La pobreza y la desigualdad que existe en México no es obra de la casualidad, al contrario es producto de un diseño económico e institucional que ha favorecido la concentración la riqueza en unas pocas manos. Las principales características de este modelo, aplicado al menos de 1982 a la fecha ha sido el siguiente:

  1. Se contenían los salarios mínimos porque se consideraba que sus aumentos provocarían inflación, por tanto, los aumentos a los salarios mínimos siempre iban a la zaga de la inflación provocando que ese ingreso perdiera capacidad de compra.

  2. Ha sido parte del modelo el aumento, sin control de los sueldos de la alta burocracia en los gobiernos federal, estatal y municipal, así como en los organismos autónomos. Al menos desde el gobierno de Vicente Fox (2000-2006) se instauró la falsa idea de que altos sueldos aseguran la retención de personal altamente calificado, eficiente y por tanto buenos gobiernos. Este esquema generó una burocracia dorada que acumuló privilegios que ahora con el nuevo gobierno no quiere perder.

  3. Corrupción desbordada entre la clase política y empresarial que permitió la creación de grandes empresas que obtenían contratos de obra pública, caracterizados por el sobre precio, además de la creación de paraísos fiscales que exentan del pago de impuestos a las grandes empresas, este esquema de privilegios generó en México una economía capitalista de compadres que favoreció la concentración del ingreso.

La información disponible sobre desigualdad y pobreza es alarmante: En México, las diez familias más ricas concentraron en 2017, 116 mil millones de dólares, la misma cantidad que concentraba el 50% de la población más pobre. A su vez, CONEVAL reporta que en 2016, 43.6% de los mexicanos se encontraba en situación de pobreza (54.4 millones de personas) mientras que 7.6% en pobreza extrema (9.4 millones de personas1).

Por tanto, es urgente diseñar en México políticas que tiendan a aminorar estos flagelos. Después de las políticas para combatir la delincuencia, el gobierno federal debe centrar su atención en inhibir uno de los principales detonantes de la violencia como es la pobreza y la desigualdad.

Para lograr este objetivo, la mejor política es el fortalecimiento del mercado interno; durante más de tres décadas se privilegiaron las políticas de crecimiento, en lugar de las de desarrollo, en los últimos cuatro sexenio, las políticas macro económicas y comercial favorecieron a la gran empresa y al comercio exterior, se buscó posicionar a México en los mercados externos y por tanto las grandes empresas, de capital nacional y extranjero fueron las ganadores del proceso de apertura comercial; por tanto, era necesario un cambio de rumbo, ahora de debe privilegiar al mercado interno e impulsar políticas de desarrollo social, de infraestructura en regiones del sur sureste de México e impulsar la recuperación salarial. El estado mexicano debe retomar su liderazgo como conductor de las políticas de desarrollo.

Para lograr la recuperación de la capacidad de compra de los trabajadores mexicanos, un primer requisito es lograr estabilidad macroeconómica, los pronósticos de la Secretaría de Hacienda y de los principales analistas financieros pronostican una economía estable durante 2019: Crecimiento del PIB real, alrededor de 2%, inflación 3.4%, tipo de cambio 20 pesos por dólar, tasa de interés nominal 8.3%, se proyecta demás un precio del barril de petróleo de 55 dólares y una producción diaria de 1.8 millones de barriles de crudo. Es decir, no se vislumbra un cataclismo económico durante 2019.

Durante el largo período de políticas neoliberales el salario se consideraba un costo para las empresas y no como un ingreso para los trabajadores y la principal variable re distributiva del ingreso nacional. El aumento al salario mínimo de 16.2% y del cien por ciento en la frontera norte, permitirá que un mayor porcentaje de personas cubran la canasta de referencia que el CONEVAL establece para medir la pobreza en México que es de 3061 pesos mensuales por persona en las zonas urbanas (dato de noviembre de 2018). Contrario a lo que piensa mucha gente, de que ya nadie percibe un salario mínimo, resulta que 6.4 millones de trabajadores de la población ocupada en México perciben ingreso iguales a un salario mínimo; y 62.7% percibe entre 1 y 3 salarios mínimos, es decir, 28.3 millones de personas, con datos de junio de 2018.

Además, la estrategia de disminución de los altos sueldos y un cúmulo de privilegios de la alta burocracia y el aumento de los sueldos de los trabajadores al servicio del estado que menos ganan, permitirá compactar los ingresos de todos los trabajadores que trabajan en los tres niveles de gobierno.

Por otra parte, la política social será clave porque aumentará el ingreso de amplio segmentos de la población; por ejemplo la política de apoyo a jóvenes que no estudian ni trabajan entregará 2400 pesos mensuales a 300 mil jóvenes de escasos recursos que estudien la licenciatura y de 3600 pesos a 2.3 millones de jóvenes menores de 30 años para vincularlos a centros de trabajo para que reciban capacitación durante un año.

El apoyo a los adultos mayores se duplicará, a partir de 2019 se entregarán 1300 pesos mensuales a 8.5 millones de adultos mayores de 65 años y más, en el caso de los adultos mayores indígenas será desde los 65 años. En ambos programas se estima que la derrama económica será de alrededor de 240,600 millones de pesos sólo durante 2019.

Existen otras dos políticas para disminuir la pobreza y desigualdad: la política de salud y la educativa, la primera apenas estos días se está anunciando y parece acertada la intención de integrar todo el sistema de salud en México, que hasta ahora se encuentra disperso; falta escuchar el diagnóstico y la estrategia para mejorar la educación en México.

El aumento en los ingresos de la población va a fortalecer el mercado interno, esto debe generar un círculo virtuoso de crecimiento, pero también de desarrollo a partir del mejoramiento de la calidad de vida de la población más pobre de México. Esta estrategia de políticas macro, social, salarial y laboral van a detonar el crecimiento de la demanda interna, que la final rebota en las empresas que van a tener un contexto más dinámico de crecimiento de la inversión. Además, se espera que en el mediano y largo plazo, estas acciones reduzcan la desigualdad y la pobreza en la que se encuentran amplios segmentos de los mexicanos. Las políticas económicas se evalúan por su diseño pero principalmente por sus impactos, esperemos al menos dos años para evaluar si esta estrategia dio los resultados esperados.

1 México Justo: Propuestas de política públicas para combatir la desigualdad en México, OXFAM México, 2018

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