Josefina Real
18 de octubre de 2026.— El eco de la represión del 11 de octubre aún resonaba en la memoria colectiva, pero el miedo, esta vez, prefirió quedarse en casa.
Siete días después de la represión en las inmediaciones de Casa Jalisco, la respuesta de la sociedad no fue el repliegue, sino la reapropiación del espacio público. Diversos colectivos, estudiantes, profesores de distintas instituciones educativas y familias completas volvieron a ocupar la calle. Sin titubeos.
Este domingo, a las 11:00 de la mañana, el punto de encuentro era el Parque Revolución (Parque Rojo), epicentro histórico de la protesta tapatía. A esa hora, la avenida Juárez compartía su dinámica dominical entre la cotidianidad de la Vía RecreActiva y la concentración de un contingente que se inflaba de dignidad a cada minuto.

Si la exigencia original del 11 de octubre se centraba en el acceso a agua limpia, hoy las banderas se ampliaron: agua limpia, rechazo total a la privatización del sistema hídrico y el inicio formal del acopio de firmas para impulsar el proceso de revocación de mandato del gobernador de Jalisco, Pablo Lemus Navarro.
El ambiente, cargado de expectativa, se tensó antes de arrancar, cuando se escucharon los primeros cohetones o petardos.
Antes de que los primeros pasos dieran forma al recorrido, las alertas se encendieron entre los propios organizadores. Ojos entrenados por la experiencia detectaron lo anómalo: un grupo de personas encapuchadas, armadas con palos y barras metálicas, intentaba mimetizarse entre la multitud.
No pertenecían a las aulas ni a las causas; eran la chispa previa al incendio. En una maniobra rápida y coordinada, el contingente encaró a los infiltrados y logró expulsarlos antes de que detonaran la violencia en el núcleo de la marcha.
Sin embargo, en los alrededores, estos grupos de provocadores alcanzaron a destrozar los vidrios de algunos negocios, entre ellos, restaurantes y hoteles.
Atenta a cada movimiento, una comitiva de alrededor de 20 personas de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco (CEDHJ) permaneció en el sitio como observadora. Fernando Zambrano Paredes, director del área de Evaluación y Seguimiento de la CEDHJ, reconoció abiertamente la presencia de los incitadores.
En entrevista con Partidero, dijo: “Hay grupos de choque con barrenos y, evidentemente, la situación de ellos es que una marcha pacífica, una marcha ciudadana, [buscan] convertirla en una situación fuera de control”.
Con la primera amenaza interna desactivada, la marcha intentó arrancar. No avanzó mucho. Apenas cruzó la avenida del Federalismo cuando la marea humana se frenó de golpe.
A través de la red de brigadistas y monitores de derechos humanos llegó el reporte: más adelante, en la ruta prevista hacia Casa Jalisco, aguardaban más «reventadores» y grupos de choque. La trampa estaba tendida.
Ante el riesgo, la propia representación de la CEDHJ coincidió con el diagnóstico de repliegue: “Creemos que hasta ahorita lo mejor que puede pasar es que se quede aquí la marcha, que no continúe, puesto que no hay condiciones para que pueda inhibir a esas personas que son infiltrados y que vienen con otro tipo de consigna”.
Ahí, en el asfalto, el contingente tomó una decisión que marcó la jornada: la prudencia como acto de resistencia. Durante más de dos horas, la marcha se convirtió en una asamblea estática.
Miles de personas resistieron la incertidumbre y la provocación invisible, enlazando brazos y manteniendo una disciplina férrea. La consigna era clara: proteger la integridad de los estudiantes y las familias, y no regalar la narrativa de la violencia a quienes buscaban deslegitimar el reclamo.
Fue solo cuando los brigadistas confirmaron que la ruta ofrecía garantías mínimas de seguridad que la marcha rompió el silencio acumulado. Las mantas se alzaron de nuevo, las voces cobraron fuerza y los pasos volvieron a sonar al unísono para continuar el recorrido y llegar a Palacio de Gobierno.
A diferencia de otras manifestaciones, hoy no hubo ni un agente de Movilidad que les cuidara y les abriera paso, ni tampoco un policía estatal o municipal, al menos no uniformado. Durante unas tres horas, se activaron inhibidores para impedir que las imágenes salieran de los celulares hacia su destino.
Guadalajara demostró hoy que la memoria es más fuerte que la represión y que la prudencia, cuando se marcha en colectivo, también es una forma de valentía.