Dios y el diablo.
Alfonszo Rubio Delgado
Dentro de la literatura judía, hay figuras literarias que han sido creadas para causar miedo. Y sí, miedo y no respeto, es lo que en todo caso tienen que causar los personajes. Esto de tal modo que todo individuo practicante de ciertos ritos debe estar convencido de sus “pecados”. Ellos le llevarán de forma inequívoca al infierno. En este existe la lumbre. Todo ahí es eterno, hay que salvarse de los pecados y de fuego eterno.
Por su parte, los practicantes del rito religioso, que los conducirá al cielo, viven en constante oración. Pero no solo eso. También piden al “creador” (dios) todo aquello que permite sobrevivir. Aquí es cuando se entra en conflicto. Todo lo recibido por los seres humanos, procede, según aquellos, de la divina providencia; es decir, que la figura divina, a la que se encomiendan, les hace llegar de alguna manera lo que a diario reciben.
En el planeta, las figuras divinas son diversas. No existe una sola que represente a las mayorías. Los grupos religiosos, al multiplicarse, pretenden imponer su religión a las mayorías.
Ahora bien, dentro del cristianismo existen ciertos grupos denominados satánicos. Éstos, por su denominación, tienen como figura divina al denominado demonio. Dada su situación, cuya presencia origina rechazo, se camuflagean. Aparecen la mayor parte del tiempo, como miembros de iglesias cristianas. Pero de noche y, en domicilios particulares propios de la membresía, realizan sus rituales. En ellos, al parecer, le solicitan a su deidad, todo lo que un cristiano le solicita a la propia.
Aunque existen dentro de esas organizaciones prácticas degradantes, a éstas, por su naturaleza ajena a lo habitual, se les considera perversas: como el sexo en grupos, las llamadas, orgías. Quienes las practican, las justifican y las aprueban. Quizás el estilo controversial sea lo que cause inquietud por su consecuencia. Esto es que, para ser aceptado como práctica normal en la sociedad, debe de cuidar los valores y la dinámica familiar, cosa que la práctica mencionada, no realiza.
Al contrario, ataca a la familia, los valores y los cimientos sociales. Por algo, quienes procuran dichas prácticas lo hacen al margen del conocimiento de la generalidad, escondidos en espacios clandestinos. La razón, por la que arriba se sostiene la perversidad de esas prácticas, es que algunos de esos grupos sacrifican seres humanos. Ello con el objeto de agradar a su deidad oscura.
Lo que llama la atención de todo esto es que los miembros de estos grupos, en su pobreza física, o si se quiere económica, no evolucionan. Es decir, que cuando alguien que, sin una forma de trabajo honesto ni educación financiera, solicita a una deidad que le haga llegar recursos económicos, no va a existir un acto de magia. No va a aparecer de la nada un recurso económico y depositarse en las manos de aquel que lo pide.
No hay un santo, por milagroso que sea, que regale dinero de esa forma. Tampoco ningún demonio que lo haga. Así se pase toda una vida rezando al dios, al diablo o a cualquier figura divina, el enriquecimiento no va a llegar. No por esa vía.
Por tanto, si en el mundo el ser humano ha sido soltado, es para que actúe, para que, a través de la dinámica social, logre objetivos. Todo lo humanamente posible, se puede adquirir. Lo único que nuestra naturaleza exige, es actividad física y mental, preparación, capacitación, reglas, valores y conciencias bien desarrolladas.
¿Qué hay que reconocer existencias divinas y demás? Es probable. Aunque también se puede considerar a la divinidad concebida por Benito de Spinoza y continuar con el desarrollo humano, considerando al ser humano con toda su riqueza física, mental y espiritual, cuyos desarrollos lo llevarán a la cúspide de su existencia.
¡Saludos amig@s!
