Beltrones evitó viaje de Luis Colosio a Tijuana (V)

Partidiario

Criterios

 

Después de insistirle durante meses y luego de una antesala de días en Hermosillo, por fin, en noviembre de 1994, don Luis Colosio me concedió una prolongada entrevista en la que hizo revelaciones que no dejaron lugar a más conjeturas: que el de su hijo Luis Donaldo fue un homicidio maquinado desde el poder y que se trató de un asesinato político. De un crimen de Estado.

Casi empalmado al hecho sucedido en Lomas Taurinas en Tijuana, el gobernador de Sonora, Manlio Fabio Beltrones, recibió la llamada del presidente Carlos Salinas de Gortari  para que se desplazara hacia allá y estuviera al pendiente de las investigaciones.

Juntando cabos sueltos del asesinato de Colosio; lo que me consta (I)

Estaba Manlio en una reunión con su gabinete, del que don Luis Colosio formaba parte: era secretario de Fomento Ganadero estatal. Beltrones, exsubsecretario de Gobernación y responsable del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), obedeció las órdenes y de inmediato dejó todo y partió en su avión hacia la frontera. Con él voló el titular de Salud.

Nunca, ni por asomo, invitó al principal interesado, al padre de la víctima. ¿Sería porque podría descomponerles la trama? Podría no faltar alguien que, con toda confianza, sin temor a filtraciones, le aportara información de primerísima mano y el teatro se derrumbara.

Aquella entrevista en su despacho en las nuevas oficinas del Poder Ejecutivo, a las orillas de la ciudad, que se publicó en la revista Proceso, empezaba así: “Despacio, muy despacio, casi en secreto, haciendo constantes esfuerzos para no llorar, don Luis Colosio Fernández contó al reportero, durante 90 minutos, su tragedia, sus dudas y sus certezas”.

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Con la voz quebrada todo el tiempo y haciendo largas pausas, don Luis me dijo que aunque sigue siendo el mismo de siempre, “íntimamente mi dolor es muy grande No por tratarse de una figura, simple y sencillamente por tratarse de mi hijo; (…) a todos mis hijos les tuve y les tengo un gran y enorme cariño(…) Yo creo que me excedí en no pensar que la vida es transitoria, esa situación que en cualquier momento se va a presentar: la pérdida de un ser querido(…) Es lógico pensar que nosotros los viejos nos vamos a ir primero. Nunca piensa uno que también los hijos, que son humanos, en cualquier momento terminan su vida…”

A continuación, lo más destacado de la conversación.

El propio Manlio le dio la noticia del atentado. Entró rápido su secretario particular y le entrega una tarjetita. La ve y salta de su asiento hacia su despacho. Al teléfono, Carlos Salinas.

“Pasados unos minutos, nos habló a su despacho al secretario de Salud y a su servidor. Ahí, y con el rostro descompuesto, nos dijo que Luis Donaldo había sufrido un atentado; en ese momento empecé a albergar la esperanza de que no fuera fatal.

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De ahí en adelante a esperar las noticias; a las dos o tres horas confirmaron que ya había fallecido. No podía creer que Luis Donaldo había sufrido un atentado, que estaba herido. Luego le pedí a Dios que no fuera grave. Me comuniqué con la familia y ya sabían. Todos nos pusimos a orar y llorar”.

–Usted no se trasladó a Tijuana. No se le vio por allá.

–No, yo no. El señor gobernador nada más dijo: “En estos momentos voy hacia allá. Me pidió el Presidente que me moviera hacia allá para estar al pendiente de todo. El doctor Higuera, secretario de Salud, lo acompañó a Tijuana.

–No lo invitaron ¿por qué? ¿Qué pasó?

–No. Se suponía que como todo era muy confuso no debía ir. Las noticias eran confusas para entonces. “Espérenos aquí, nosotros regresamos, no es necesario trasladarse para allá”, me dijeron.

“Al conocer la noticia definitiva, hablamos a México con las otras hijas y con las personas cercanas a mi hijo para saber la decisión que se iba a tomar, y entonces, como a la hora me hablaron: ‘Van a trasladar el cuerpo aquí a México, va a ser velado en el auditorio del partido. Posteriormente va a estar en la funeraria Gayosso y ustedes se vienen en la mañana”. Al día siguiente nos trasladamos; mi esposa ya estaba en la Ciudad de México. Nos fuimos mi hija Martha, Víctor y otra hija que vive en Mexicali, se vino muy temprano en la mañana, nos proporcionaron un transporte aéreo.

–¿Qué pensó después del asesinato?

–Esa fue la pregunta, ese fue el cuestionamiento que todos nosotros nos hicimos ¿Por qué lo mataron? ¿Por qué a él, si no le hacía daño a nadie? No era un hombre violento, no tenía enemigos, jamás usó siquiera una navaja, menos un arma de fuego. Esa es la interrogante: ¿Por qué? ¿Por qué a él? Todo estaba muy confuso. Finalmente empezamos a caer en elucubraciones, en tratar de concebir cuál fue el móvil, por qué lo mataron.

Suspira profundo, se frota una y otra vez las manos. Silencio total. Un largo suspiro:

“Yo sabía, porque lo intuí desde un principio, que él corría un grave peligro, y en

alguna ocasión se lo dije: `No te lo puedo explicar, pero te veo muy solo, hijo’ Y él, con su optimismo, con un abrazo me dijo: `No pasa nada, no pasa nada’. Le dije: `Sí, pero tengo miedo. Me he vuelto muy cobarde, si quieres. Tengo miedo de que se caiga un avión, de que vaya a chocar un autobús o que venga un loco, un destrampado y cometa un atentado contra ti en un tumulto de esos que no faltan’ Me respondió: `No tengas cuidado, no pasa nada’ Le dije: `Adelante, entonces’. ”

–¿Por qué sentía eso? ¿Intuición? ¿Lo veía solo, sin seguridad suficiente?

–Pues por tantas… No tengo explicación. Al principio lo vi muy entusiasta, muy animado. Nunca vi que perdiera el ánimo, salvo en los últimos días. Yo lo veía sólo por televisión. Lo vi en diciembre cuando vino a Sonora y posteriormente el 8 de diciembre cuando protestó como candidato. El 2 de enero fuimos todos a visitarlo. Con motivo del movimiento de Chiapas, le dije: ‘Todas las cosas que están pasando me preocupan, hijo. ¿No te llegará a afectar? ¿No corres peligro?’ Me dijo: ‘No, no te preocupes, despreocúpate, no pasa nada.

Se va a arreglar. Se tiene que arreglar.”

–¿Ahí empezaron sus dudas y temores?

–Ahí… Ahí empecé a intuir algo, pero sin ninguna base, nada más intuición: la angustia y la inquietud de padre. Una vez le platiqué a un amigo una coincidencia: la noche del 22 de marzo lo había visto en la televisión. Le vi en su mirada un dejo de tristeza y angustia y le dije a mi otro hijo: ‘Yo le noto en su mirada algo, de por sí tenía una mirada así, melancólica’. Me dijo: ’Ay papá, no pasa nada”. Pero yo no estaba seguro y amanecí bastante inquieto, no me podía concentrar. Se lo platiqué a un periodista de El Imparcial que fue a entrevistarme el mismo 23 de marzo. Le había advertido que no hablaríamos de política. No quería tocar ese tema, sólo el de ganadería, mi quehacer diario, con todo gusto. De golpe y porrazo, me dijo: “De lo que se viene especulando de un posible cambio de candidato, ¿no le preocupa a usted que a su hijo lo lleguen a sustituir?” Me molesté un poquito; le dije: “A mí no me inquietaría ni me inquieta ni me preocupa si lo cambian como candidato o no. A mí me preocupa él, como persona, físicamente, que no le vaya a pasar nada. ‘¿Por qué me dice eso?’ “Pues es que tengo un temor, una angustia de que algo le va a pasar en esos vuelos: que se caiga un avión o que un autobús choque o que un loco cometa un atentado contra él, eso es lo que me preocupa’. Eso fue como a las tres de la tarde y a las cinco lo asesinaron. Era una premonición que tenía yo”.

Chiapas, Colosio y el rompimiento

–¿Nunca le preguntó si tenía problemas con alguien en particular, o si estaba presionado, amenazado?

–La última vez que lo vi con vida fue el 20 de febrero. Fui a una comisión de aquí de la Secretaría y lo vi brevemente: ‘¿Cómo te sientes? ¿Todo bien? Cuídate mucho’. Me respondió: ’No te preocupes, todo va a salir bien, vamos a salir bien. Tú también vas a salir bien’. Insistí: “¿Cómo te ha ido a ti? ¿No bien?” Me dijo: ‘Aquí vamos a estar, nos va a ir bien, no te preocupes, todo se va a resolver’. “¿No tienes algún problema?”, le insistí. ‘No, todo sale bien. Dialogando todo se resuelve’. No fui muy inquisitivo con él, sabía que nunca me iba a decir nada.

–¿Cree que tuvo presiones para que renunciara como candidato, que los espacios en los medios de comunicación se los llevaba Chiapas y sus protagonistas?

–La historia está ahí para demostrarlo, para evidenciarlo y para quien quiera conocer el proceso, pues surgió lo de Chiapas que vino a enturbiar todo, no es un secreto. En toda la prensa nacional, todos los medios escritos, radio, televisión, el primer plano era el conflicto armado y los que figuraban de una u otra manera.

–¿Se refiere al subcomandante Marcos, a Camacho?

–Pues a todos, sin mencionar nombres; a todos los que estuvieron involucrados en ese conflicto. Veía, como simple espectador, una marcada diferencia. Finalmente yo no era nadie ni para sugerir ni para comentar. Es muy difícil para un hombre, para un individuo, hombre o mujer, estar en las situaciones que nosotros vivimos. Tener una relación como la teníamos con él, que era nuestro hijo. Teníamos que ser demasiado parcos, callados. Entendíamos que no era nuestro papel hacer ningún comentario. Lo único que hacíamos era pedirle a Dios que lo cuidara, que lo protegiera.

Calla un instante, suspira y dice: “Una vez sucedidos los hechos trágicos, nomás nos refugiamos en nuestra soledad. Pero encontramos mucho consuelo en las gentes, en una inmensidad de gentes” que les enviaron cartas, telegramas, corridos, acrósticos, poesías, por cientos, y seguían llegando con motivo de la gravedad de Diana Laura hasta su muerte. Y don Luis Colosio ha contestado a no menos de 500 personas.

–¿Nunca le dijo Luis Donaldo si fue amenazado?

–Nunca, nunca nos comunicaba nada. Era muy parco, muy reservado. Teníamos comunicación, pero se refería al aspecto familiar de cómo está tu esposa, cómo están tus hijos o de cómo está mi madre, cómo están mis hermanos. Y en muy contadas ocasiones, cuando yo quería tocarle algún tema, me desviaba la plática para hablar del rancho y me decía, cómo está el caballo pinto. Cuando le preguntaba: ‘Oyes, ¿fulano de tal? Gran amigo mío, una gran persona’. Nunca le escuché decir nada de nadie. Le decía:’“¿Conoces a fulano’ ‘Sí, lo he tratado, es muy valioso’. Siempre tuvo expresiones para toda la gente. Entendí que no es que le disgustara, sino que no quería hacerme partícipe.

–¿Le preguntaba de situaciones concretas, de políticos?

–De todo mundo me habló bien, inclusive de periodistas que lo trataron mal, que lo ridiculizaban. Yo veo de repente la prensa y fulano de tal no te trata bien. “Bueno, es que así es, son sus puntos de vista, cada quien tiene su propia óptica. Ellos me ven así, tengo que ser respetuoso con ellos porque ellos me ven así, otros me verán bien, pero no debe preocuparte, tú vete tranquilo”, me respondía.

–Después del discurso del 6 de marzo ¿no cree que cambiaron las cosas, sus relaciones con el presidente Salinas, con las fuerzas del poder?

–Su discurso yo lo escuché completito en la televisión. Quienes estábamos en esta oficina mirándolo y escuchándolo, cuando hacía pronunciamientos bastante serios, bastante fuertes, nos mirábamos asombrados. Vinieron los comentarios al otro día en la prensa. Quise no darle importancia a esto que usted me pregunta, porque como simple ciudadano, quien escuchó, quien oyó, sin estar, pudo haber considerado que fue una bifurcación, pero yo no quise. Es más, ya no le volví hablar, ni siquiera para preguntarle; yo me atuve nada más a los comentarios de los analistas de la política. Fue un discurso memorable, fuerte (…) Era de un hombre que de alguna manera había vivido lo que estaba diciendo.

–¿Molestó, incomodó a las gentes del poder?

Larga pausa.

–Pues algunos lo han interpretado así. No quisimos, o no quise atormentarme. Pudiera ser, pero no quise albergar un juicio en mi corazón y mi mente. Pudiera haber sido, pero si lo hubiera albergado, si lo hubiera tomado como una causa para el efecto, pues ya no estuviera platicando con usted; estuviera en un manicomio. Entonces, opté por aceptarlo como un designio del Creador. Sigue vivo su recuerdo(…) Yo creo que más bien fue obra para desestabilizar al país. Yo no creo en la versión del hombre solitario.

–¿No está satisfecho con la investigación?

–No me convence. Y creo que no convenció ni a las mismas autoridades que quitaron del caso al señor Montes y nombraron a una señora (Olga Islas) para que siguiera el proceso. Vino lo de la sentencia que le dan a ese señor (Aburto), y mucha gente me ha preguntado si estoy conforme (…) Pero tampoco me lleno de ardor, de rencor. No. Lo dejaré al juicio de la historia.

–¿No cree en la versión oficial?

–No, claro.

–¿De dónde vino la conspiración? ¿Fue un crimen de Estado?

–Pues… –medita–.  Yo creo que esto fue… La historia de México está llena… No llena, pero registra algunos hechos similares a esto: crímenes políticos. Yo lo ubicaría como un crimen político. Eliminaron a un hombre que estaba en la política. Así como mataron a Obregón. Tenemos el caso reciente del señor que acaban de matar hace poco más de dos meses, Ruiz Massieu, que murió también de manera trágica, nada más que las condiciones fueron distintas en cuanto al autor material y en cuanto a los supuestos autores intelectuales.

Posteriormente diría don Luis Colosio, a pregunta expresa, que, contrario a lo ocurrido en la investigación de la muerte de su hijo, la de Ruiz Massieu se hizo rápidamente. “Pero necesitamos la fortaleza para saber perdonar”, subrayó.

–Sí, pero queda la duda –le insistí.

–Sí, claro (…), pero si esas personas, esas instituciones en que hemos confiado, no nos satisfacen, pues que haga juicio la historia.

–Su afirmación me suena muy formal, de compromiso. Queda la interrogante: ¿Qué pasó? ¿Por qué pasó?

–Claro, no solamente debe aclararse por la familia Colosio sino por todo México, porque yo considero que a través de esas cartas, de esos telegramas, el pueblo manifestaba su dolor y su decir (…). No era la figura en la familia. Nunca albergamos la expectativa de que íbamos a tener un hijo Presidente, un hermano Presidente. Queríamos que viviera su vida normal. Entonces, para satisfacción de ese pueblo que de alguna manera albergó alguna esperanza, que se le dé una satisfacción llegando al esclarecimiento de los hechos…

–¿Se puede creer todavía en las autoridades, cuando el mismo subprocurador Mario Ruiz Massieu denuncia que en la propia PGR y en el PRI obstaculizan la investigación del crimen de su hermano?

–Por eso son hechos muy lamentables, que yo nunca esperé vivir y testimoniar. Lamento profundamente que en nuestro país exista ese grado de descomposición. Nada puedo hacer, sólo expresar un ferviente deseo de que quienes dirigen actualmente al país o lo dirijan en el futuro, tengan más reflexión, más conciencia y traten de sacarlo de este marasmo. Que sea un México fuerte, unido, que todos queremos se haga realidad. Que cese esa violencia, esa lucha estéril. Porque dígame usted, yo no tengo más información que la que leo en la prensa y la que escucho en los noticieros nocturnos de televisión de las acusaciones mutuas. ¿Qué genera eso? Genera comentarios de todo tipo, entre toda la población. Yo creo que se están haciendo esos señores un daño terrible ellos mismos

–¿A quién se refiere?

–Pues a los acusadores y a los acusados.

–¿Esto significa que no hay justicia, que no se quiere hacer justicia?

–Bueno, si de alguna manera el señor Ruiz Massieu está diciendo que lo obstaculizaron, que obstruyeron sus investigaciones, su labor de pesquisa para dar con los autores intelectuales del asesinato de su hermano, y acusa directamente a los altos dirigentes, entonces, ¿no es un signo de descomposición eso? Es lo que yo lamento, que en mi país suceda esto, donde se supone que hemos avanzado.

–Y mientras, la investigación del asesinato su hijo Luis Donaldo está atorada

–Pues sí. No se ha dado más información, excepto que al señor Aburto se le aplicó una condena y que el caso sigue abierto. Es ahí donde pensamos: ¿irá a seguir abierto o irán a continuar?

 

Crimen por el poder

–¿Serían los dinosaurios del PRI los que mataron a Colosio y luego a Ruiz Massieu porque no quieren que haya cambios?

–Pues es una de las hipótesis que han manejado los analistas políticos. Pero a estas alturas no sé distinguir quién es dinosaurio y quién es de la nueva hornada, que también puedan tener las mismas entrañas. Creo que hay viejos de buen corazón y jóvenes malvados, y viceversa.

–¿Por su mente han pasado nombres de algunos posibles responsables?

–Pues le he dado muchas vueltas de quién pudiera ser. Me hago la reflexión y pienso en alguno, que en asociación con otra persona sean los responsables. Finalmente no han obtenido, al menos aparentemente, el resultado que ellos esperaban, que es llegar al poder. Entonces, se vuelve a lo mismo, es una lucha estéril; he optado por alejar esos nombres de mi mente.

–¿Qué nombres?

–Bueno, ahí está la gran cuestión. Son nombres que no tiene ninguna importancia mencionar y no generarían ningún beneficio. Simplemente decir que estos dos son crímenes políticos ¿A quién culpar? Mucha gente dice: es el sistema, pero el sistema somos todos y todos de alguna manera somos responsables: unos por participar, otros por no participar; otros por no expresarlo y otros por tratar de cerrarse a ese sistema. Entonces, sería inútil decir es fulano, es zutano, perengano.

–Se habla desde el Presidente hacia abajo. Es vox pópuli.

–No sería yo quien dijera: ignoro eso. Todo eso lo he escuchado, lo he leído. Precisamente de ahí para abajo, no le quiero dar cabida a ninguno. Finalmente, fueron todos y fui yo mismo ¿Por qué? Porque de alguna manera pude haberle pedido, aunque él no me lo hubiera permitido, pero estarle insistiendo: retírate, o salte de la política o cuídate. Nunca lo intenté, nunca pude llegar o nunca me propuse hacerlo. Entonces, tengo culpabilidad.

–Se imputa al grupo Hank, al de Gutiérrez Barrios. Aquí mismo en Sonora, la gente de la calle acusa al propio Salinas ¿Aprueba o desaprueba esas versiones?

–Mejor me mantengo al margen, porque le digo que no hay remedio ni aliviaría mi dolor acusando directamente al grupo fulano o al grupo zutano o a la persona denominada fulano de tal. Lo único que haría es albergar un odio, un rencor en mi corazón, que entre a mi mente, y que me llevaría a terminar más pronto los años de mi vida y le causaría más daño a mi familia en la que hemos llegado.

–Hay algo que inquietó mucho desde el principio y abrió una serie de interrogantes: ¿Por qué se fueron a Tijuana Beltrones y el secretario de Salud y no usted? ¿Por qué no lo invitó? Por eso se ha mencionado a su gobernador como sospechoso.

Don Luis Colosio se inquieta, se incomoda en extremo, pero mantiene la calma. Piensa largo.

–Sería muy temerario de mi parte hacerme eco de esa hipótesis que se maneja en torno del licenciado Beltrones. Es muy difícil acusar. Yo siento que Beltrones era amigo de mi hijo.

–¿Sí, seguro?

–Sí señor

–¿Convencido?

–Se rasca la cabeza, entrelaza las manos, se inclina y respira profundo en el borde de su sillón.

–No. No puedo pensar, no puede ser de otra manera.

–¿Es cierto que su hijo Luis Donaldo no estuvo muy de acuerdo con su nombramiento como secretario en el gobierno de Beltrones? ¿Tuvo algún reproche de su parte?

–Mi hijo solamente me dijo: “Estás tomando una responsabilidad, ¿te sientes capacitado?’ Le dije: ‘Tengo la inquietud, creo tener la capacidad de poder responder a esta responsabilidad a la que se me invita a participar, pero si te entorpece…”  “No, estás en libertad de tomar tus propias decisiones. Pero si sientes que no puedes, mejor no”. Y durante mi ejercicio he tratado de sacar adelante mi tarea, si no con calificación excelente, sí aceptable.

–¿No ha sido usted presionado, amenazado, para que no indague más?

–No, no se han conculcado mis derechos ni nadie me ha dado línea, y mentiría si dijera que estoy presionado.

–Hace algunos meses usted declaró que lo único que quería es llegar vivo al fin del sexenio, para poder hablar.

–Fue una frase que me atribuyó un periodista de El Financiero. Me preguntó si tenía miedo a hablar. Yo le dije: “No tengo miedo a hablar El único temor que tengo es a Dios, ni al diablo personificado. Si te refieres a que tenga miedo a que me puedan matar, cualquiera me puede matar y ni siquiera me voy a dar cuenta. Yo vivo tranquilo porque tengo la conciencia tranquila. Nada debo, nada temo, entonces, yo vivo tranquilo”. Y le repito: no tengo acusaciones qué hacer.

–¿Pudiera haber alguna relación entre los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu?

–Nomás que los dos eran políticos. Pero yo no asocio a personajes. La única aseveración que puedo hacer es que es producto de la misma lucha por las posiciones políticas. Creo yo. Descomposición social general, no sólo del PRI.

–¿Tendría algo que pedirle al nuevo Presidente?

–Voy a ser repetitivo, y en los pocos años que me queden quiero ver buenas intenciones y buenas acciones, y eso le pediría a Dios, que lo proteja para que encabece en buen gobierno.

Seis años después, don Luis Colosio llegó al Senado de la República (2000-2006) vía plurinominal, a propuesta del mismo partido del que fue candidato y víctima  su hijo. Cuatro años después de dejar la legislatura, murió en febrero de 2010 con todas sus dudas sin esclarecer.

“El gobierno federal intentó culparnos del asesinato de Colosio”: Ruffo (IV)