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Entre homicidios y desplazados

Entre homicidios y desplazados

El domingo 9 de mayo se registraron al menos 13 muertes violentas en Jalisco, entre ellas, la de tres hermanos que fueron secuestrados la noche del viernes por un comando que asaltó su humilde vivienda en el barrio de San Andrés, en Guadalajara; no muy lejos de ahí, un hombre fue tiroteado en la colonia Juárez y el multihomicidio de cinco jóvenes, en un botanero de Jocotepec; un doble asesinato en un billar en Ojuelos; el doceavo, un sujeto muerto a golpes en Zapotlanejo; el número trece fue el  hallazgo de un encobijado en el tiradero o “sendero de la muerte” en Lagos de Moreno y, en Tlajomulco, un presunto femenicidio.

Tan graves y condenables unos hechos como otros.

No obstante, multihomicidios como el de Jocotepec al borde de la carretera antigua a Morelia, en donde al menos dos de las víctimas eran menores de edad, dan escalofrío y enlutan a todo un pueblo, y tanto más provocan hasta terror cuando nadie sabe nada de las posibles causas y, en ocasiones, hasta se juzga ligeramente y se les ubica como si representaran la venganza de algún grupo criminal cuando a la mejor fueron víctimas inocentes de alguno o algunos dementes.

Mientras tanto, no falta quién siembre la duda y revictimice a ellos, los masacrados, como a sus deudos; a la mejor sin deberla ni temerla.

Sin embargo, la conmoción mayor ahora parece centrarse en el caso de los hermanos González Moreno: Ana Karen, de 24 años; José Alberto de 29 y Luis Ángel de 32 y, hasta donde se sabe, de buen comportamiento y dedicados, cada cual, a sus deberes y aficiones como la música. José Alberto todavía era estudiante de la carrera de Geografía en la Universidad de Guadalajara y fue ésta, junto con la federación estudiantil las que dieron la voz de alerta, y la protesta, por su desaparición.

La tarde del mismo domingo se empezó a difundir tan lamentable desenlace. Increíble lo ocurrido a los tres hermanos. La inconcebible sorpresa en víspera del día de las madres. Los plagiarios se los llevaron en una camioneta familiar roja, dijeron testigos. Sus cuerpos aparecieron en el kilómetro 27 de la carretera Zapopan-San Cristóbal de la Barranca sin que hasta ahora haya una posible causa. ¿Se los llevarían por ser jóvenes y tal vez por negarse a algo indebido?

No debe descartarse también que, sin saberlo, alguno de ellos, dos o hasta los tres, hayan servido a algo o alguien sin darse verdadera cuenta de a quién atendían. No hay todavía claridad en algo.

El lunes, el fiscal general de Jalisco, Gerardo Octavio Solís Gómez, habló de una probable confusión: “Sabemos que estos grupos del crimen organizado (al menos uno de los varios sujetos que con chalecos blindados, uniformes de campaña y pasamontañas, traía las iniciales CJNG) tienen que actuar de manera rápida y siempre existe la posibilidad de que hubieran cometido algún error”.

 De acuerdo con el fiscal, la otra línea de investigación es que los González Moreno fungían como escoltas de un hombre que tuvo qué ver con una balacera en contra de elementos de la Fiscalía General de la República (FGR) en Tlaquepaque media hora antes y de quien, además, son vecinos de su domicilio particular.

Como quiera que sea, en la zona metropolitana, y más allá todavía, se vive, como dicen, con el Jesús en la boca, porque nadie se siente seguro de lo que en cualquier momento pueda ocurrir y gente inocente se encuentre en medio de tiroteos y refriegas por el simple hecho de que a ratos parece que no hay autoridad ni municipal, ni estatal ni federal que ponga un alto a tanta inseguridad.

Y precisamente en este contexto se ha dado el caso insólito de que solo en un municipio, Teocaltiche, cerca de los límites con Zacatecas y Aguascalientes, se esté dando ahora mismo el desplazamiento de al menos 600 personas, entre ellas cerca de 200 niños que por la violencia provocada en la zona por el crimen organizado, han tenido que dejar sus hogares en las poblaciones de Rancho Mayor, El Saucito, El Salto, Agua Tinta. El Rosario, El Rosario y Los Sauces.

El mismo trágico viernes 7, dos cárteles de la droga –CJNG y de Sinaloa— se habrían enfrentado a balazos con saldo de un muerto, en donde se aseguraron luego vehículos blindados hechizos y armas de alto poder.

Los desplazados se ubicaron inicialmente en el templo del Divino Salvador en Michoacanejo y otros más fueron acogidos en el templo de Nuestra Señora de Los Dolores en Teocaltiche- Tanto en una parte como en la otra, los párrocos y voluntarios se han encargado de repartir cientos de despensas a familias completas que emigraron de sus hogares.

Todo lo anterior es apenas una muestra de lo que está sucediendo en Jalisco, pero hasta ahora no hay un plan oficial tanto para contener las confrontaciones entre grupos rivales como para dar ayuda a los desplazados que requieren ayuda con urgencia.

Ciertamente nadie tiene la solución ni el diagnóstico completo de lo que ocurre, pero, hasta donde se puede observar, existe, ante todo, una descoordinación entre los distintos niveles de gobierno para contener las disputas de plazas que, hoy por hoy parecen estar a disposición de los mejor armados y con mayor número de huestes clandestinas.

Hay también la percepción de que, en el fondo de todo está la negligencia de autoridades, la impunidad con que actúan los contendientes y un tanto el “dejar hacer y dejar pasar” y hasta un sobrentendido acuerdo de parte de quién o quiénes deben poner un alto a la inseguridad.

Hoy por hoy, todos estamos a la buena de Dios.

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Acerca del autor

Felipe Cobián Rosales

Ex jefe de Información de Notisistema y Noticentro. Excorresponsal de Excelsior, La Jornada y Proceso. Fundador de Semanario Diez y Proceso Jalisco.

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