Golpe premonitorio a Padilla

Juan M. Negrete

Es habitual en todo el mundo concederles a los titulares recién electos un período de gracia, un plazo razonable para el arrancón. Hay quienes hasta lo califican como su ‘luna de miel’. Cada titular gasta su época de novatadas toleradas en lo que le da la gana o en lo que mejor quiere y entiende. Así ocurrió con nuestro peje. Batió y sacudió a placer a los huachicoleros, a los partidos políticos, a los empresarios, a los indígenas, a detractores y seguidores. Dijo y tornó y todo mundo se vació en aplausos. Condenó y apostrofó y hasta nos adelantó pistas de cómo va a ordenar todo. Hasta a las calificadoras internacionales del dinero les fue, salido de su boca, como en feria. Es cuando se les aplaude todo y se les toleran hasta los chistes más malos.

Pero no venía una sola mención al dinero que ensucian nuestros hombres enquistados y echados en los nidos de las universidades, lo cual nos tenía extrañados a muchos, a los que tenemos puesta la mira en el funcionamiento de las instituciones de educación superior. Fue en la conferencia mañanera del día martes 12 de marzo, cuando por fin AMLO tocó el tema del financiamiento que se les otorga desde el gobierno a las universidades.

Hay una tendencia acrítica a echarle siempre porras a la gente de las universidades, como si ahí no corriera dolo. Este rasero debería aplicarse con más cuidado. Lo advertimos quienes hemos vivido al interior de esas grutas y, como decía Martí, conocemos las entrañas del monstruo. Por eso resultó al menos premonitorio que Obrador le haya dedicado algunos renglones de sus aspavientos mañaneros al este mal manejo del erario, en estos campos delicados. Más calor nos llegó a muchos críticos que haya utilizado, para pintar algunas de las deformidades, a nuestra insigne y benemérita UdeG.

Obrador señaló con índice de fuego una anormalidad palmaria. “Las universidades – dijo – pueden tener más presupuesto, pero [éste] se queda arriba. Hay también un sistema piramidal. No hay equidad. Los de arriba se dan la gran vida y abajo, los de asignatura ganan muy poco” ¡Cuán parecido el símil a cuando Etilio les tachó de ‘burguesía dorada’! Lástima que luego hasta metió reversa. Ojalá Obrador no vaya a salirnos con la misma charada.

También utilizó a nuestra universidad, sin dar su nombre, para ilustrar la desnaturalización que se hace de las instituciones educativas, al meterlas al regateo político. “Hay universidades con influencia política vinculadas a partidos. Las comisiones de educación en el congreso son manejadas por exrectores o integrantes de grupos que manejan universidades. Tienen mucha capacidad de gestión y obtienen muchos fondos. Y no los manejan bien”.

No señaló concretamente a Padilla y a su grupo, quienes han medrado de nuestra alma máter desde hace décadas. Pero ni falta que hizo. Al oirlo, entendimos con claridad a quiénes les estaba leyendo la cartilla. Por supuesto que es modelo que se ha ido reproduciendo, como se reproducen los vicios que genera toda impunidad. El hecho de que en Jalisco hayan tenido manga ancha nuestros próceres universitarios dio pie para que este modelo fuera imitado por los de Colima y los de Nayarit, por mencionar a los más cercanos.

El caso de la universidad del estado de Hidalgo es escandaloso, pero calca al dedillo la morbidez de lo que vinimos a ser progenitores. Eso de Hidalgo ya salió a la luz pública. También salió a la luz lo de la estafa maestra. Tendrán que darse los pasos legales pertinentes para corregir y castigar lo que sea probado como fraude y peculado. Hay otras instituciones a las que también se les ha señalado por anormalidades confusas, como a la de Zacatecas y a la de Guerrero. Bueno los escándalos universitarios no cesan. Pero la nuestra, la tapatía, es la que para el dedo en este renglón. Ninguna le alcanza, mucho menos rebasa, en cosa de ingenio para las malas artes.

Podemos abrigar esperanza de que estos renglones torcidos le sean enderezados. Dentro de las promesas vertidas por los voceros de la cuarta transformación se acaricia el anhelo de que el desperdicio y el atraco a tantos recursos públicos, derivados por el canal de la educación superior, sean frenados. No somos tantos los analistas que hemos estado dando cuenta de estos estropicios a lo largo de muchos años. Está claro que poco o ningún caso se nos ha hecho. Pero, como dice el refrán ranchero, no hay mal que dure cien años… ni buen buey que los aguante. De dársele hachazo legal a estos ladrones de recursos universitarios, los días de Padilla y sus bandidos de río frío estarán contados.

No que pensemos que les vayan a apagar el sol. Vaya, ni siquiera esperemos que se los lleven a sentar a la sombrita en Almoloya. Si les aplicaran en serio, con las medidas de la extinción de dominio, el criterio de recuperar los bienes mal habidos por la vía de los negocios ilícitos o por la de la corrupción, tendríamos el triste espectáculo de ver desfilar por las calles a nuestros magnates universitarios actuales en cueros o en paños menores por lo menos. Todos ellos eran sanguijuelas pobres, miserables, antes de iniciar sus carreras de bandidos académicos. No esperemos pues contemplar un espectáculo de tanta belleza. Queramos tan sólo ver que, al menos, ya no se sigan tirando por el caño nuestros dineros públicos y que sean administrados con decencia. Y esto, dígase lo que se diga, no es mucho pedir. ¿Lo harán?

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