EGLOGA VI
Gabriel Michel Padilla
SILENO
La Égloga VI de Virgilio es de las más raras y bonitas. El poeta dice que va a cantar guerras y a Varo (su protector) pero Apolo le tira las orejas y le advierte: “pastor, tus ovejas deben estar gordas, pero tus versos finos”
La escena: dos jóvenes, Cromis y Mnasylus, encuentran a Sileno borracho y dormido en su cueva hinchado de vino del día anterior. Es el viejo maestro de Baco, sátiro sabio:
Piérides, proseguid. Mnasilo y Cromis
a Sileno saltearon en un antro,
Sumido en hondo sueño y como siempre
Todo hinchado de vino de la víspera.
De su cabeza desprendidas, lejos
yacían por el suelo las guirnaldas y,
pendiente del asa medio rota,
él su jarra empuñada. Le acometen,
con sus propios festones le aprisionan
-habíalos burlado tantas veces
con promesas de cantar dicho anciano-;
y a los tímidos mozos agregándose
Egle por compañera, Egle preciosa,
entre todas las Náyades, al viejo
despierto ya, las sienes y la frente
con sanguinosas moras pintorrea.
Él, la burla festeja: “¿A qué estos lazos?
-dice- soltadme niños y que os baste
Haberme visto así. ¿Queréis canciones?
Oídlas ya: para vosotros coplas,
para ésa otro cantar…..”
Pero el pastor Sileno no canta tema de pastores: Canta al origen del universo como un Lucrecio en verso:
Empieza al punto
y era de ver la danza de los Faunos
y fieras a compás, y las encinas
remeciendo sus copas en cadencia.
Ni con Febo el Parnaso así se encanta
ni con Orfeo el Ródope y el Ísmaro.
Cantaban por qué modo en los profundos
ámbitos del vacío se juntaron
los gérmenes del aire y de las tierras,
del fuego puro, y cómo todo
firme tomó la redondez del mundo;
por qué proceso endureciose el suelo;
y por grados vistiendo formas múltiples;
cómo admiró la tierra los relumbros
de un sol nuevo y las lluvias que caían
de nubes ya flotantes en la altura;
cómo brotaron los primeros bosques
donde, escasas aún fieras vagaban
por montes extrañados a su vista.
Recuerda luego en su cantar las piedras
que lanzó Pirra, el reino de Saturno,
Los rapaces del Cáucaso y el robo
del titán Prometeo; el joven Hilas,
Por quien perdido en una fuente gime
El clamor de sus nautas y las playas
Eco sin fin repiten ¡Hilas, Hilas!
Luego empieza la historia del mundo: Pirra y Deucalión y el diluvio, Saturno, Prometeo robando el fuego. Luego pasa a los grandes mitos de la transformación y dolor: Hilas perdido por las ninfas, Pasífae enamorada del toro blanco, las hermanas de Faetón convertidas en álamos. Escila, Filomena, Tereo, Luego termina con Galo, el poeta amigo de Virgilio, a quien las musas llevan al monte y le regalan las flautas de Hesíodo.
Es decir, Sileno, borracho y burlón canta desde la creación del cosmos hasta la poesía actual. Es el canto del universo entero metido en una cueva.
Vale la pena, si no entender al menos sentir la cadencia de los primeros hexámetros.
Prima syracosio dignata es Ludere versu
Nostra neque erubuit silvas habitare Thalia.
Allanose al principio nuestra Musa,
a juegos del pastor siracusano,
sin desdeñarse de habitar los bosques.
Espero apreciado lector, comiences a degustar y a complacerte en los versos del poeta de Mantua.
