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Anaya, pato con escopeta

Anaya, pato con escopeta

Nos queda por ver la tercera edición del debate entre los candidatos a la presidencia de la república. Ya vivimos dos de los tres programados. Sería una tarea ingrata e inútil reportar tantas versiones encontradas de lo acontecido en las dos ediciones anteriores. Ya daremos cuenta en la tercera de algún jirón histriónico relevante que nos obsequien o también de su intrascendencia.

Le resulta sorpresivo a muchos corroborar que en las encuestas AMLO se mantenga a la cabeza de la puja electoral. No sufre merma su aceptación. Al contrario, sus momios se refuerzan. Se dice que rebasó ya el 50% de las preferencias, lo que le pronostica prácticamente su triunfo final. Tuvimos dos candidatos independientes, pero es figura desdibujada. Margarita tiró la toalla. Y el tal ‘Bronco’ no levanta. Podemos entonces prescindir de sus bufonadas y concentrarnos en la pugna de tercios que sostienen Anaya. Meade y Obrador.

Anaya y Meade insisten en que se llevarán el triunfo. Lo repiten en todos los foros, aunque sus números no les otorguen respaldo a tal pronóstico. Meade no ha podido romper hacia arriba la cifra del 20%. Y Anaya se ha venido desplomando, raspando más bien el empate a la baja, con Meade, y no con el puntero, que conserva y amplía su cómoda ventaja. Ni siquiera juntos podrían alcanzar al popular peje. AMLO se despegó en la carrera por la presidencia desde el arranque mismo. Ya no se ve como posible que lo alcance, por separado, ninguno de los otros dos candidatos. ¡Vaya! pareciera que ya ni juntos, convirtiéndose en una sola opción, lograrían la hazaña. Es propuesta que estuvo manejándose en las altas esferas, según trascendió en más de un comedero. Pero a estas alturas es posibilidad decapitada y sepultada.

Sin embargo, la interacción política entre grupos sociales y candidatos sigue su marcha. Hace días corrió, como versión velada, que el canciller Videgaray se entrevistó con AMLO. Puede tratarse de mero rumor o pudo haber sido cierto. Si ocurrió, encuentra sentido como decisión de pragmatismo puro. Los que detentan en estos momentos el poder están por entregar la estafeta. ¿Por qué no podrían ir adelantando fichas para la próxima entrega-recepción? No está confirmado el encuentro, pero pudo haber ocurrido y con razón.

En cambio sí se enteró el público de la reunión que AMLO realizó con los hombres más ricos del país. Concurrió casi medio centenar de ellos, entre los que destacan: Germán Larrea, del grupo México; Alberto Baillères, del Grupo Bal; José Antonio Fernández Carbajal (FEMSA); Sergio Argüelles González, del grupo inmobiliario Finsa; José Ramón Elizondo, de Vasconia; Andrés Conesa, de Aeroméxico; Eloy S. Vallina Lagüera Jr., de Grupo Chihuahua; Héctor Hernández Pons Torres, (Herdez); Claudio X. González, de Kimberly Clark; Valentín Diez Morodo, (Comce); Eduardo Tricio, de Lala; Emilio Azcárraga Jean (Televisa) y Roberto Hernández.

Obrador pintó a la prensa una sesión tersa y civilizada, donde limaron asperezas. Los anfitriones difundieron en cambio que le habían leído las cartas. Por boca de Alejandro Ramírez le reclamaron la pintura ‘denigrante’ con que a ellos se refiere llamándoles ‘la mafia del poder’, ‘traficantes de influencias’, ‘beneficiarios de la corrupción’ y otras lindezas. En boca de Pablo Castañón (CCE), dijeron haberle sacado el compromiso de continuar el NAIM, tal cual se aprobó en el actual sexenio. Que su construcción es viable.

Obrador aclaró la divergencia. Dijo que concordó con ellos en el sentido de resolver su actual problema de saturación. Pero que se sostiene en la postura de ampliar el aeropuerto militar de Santa Lucía o bien en la de construir el nuevo, concediéndolo a la IP, si ésta está dispuesta a invertir su dinero, no el de las arcas públicas. ‘No quiero contrapuntearme con él (Castañón). Esas reuniones se graban. Hay testimonio, hay grabación. Ahí está lo que yo dije’.

Viniendo a Anaya, vemos que su se complica. El conocido periodista Jorge Ramos le puso una soberana pela en la audiencia celebrada con los estudiantes de la Ibero. Él pintó ante los micrófonos de la prensa un paseo por campos floridos. Pero al revisar con atención en youtube la versión en vivo, se comprueba que el optimismo edulcorado de Anaya carece de respaldo. Como sea, es versión que proviene de su propio ronco pecho. Se comprende.

Lo que realmente le viene a complicar el cuadro es la difusión en redes sociales de una segunda parte ‘informativa’ sobre su involucramiento en operaciones de lavado de dinero. Es la misma versión de la venta que hizo de una nave industrial en Querétaro, en la que participó su amigo Manuel Barreiro, quien se encuentra prófugo. Ahora aparece en cartelera un hermano, Juan Barreiro, otorgando más datos al público sobre tales estropicios.

Anaya se cura en salud y contraataca con un recurso favorito del cinismo distractor de tantos que han pasado por el pebetero antes que él. Dice que el contenido de esta renovada campaña es falso. Sale al aire desde los Pinos. Obrador y Peña pactaron la impunidad del actual presidente para el sexenio que viene. Ahora revierten en su contra la guerra sucia. Casi para terminar la campaña se victimiza, pero devuelve el tiro. El problema es que vemos en sus alegatos a un pato que le tira a las escopetas. Para Jalisco, no es dato menor. Enrique Alfaro mantiene como puntal de su campaña al figurín de Anaya. Si se desploma a los ojos del público ¿le variará el electorado el sentido de su voto? ¿Le remontará y rebasará Carlos Lomelí? Su presencia ha crecido y le disputa en serio la plaza. El tema da para mucho. Lo veremos más adelante.

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