El Rincón de Clío

Criterios

 

En tiempos de la campaña electoral, Andrés Manuel López Obrador escuchó e hizo suyo un reclamo ciudadano profundo y sentido: “queremos al Ejército de vuelta en los cuarteles”. Desde que Felipe Calderón inició la militarización de la lucha contra el narcotráfico, la insistencia de AMLO y sus huestes fue que los militares no se hicieran cargo de las labores de seguridad porque no solo no estaban dando resultados, sino que se había incrementado la violencia. Al paso del tiempo, todo ello se tornó una bandera electoral que los ciudadanos abrazamos hasta materializarla en las urnas el pasado 1 de julio. Una vez con el triunfo en la bolsa, las prioridades para Andrés Manuel cambiaron.

De manera sorprendente, el tabasqueño ha comenzado su presidencia apostándole a las fuerzas armadas. Los quiere cerca de él; las inmiscuye en casi todas las actividades prioritarias de su gobierno; les concede mayores recursos; las involucra en actividades que nada tiene que ver con la naturaleza del cuerpo armado. Confía en que el sendero que debe caminar será más seguro en tanto se haga acompañar de las bayonetas. De todo ello, no tengo la menor duda.

Desde el 1 de diciembre comenzó a prefigurar la militarización de buena parte del ejercicio de gobierno: en principio, no regresó a los soldados a los cuarteles, por el contrario, son su principal apuesta para conformar la Guardia Nacional con un esquema y mando único militar, no de civiles, incluso ha hecho el llamado a jóvenes que quieran enrolarse en las filas de la milicia para darle cuerpo a ese grupo militar.

La presencia militar no acaba ahí, pues AMLO ha decidido militarizar una parte de la obra púbica, el desarrollo urbano e inmobiliario, la lucha contra la corrupción, el combate al huachicol y la administración del aeropuerto civil de Santa Lucía, por la cual, la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) recibiría todos los beneficios económicos derivados de la nueva terminal aérea con la finalidad de fortalecer sus finanzas, sin importar que sea la SEDENA una de las secretarias que mayores recursos recibe.

Desde el 4 de marzo de 1929 cuando Plutarco Elías Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario, la idea que cruzó por el jefe del Ejecutivo y que se ha mantenido a lo largo de los últimos noventa años (aún bajo las presidencias panistas y ahora la morenista), fue la de reforzar la posición del presidente de la República y garantizar a los altos mandos militares sus posiciones dentro de la burocracia, siempre y cuando acataran las reglas del presidencialismo mexicano.

Al paso del tiempo, la disciplina castrense fue apoyando a pie juntillas el ejercicio de los gobiernos civiles de la República, sin que el Ejército y la Marina pudiesen evitar verse involucrados en varios eventos violentos que les han generado un importante desprestigio frente a la sociedad. A consecuencia de ello, fue creciendo la factura a favor de las fuerzas armadas de México por las innumerables ocasiones en que han salido al quite para “solucionar” las pifias de los gobiernos civiles. Estoy cierto que estamos viviendo un momento en el cual los hombres y las mujeres portadores del verde olivo comienzan a exigir un mayor pago por sus “servicios prestados a la Patria”, y la presidencia de López Obrador está dispuesta a otorgárselos.

Solo espero que las exigencias de los militares no se incrementen al punto que se necesario pagarles con la silla presidencial de Palacio Nacional. Al tiempo.

 

@contodoytriques

 

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