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Cerro del Cuatro: lugar de desapariciones

Cerro del Cuatro: lugar de desapariciones

Guadalajara, Jalisco.-En la zona del Cerro del Cuatro, desaparecen jóvenes, adultos y hasta personas de la tercera edad, en el delito, sospechan los afectados, estarían implicadas las autoridades en complicidad con la delincuencia organizada.

Muestra de ello, es lo que le pasó la familia de Gloria María Radilla Romero, quien hace 45 años le tocó sufrir por la desaparición de su esposo, Baltazar Navarrete Aparicio El Prieto, y de sus familiares, entre ellos, su tío, Rosendo Radilla Pacheco, cuando habitaba en Los Cajones, perteneciente al Ejido de Río Chiquito, en Atoyac de Álvarez, Guerrero.

A más de cuatro décadas de ese suceso, “la pesadilla” regresó el pasado 13 de marzo, cuando unos sujetos armados, que sospecha ella y su familia, serían elementos de La Marina o incluso de la Fiscalía del Estado, se llevaron a su hijo, Eligio Sánchez Radilla, de 41 años, y a su nieto, Lázaro Edgardo Sánchez Robles, 25 años, junto con un amigo, César Hernández Téllez, también de 25 años, de la colonia Francisco I. Madero, dentro del Cerro del 4, municipio de San Pedro Tlaquepaque.

En la semana en que desaparecieron los tres hombres, en la misma colonia fueron levantados otros tres, mientras que uno, que era socio del papá de Edgardo, lo asesinaron. En tanto, la casa de una de las hijas de Gloria, fue clausurada con sellos de la Fiscalía. Antes de colocar los sellos, los presuntos elementos de la dependencia estatal sacaron de la vivienda aparatos electrónicos y hasta la medicina para el cáncer, de otros de los hijos de la afectada.

“Volví a revivir la pesadilla que sufrí allá, más diferente ahora aquí en Guadalajara. No veo interés de la autoridad de buscar a mi familia”, lamenta Gloria Radilla.

La mujer, una señora de la tercera edad, es sobrina de la activista Tita Radilla Martínez, vicepresidenta de la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Víctimas de violaciones a los Derechos Humanos en México (AFADEM).

Tita Radilla, es hija de Rosendo Radilla Pacheco, quien desapareció tras haber sido detenido en un retén militar en Atoyac de Álvarez en agosto de 1974. Su caso se llevó hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde emitieron una sentencia contra del Estado mexicano para que se le busque y localice, o en su caso, sus restos.

La Fiscalía General de la República excavó, en una sexta diligencia, en el predio que era ocupado por el entonces Cuartel Militar de la 27a Zona, en el municipio de Atoyac de Álvarez.

Así como la FGR busca los restos de Rosendo Radilla; Lázaro Sánchez Radilla, hermano de Eligio y padre de Edgardo, ante la pasividad de la autoridad, pretende rastrear entre los montones de tierra, que se ubican en Tlajomulco de Zúñiga a sus familiares. En este municipio es frecuente que encuentren personas ejecutadas, ya sea tiradas en la vía pública o enterradas.

 

Los Marinos, la Fiscalía o la maña se los llevaron

Lázaro Sánchez Radilla, hermano de Eligio y papá de Edgardo, narra que el 13 de marzo ambos fueron a comer unas tostadas, acompañadas de unas cervezas, por la avenida 8 de julio, una vez que concluyeron se fueron en la camioneta de su hijo a la casa de César.

Cuando estaban afuera del domicilio de César llegó un auto Versa rojo, que se colocó delante de la camioneta de Edgardo, mientras que otro vehículo se puso detrás, refiere Lázaro quien se enteró de los hechos por testigos.

“Entonces que agarran y que se identifican como fiscales, agarran a César y a mi hijo y los avientan adentro del carro gris, el (auto) que los bloqueó atrás, ahí eran cuatro elementos. Ellos, como andaban con aliento alcohólico, se les hizo normal (que los detuvieran por cometer una infracción vial). Los otros tres (elementos), en el carro Versa rojo, agarran y bajan a mi hermano de la camioneta de mi hijo, y lo suben al carro Versa a él solo”, explica Lázaro.

Prosigue: “El (auto) gris agarra rumbo para 8 de julio, por la avenida  Cuyucuata, así me dijeron y que el Versa rojo donde llevaban a mi hermano agarra hacia el cerro, o sea se dispersaron. Que traían colguijes, como placas, y al parecer habían dicho que andaba un operativo de La Marina, pero disfrazados, en carros civiles y vestidos de civil”.

Lázaro sospecha que fueron elementos de la Fiscalía quienes se llevaron a sus familiares. “Porque a los dos días de la desaparición (15 de marzo) llegaron elementos de la Fiscalía a casa de mi hermana (…) que se acababa de cambiar, y no sabíamos dónde vivía, el único que sabía era mi hermano (Eligio) que es soldador y mi hijo que es mecánico. Allá iban con mi hermana y les echaba lonche”.

El afectado señaló que los presuntos elementos de la Fiscalía sacaron de la casa de su hermana cuatro pantallas, un XBox, otros aparatos electrónicos, así como dos vehículos, mercancía que vendían en el tianguis, y hasta la medicina para el cáncer de otro de sus hermanos.

En el ingreso de la finca dejaron una calcomanía en que se lee “Clausurado”, de fondo aparecen logotipos del escudo de armas del estado, junto con las palabras Fiscalía General del Estado.

“Yo ahí es donde me doy cuenta, que en realidad tiene el gobierno a hijo y a mi hermano, está más que claro. Cuando fuimos a poner la demanda nos dijeron que no están (en la Fiscalía), que no los tienen”, declara con enojo.

El día 15 de marzo, los afectados presentaron la denuncia por desaparición de los tres hombres, la cual quedó dentro de la carpeta de investigación D-I/29284/2019. En la querella señalaron que elementos de La Marina se habían llevado a Eligio, Edgardo y César. Aunque la Fiscalía aseveró que investigaría, les recomendó acudir al Servicio Médico Forense (Semefo).

“Nos tomaron muestras de ADN, y que ahí los iban a buscar”, recuerda Gloria Radilla.

Eligio Sánchez estuvo encarcelado durante 9 años, de los 20 a los que fue condenado. Fue liberado por buena conducta, pero debe acudir a firmar cada semana a Puente Grande. Afirma Lázaro que su hermano no tenía problemas con nadie.

Lázaro también estuvo preso, al igual que Eligio salió antes de cumplir con su condena por buena conducta, pero debe acudir a firmar cada mes al Juzgado de Puente Grande y a la Secretaría de Seguridad el mismo día. Teme que en ese trayecto lo “levanten”. Considera que él y su familia “son perseguidos por el gobierno”, desde que abrieron los expedientes de la “guerra sucia”.

La fiscal Especializada en Personas Desaparecidas, Blanca Trujillo Cuevas, declaró el 25 de marzo que a las familias de Eligio, Edgardo y César se les brindaría protección. Ésta consiste en que dos elementos de la policía del estado se presenten una vez al día, en el domicilio de los afectados, hacen una serie de preguntas, piden al que las responda que firme un documento y se retiran, como constató la reportera.

Cuando Lázaro quien, desde la desaparición de sus familiares, perdió el sueño y el apetito, platicó su historia a unos de los comandantes que le brinda protección, este le comentó que existen maleantes que “’portan placas y uniformes como nosotros, y traen carros particulares como nosotros, pero son clonados’. Le dije si ustedes saben que son malandrínes, que se presentan como fiscales, que se presentan como Marinos, andan vestidos de soldados, ¿por qué no los paran? Y dijo que ‘no los podemos parar porque traen mejor armamento que nosotros’”.

 

Otros desaparecidos

Lázaro comentó que vecinos de la colonia del Cerro del 4, le informaron que en la misma semana en que se llevaron a sus familiares, desaparecieron a dos hijos del pizzero, y al dueño de un bar de la zona.

Además, se percataron que a cuatro cuadras del domicilio en que Lázaro habita en este momento, la noche del miércoles 27 de marzo, llegó una camioneta Grand Cherokee, placas JU75967, y un auto.

De los vehículos salieron unos hombres vestidos de azul, y tumbaron la puerta de una casa donde viven unos taxistas, que para su fortuna, no se encontraban. Lázaro apunta que a esa misma hora andaban los militares y elementos municipales de Tlaquepaque, en su recorrido de vigilancia “pero no vieron nada”.

Según los vecinos de Lázaro, la camioneta Cherokee se descompuso, y se retiraron los hombres de azul en el auto. “Yo pienso que, si no son Marinos, gobierno, o son clonados, ¿por qué si el gobierno anda aquí, no hace nada? ¿Están revueltos? ¿Ellos saben realmente dónde está mi hermano y mi hijo? (…) No me interesa lo que hagan o si protegen a alguien, a mí me interesa encontrar a mis familiares (…) Si vivos se los llevaron, yo vivos los quiero”.

Lázaro además de dedicarse a soldar, vende frutas y verduras en un tianguis del Cerro del 4 cada viernes, a dos cuadras de la avenida 8 de julio. Sin embargo, el 22 de marzo, le pidió a su gran amigo, José Luis Hernández, que si podía ir a ofertar la mercancía.

“Me mataron a mi trabajador, el viernes pasado. Igual llegaron y lo hincaron, y le dijeron que eran fiscales, y se llevaron y lo mataron. En Tlajomulco lo tiraron. Se lo llevaron el viernes como a las 11 o 12 del día, y yo mandé a su esposa y su hijo a la Fiscalía, lo anduvieron busque y busque. Les dijeron que no estaba detenido. Fueron al Semefo, tampoco apareció, pero resulta que cuando se habían regresado, les hablaron para decirles que ya había llegado (el cuerpo), que le habían cortado las manos y los pies y que se murió desangrado”, recordó Lázaro con la voz entre cortada y lágrimas.

Lázaro en este momento no labora, prefiere estar al pendiente de su mamá quien habita, al igual que el resto de su familia, en el Cerro del 4, sitio en que la mayoría de sus calles son de tierra, el agua potable escasea, no ingresa el transporte público, y se percibe el temor entre sus colonos.

 

El antecedente familiar

Cuando Gloria Radilla relata cómo desapareció su esposo, sus ojos  comienzan a llenarse de lágrimas, a pesar de que transcurrieron 45 años, su dolor se percibe como si fuera reciente.

“Traían una rodada de personas, y él estaba dándole de comer a los animales (…) cuando a mí avisaron, Los Guachos (militares) ya se habían recogido a mi tío León Radilla, y al Prieto”, narra la señora.

Refiere que a los tres días de que los militares se llevaron a su esposo, su tío Pano Radilla, padre de León, fue a Boca de Arroyo, con el papá de Gloria, para darle la mala noticia.

“Mi papá me abrazaba y me decía, hija, quiero que seas bien valiente, porque tu tío Pano  te va a decir algo (…) pero no decía nada, y hasta que se animó mi papá y me dijo, a la vez que abrazaba a mis hijos Lázaro y Samuel, y llorando me dijo que el gobierno subió y se bajaron al Prieto, papá de mis tres hijos”.

Considera que los militares se llevaron a la mayoría de los pobladores de Los Cajones porque daban de comer y de beber a los guerrilleros de Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. “No les importó si eran ganaderos, si eran trabajadores, o peones, músicos, agarraron parejo”, apunta.

Uno de sus tíos, cuidaba el rancho de un general de la zona militar, por lo que consideraron que podían acceder más fácilmente al mando. Sin embargo, no pudieron ingresar al cuartel.

Recuerda que “León se escapó en la noche, y al Prieto ya se la habían llevado a las 5 de la mañana. Los dos estaban en una banquita, atados y ‘maniaos’ (sic), y dijo León que oyó que dijeron Baltazar Navarrete, él respondió presente, se levantó y ya no lo volvió a ver”.

En la búsqueda de su esposo, Gloria Radilla contactó a un sargento de apellido Loza quien le recomendó buscarlo en campo militar Marte número 1, en la Ciudad de México. “En ninguna parte dieron razón”, lamenta.

Para poder alimentar a los tres hijos que tuvo con El Prieto (Samuel, Lázaro y Gumercindo), se dedicó a vender alimentos a los militares del 47 batallón. Ahí conoció a su esposo, un militar con quien se casó en 1977, y se vinieron a Guadalajara.  El Prieto nunca apareció.

 

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Acerca del autor

Gloria Reza

Reportera desde hace 21 años. Inició en Megaradio, directora de noticias de Radio Fórmula Jalisco, coordinadora de información de Proceso Jalisco, actual corresponsal de la revista Proceso

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