Por: Eduardo Esquivel Torres
Jueves 11 de junio de 2026.-Mientras los reflectores internacionales apuntan a Guadalajara por el arranque de la Copa Mundial de la FIFA 2026, las calles del Centro Histórico, este mediodía, colectivos de madres y familiares de personas desaparecidas tomaron el corazón de la ciudad en una manifestación contundente: en el estado con más desapariciones del país, no hay nada que celebrar.
La movilización, que recorrió zonas turísticas y las inmediaciones del FIFA Fan Festival, utilizó la misma iconografía del evento deportivo para sacudir las conciencias de los asistentes. Con una creatividad nacida de la desesperación, las familias distribuyeron y pegaron en el mobiliario urbano estampas diseñadas al estilo del clásico álbum de fútbol.
Sin embargo, en lugar de astros del balompié, los cromos exhibían los rostros, nombres y fechas de captura de sus seres queridos. Mantas, lonas y consignas sepultaron por unas horas la publicidad oficialista.
Las demandas no son nuevas, pero hoy resonaron con enojo ante el derroche de recursos públicos invertidos en el torneo, frente a la flagrante escasez de presupuesto para la Comisión de Búsqueda y el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses.
A la par de las acciones en la capital jalisciense, una comitiva del colectivo local Luz de Esperanza se trasladó a la Ciudad de México para protestar en las inmediaciones del Estadio Azteca, un movimiento que incluso fue monitoreado desde temprano por la Secretaría de Gobernación federal, evidenciando el temor del Estado a que la verdad empañe su vitrina internacional.
La postura de las familias es crítica pero clara: no están en contra del deporte, están en contra de la simulación y la apatía gubernamental.
Entre el bullicio de las porras y los cantos futboleros, en el centro tapatío se impuso un grito unánime y demoledor: “¡México, campeón en desaparición!” y “Mientras adentro celebran, afuera lloramos”.
Por otro lado, el catedrático y exrector de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Víctor González Romero, advirtió que si bien durante este 2026 se ha registrado una disminución porcentual en el delito de homicidio doloso, este indicador no refleja una mejora real en las condiciones de paz del estado, sino un desplazamiento de la violencia hacia la desaparición forzada.
De acuerdo con el especialista, el descenso en las cifras de asesinatos contrasta de forma alarmante con el comportamiento de otros dos indicadores críticos: el incremento en el número de personas desaparecidas que siguen sin ser localizadas y el acumulado de personas fallecidas sin identificar que ingresan a los servicios forenses.
El análisis académico coincide con las denuncias históricas de los colectivos civiles, quienes señalan que la reducción en las carpetas de investigación por homicidio se debe a que los grupos delictivos optan por ocultar los cuerpos, convirtiendo los asesinatos en desapariciones para evitar que impacten las métricas oficiales de seguridad.




