Difícilmente, electores más o menos informados o independientes —no controlados por algún programa de Bienestar— confiarán en que se respete su voto en las elecciones intermedias del próximo año. ¿La razón? Que la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, aparte de actuar como militante de Morena, hace de la institución lo que le viene en gana: lo mismo despide personal preparado y con experiencia en comicios anteriores que hace oscuros contratos multimillonarios con amigos y con empleados de su absoluta confianza que, a la vez, tiene como proveedores; entre ellos, José A. Casillas, investigado por la UIF por presuntos fraudes y actividades factureras. ¿A qué se atiene Taddei? ¿A su amistad con AMLO y con Sheinbaum? Además, algo poco agradable parece cocinarse para 2027.
