En ese sentido, el abanico que abre Trump contra los migrantes no solo los ataca en el vecino del norte, sino que trasciende sus fronteras. El ejemplo de la trascendencia fronteriza lo estamos mirando desde el 13 de octubre que dio inicio la Caravana Migrante procedente de Honduras, y que al paso de los días ha recibido numerosas adhesiones de personas de Guatemala y El Salvador quienes experimentan los mismos niveles de pobreza y violencia sufridos por los catrachos. Así las cosas, el jefe de la Oficina Oval, recrudeció las presiones para los gobiernos de los países del triángulo del norte centroamericano (Honduras, Guatemala y El Salvador), así como para las autoridades mexicanas con la finalidad de que materialicen la externalización de la frontera sur de Estados Unidos hasta los territorios nacionales de los países en cuestión y detengan la Caravana migratoria.

En cuanto a la territorialidad estadounidense, las amenazas de Donald Trump adquieren otra dimensión; el día de ayer planteó el deseo de eliminar por medio de una Acción ejecutiva el derecho constitucional a la ciudadanía estadounidense de toda niña o niño nacido en Estados Unidos cuyos padres sean migrantes.

El argumento que aduce para llevar a cabo semejante acción es que no existe ningún país en el mundo que otorgue ese derecho, aunque al menos 33 naciones sí lo conceden de manera automática, incluyendo a Canadá. Por otro lado, dice el presidente, que ese derecho se debe conceder a quienes se encuentran bajo “jurisdicción” de Estados Unidos, y que, en ese sentido, los migrantes “indocumentados” no lo están.

En caso de utilizar la Acción ejecutiva para suprimir ese derecho, iría contra la Enmienda 14 de la Constitución, adoptada el 9 de julio de 1868, para proteger a los afroamericanos y darles estatus legal a los esclavos emancipados.

Desde luego, que no es la primera vez que aparece en la historia estadounidense una propuesta semejante para inhibir la migración “sin papeles”, incluso poniendo como blanco los llamados “bebés ancla”; sin embargo, en esta ocasión la Acción ejecutiva iría también en contra de extranjeros “legales” avecindados allende el río Bravo.

Las voces de rechazo no se han dejado esperar, y han salido desde la misma Cámara de Representantes, en voz de su presidente Paul Ryan, quien ha dicho que el Donald Trump no puede negar el derecho a la ciudadanía estadounidense en aquel país, a los nacidos allá incluso si son hijos de “indocumentados”.

No hay duda, que los discursos incendiarios de Trump en los últimos días, se encuentran sobre el tinglado electoral que tendrá su culminación el martes 6 de noviembre en las elecciones de medio término. Evidentemente que los republicanos están nerviosos porque en las urnas se jugarán el futuro de la segunda parte del gobierno de Trump y, desde luego, una posible reelección en 2020.

Por vía de mientras, las personas migrantes continúan luchando por encontrar un lugar donde vivir.

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